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La contradicción ambiental

Gilberto Sojo desde el Hopistal Militar de Caracas | Foto cortesía

Gilberto Sojo desde el Hopistal Militar de Caracas | Foto cortesía

El 22 de abril Venezuela firmó el Acuerdo de París contra el Cambio Climático, dos meses después de anunciar el desarrollo del Arco Minero del Orinoco

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Las contradicciones entre el “afán minero” y la pretendida vocación ecológica del socialismo del siglo XXI son puestas en evidencia por el ex senador Alexander Luzardo, quien recuerda haber participado en actos de la campaña de Hugo Chávez, en 1998, en los que éste hizo el compromiso de defender la reserva forestal de Imataca, una de las zonas que potencialmente se vería afectada con el arco minero.

También resulta paradójico que, desde el pasado 22 de abril, Venezuela se constituyera en uno de los 175 países firmantes del Acuerdo de París contra el Cambio Climático, que entre otras cosas establece mayores medidas de protección para los bosques del planeta.

Para el diputado Julio César Reyes, presidente de la comisión de Ambiente de la Asamblea Nacional, el papel que juega el parlamento en la ratificación de esta convención internacional constituye una oportunidad para buscar eco internacional para las denuncias contra el arco minero: “El gobierno se ha valido para esto del decreto de emergencia económica que no aprobamos y que está vigente por un malabarismo del Tribunal Supremo de Justicia”. Ratifica que la asamblea podría anular la vigencia de las concesiones que se den bajo un marco irregular. “Muchas de las empresas mineras que quieren explotar la zona vienen de países que firmaron el acuerdo de París”.

María Oliveira, de la ONG Provita, señala que habría una oportunidad para, al menos, mitigar los daños, con la exigencia de altos estándares ambientales.  Lo que está en juego, en todo caso, es un territorio cuya protección puede que concierna principalmente a los venezolanos, pero que también debe preocupar al resto de la región y al planeta. La contaminación del Orinoco, por ejemplo, arrastra un importante caudal de materia orgánica al Caribe y al Atlántico.

La preservación de especies animales y vegetales de Guayana, muchas de las cuales ni siquiera se han identificado todavía, es otro compromiso pendiente. “Somos uno de los diez países más megadiversos del mundo, lo que es un privilegio pero también es una enorme responsabilidad”, apunta el investigador venezolano Lionel Hernández.

 

Secretos a voces

 

Sobre los recursos naturales de Guayana “hay montañas de investigaciones científicas publicadas”, dice el ex senador Alexander Luzardo al llamar la atención sobre lo que llama “fraude de información”: el pago a empresas foráneas para que suministren datos que ya fueron recopilados hace décadas. Ese señalamiento se hizo ya hace tres años, cuando se conoció el acuerdo que el Estado había firmado con la empresa china Citic Construction para cartografiar los yacimientos minerales del sur del país.

El Inventario de Recursos Naturales de la Región Guayana realizado por la Corporación Venezolana de Guayana catalogó las características el sur del Orinoco en materia de suelos, minerales, vegetación e hidroclimatología. Luzardo señala que un registro de este tipo “no puede ser solo minero, debe tomar en cuenta el agua, la biodiversidad, la información antropológica”.

Simón Rodríguez, quien estuvo al frente de la Dirección de Geología del Ministerio de Energía y Minas en los años noventa, recuerda el estupor que despertaron en los expertos las palabras del presidente Hugo Chávez, quien atribuyó el descubrimiento de reservas de coltán a los iraníes. “Ya eso había sido definido y evaluado por el MEM, que desde los años cincuenta había venido caracterizando todos los yacimientos minerales del país”, señala.