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El corazón de las lenguas indígenas

El padre Jesús Olza, profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y coautor de la Gramática de la lengua guajira / Francesca Commissari

El padre Jesús Olza, profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y coautor de la Gramática de la lengua guajira / Francesca Commissari

Como otros jesuitas que lo antecedieron, Jesús Olza ha trazado su camino pastoral vinculado con el mundo indígena, en su caso particular, con el estudio de los idiomas

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“No sólo uno le da a los indígenas, los indígenas también le dan a uno”, cuenta el padre Jesús Olza, profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y coautor de la Gramática de la lengua guajira, que fue publicado por la UCAB en su tercera edición y es el texto más completo para conocer la complejidad del idioma del pueblo wayúu.

Como otros jesuitas que lo antecedieron, Olza ha trazado su camino pastoral vinculado con el mundo indígena, en su caso particular, con el estudio de los idiomas. “Las primeras gramáticas de muchas lenguas han sido hechas por jesuitas”, señala. Antes de hablar de sí mismo, nombra las misiones del padre Gumilla que exploró la cuenca del Orinoco a comienzos del siglo XVIII y el padre Gilij, que halló las familias lingüísticas de muchas de las lenguas de esta región. “Prácticamente todo lo que sabemos de los tamanacos se lo debemos al padre Gilij”, expresa.

Olza ha trabajado durante 40 años con la lengua guajira junto al que ha sido coautor de su trabajo de investigación: Miguel Angel Jusayú, un indígena que minuciosamente lo ayudó a desentrañar la complejidad del idioma. “Jusayú era vendedor de loterías, ciego, inteligentísimo, era la persona que más sabía del guajiro. Nos pusimos a trabajar juntos, aunque él no sabía gramática ni yo guajiro, pero juntos hicimos el libro. Mi trabajo consistió en ayudarlo”, dice.

Siempre ha trabajado en equipo, siempre además con un habitante que ha sido su guía. Así fue cuando editó la Gramática de la lengua moja, que está casi en desaparición y que habla de una población aislada en Bolivia, lugar al que lo envió la congregación. Así fue también cuando hizo la Gramática del tunebo, un pueblo indígena de la frontera colombo-venezolana. Además, trabajó junto con el sacerdote capuchino Fray Cesáreo de Armellada en la segunda edición de la Gramática del pemón.

Olza nació en Pamplona hace 75 años. En 1956, al culminar el bachillerato en España, fue enviado a Venezuela a hacer el noviciado. Luego estudió Humanidades y Filosofía en Colombia y posteriormente Teología en España, donde también realizó un doctorado en Filosofía y Letras con una tesis sobre el pronombre. Vive con otra docena de sacerdotes en la comunidad de la Universidad Católica Andrés Bello, donde aún da clases.

Como religioso, ha convivido con numerosos pueblos indígenas, pero nunca ha sido su intención cambiar su modo de ver el mundo. “Les escucho sus cuentos y sus metáforas, son gentes que tienen unas culturas admirables”. El estudio del idioma ha sido su apostolado. Siempre con respeto a las creencias distintas. Sin intromisión.