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Las cuentas no dan

Adriana Reyes / Alexandra Blanco

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Vender dulces hechos en casa, optar por empleos diferentes al perfil profesional propio, no festejar los cumpleaños con toda la familia y asumir la jubilación como un período para “matar tigres” encabezan la lista de estrategias que los venezolanos han afinado en los últimos meses para sortear la inflación, que llegó a 20,1% en 2012 y ya acumula 12,5% en lo que va de año. Ahorrar en diversión y endeudarse es lo común

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El precio de la canasta básica familiar es de 10.441,02 bolívares. Si una familia de 5 miembros es mantenida por un padre y una madre que ganan un sueldo mínimo de 2.457,02 bolívares cada uno (4.095,04 bolívares en total), sencillamente no comen. Según cálculos del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros, esa familia sólo puede costear 39,2% de los bienes y servicios prioritarios que requieren para subsistir. El 60,8% restante se convierte en el abismo que se interpone entre el anhelo de vivir dignamente y la capacidad real de las familias de llegar a fin de mes.

El economista Asdrúbal Rivas, analista del Instituto de Finanzas y Empresas, asegura que en los últimos 5 años el venezolano ha perdido 72% de su poder adquisitivo. Señala que el incremento en el índice nacional de precios al consumidor de 259% entre enero de 2008 y abril de 2013 ha mermado la capacidad de compra de los ciudadanos porque los sueldos no han aumentado en la misma proporción.

“Venezuela dejó de ser un país rico en 1983. Hoy nuestra economía depende de las divisas porque importa casi todo lo que se consume en el mercado doméstico. La riqueza no implica sólo tener recursos naturales; es necesario producir bienes y servicios para cubrir la demanda interna y generar ingresos a partir de las exportaciones”, indica.

La psicóloga clínica María Elena Torrealba afirma que la ansiedad generada por el desabastecimiento de productos básicos se ha vuelto tema ineludible en las consultas con sus pacientes. “La ansiedad que ocasiona la escasez vuelve a la gente dispersa, irritable e intolerante frente a las dificultades menores; en general, somo menos asertivos”.

La especialista en terapias de pareja y familia advierte que el temor a no encontrar papel sanitario o leche en mucho tiempo empuja a los consumidores a ver a sus congéneres como competidores con los que tiene que luchar para aprovisionarse, circunstancia propicia para que las peleas en las colas de los supermercados se conviertan en estallidos violentos que involucren a muchas personas.

Frente a una inflación interanual de 27% en el último quinquenio y la entrega intermitente de divisas por parte del Gobierno, Rivas recomienda a los consumidores hacer una “revisión profunda” de sus gastos para modificar los hábitos de consumo. “Es fundamental que los egresos sean menores a los ingresos, ser más precavidos al momento de hacer compras al mayor, y comparar precios de servicios y seguros para aumentar nuestra capacidad de ahorro”. Torrealba, por su parte, considera que la solidaridad entre los miembros de la familia es vital para buscar los bienes de consumo indispensables, pero también sugiere no dejarse llevar por temores y rumores para que los consumidores adquieran lo que realmente necesitan, sin malgastar dinero y esfuerzo en almacenar productos en exceso.