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El chavismo perdió el round de la economía

El presidente Nicolás Maduro| Foto: Archivo

El presidente Nicolás Maduro| Foto: Archivo

Además de la muerte del líder carismático, existen varias razones que explican el debilitamiento del movimiento chavista, que hasta el 6 de diciembre de 2015 apenas había perdido una elección en 16 años. Las causas más importantes también pueden ser evidenciadas por otras caídas porcentuales bruscas, como la del precio del petróleo

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En marzo de 2013, mes en el que murió el presidente Hugo Chávez, 55,9% de los encuestados por Venebarómetro se declaraban chavistas. Tres años después la situación cambió radicalmente. Para febrero de 2016 solo 29,8% de los interrogados por la misma firma se mostraron inclinados hacia el oficialismo: una caída de 26,1 puntos.

Además de la muerte del líder carismático, existen varias razones que explican el debilitamiento del movimiento chavista, que hasta el 6 de diciembre de 2015 apenas había perdido una elección en 16 años. Las causas más importantes también pueden ser evidenciadas por otras caídas porcentuales bruscas.

En 2013 el precio del barril de petróleo de la OPEP promedió 110,3 dólares; esa fue la cola de un alza sostenida de los precios que le permitió a Chávez no solo financiar un modelo de gobierno clientelar –el socialismo del siglo XXI– sino también exportarlo a la región a través del intercambio de petróleo barato por comida o servicios, siendo Cuba y las islas del Caribe los principales beneficiarios de la petrochequera venezolana.

La muerte de Chávez coincidió con un desplome de los precios del petróleo de 76% hasta ubicarse en el costo promedio actual de 26,5 dólares. Eso influyó en el gasto público del gobierno, el cual descendió 44% en el mismo período hasta llegar a niveles similares a los existentes antes de que Chávez asumiera la Presidencia, a finales de los años noventa.

La actual caída del barril del petróleo ha reducido también el flujo de dólares que entran al país, contrayendo la capacidad del Estado para importar productos terminados que satisfagan las necesidades de los ciudadanos. Esto ha derivado en una aguda escasez porque la producción nacional está debilitada por el propio modelo chavista, que impuso férreos controles a la economía y desde 2005 cometió más de 2.740 violaciones de la propiedad privada, según el Observatorio de la Propiedad.

A eso se une que Venezuela presenta la inflación más alta del mundo: en 2014 cerró en 68,5% y en 2015 llegó a 180,9%. No es de extrañar entonces que el año pasado la mayoría de los venezolanos empezó a identificar la economía como el principal problema del país. Esto colaboró con el triunfo de la oposición en los comicios parlamentarios del 6-D.  

Una vez que tomó el control del Parlamento, la oposición ha preparado una serie de leyes para atraer más respaldo de sectores tradicionalmente chavistas, como  los beneficiarios de las misiones sociales.

Primero Justicia propuso dar títulos de propiedad a aquellas personas que han recibido gratuitamente casas construidas por el gobierno, a la vez que planteó la entrega de un bono de alimentación y medicinas para jubilados y pensionados. El chavismo también  toma medidas para mantener su base de apoyo y evitar una caída mayor. A principios de marzo anunció la tarjeta de misiones socialistas, un subsidio directo de 14.000 bolívares que se empezará a entregar a todas las familias inscritas en el programa de viviendas del gobierno.

 Se fueron y se quedan. El chavismo perdió 1.977.431 votos entre las elecciones presidenciales de 2013 y las parlamentarias de 2015. Carlos Castillo, dirigente social de Catia, es uno de los que se fueron. “El dedismo acabó con la idea que tenía el movimiento. Eliminaron a los líderes genuinos que había en todo el país y los cargos los dominaron dirigentes que solo buscan enriquecerse y velan por sus intereses”, asegura Castillo, que en 2013 fue uno de cientos de líderes de base expulsados del PSUV por apoyar la nominación para alcalde de un candidato distinto al del partido del gobierno, luego de que no se consultó a la militancia sobre las postulaciones.

Pese a la crisis económica y las disputas políticas, hay todavía muchos que se mantienen fieles al oficialismo. Ese el caso de Isidro Figueroa, un militante de Monagas: “Hemos evaluado la historia de Venezuela y del mundo y vemos que en el pasado solo ha habido sistemas que buscan beneficiar a minorías explotando a las mayorías. Yo sigo luchando por la igualdad. La crisis actual es producto de un sabotaje para afectar el proceso”. Figueroa considera que la defensa de la revolución requiere respaldar a Nicolás Maduro.