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A la caza del gran tesoro pirata

Foto: NASA

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Por primera vez en 18 años, una expedición autorizada partirá a la isla costarricense de Coco. Allí se supone que está enterrado un botín millonario que un capitán británico escondió en 1820 . Es el mismo islote que inspiró las novelas La isla del tesoro y Jurassic Park

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El 22 de octubre de 1820 William Thompson recibió una orden de la corona española. Perú vivía los albores de la Guerra de Independencia y Lima ya no era un lugar seguro para las riquezas de la madre patria.

Así que el capitán inglés fue encargado de zarpar rumbo a México y de llevar consigo 24 baúles. No le dijeron qué contenían. Pero debía de ser algo valioso, ya que un grupo de oficiales del reino también subió a bordo para acompañarle.

Pero, más que taxistas de un tesoro, Thompson y su tripulación escogieron ser dueños.

Y los oficiales acabaron en el mar. No era para menos: las cajas contenían monedas de oro y plata, diamantes, joyas y una enorme estatua dorada de la virgen. Demasiado evidentes para lucirlas por los siete mares. Así que Thompson dirigió el timón hacia la isla costarricense de Coco para esconderlas. Al zarpar de nuevo, sin embargo, el capitán y sus marineros fueron capturados por un navío español y ejecutados.

Todos, salvo Thompson y otro compañero, que debían llevarles hasta el tesoro. Pero, nada más desembarcar, el británico despistó a los españoles con un mapa falso y se volatilizó en la selva. Y, con él, la ubicación del tesoro de Lima.

Una obsesión. ¿Leyenda? ¿Verdad? Tal vez ambas. Decenas de estudiosos han confirmado a lo largo de los siglos algunos elementos de esta historia. Y, desde luego, debe de creérselos Ina Knobloch, bióloga alemana que liderará una expedición internacional que pondrá rumbo a la isla de Coco en busca (también) del legendario tesoro. Será la primera autorizada por el Gobierno de Costa Rica desde que en 1994 se prohibieron estas misiones.

"Probablemente vayamos en enero o febrero", asegura Knobloch. Será la cuarta vez que la bióloga desembarque en Coco; se quedará 10 días, porque una misión prácticamente autofinanciada no da para más.

De todos modos, desde su primera visita, en 1988, la alemana ha sido hechizada por una isla cuyas historias ha estudiado durante 20 años, ha viajado por medio planeta y hablado con los expertos en la materia.

Tanto que hasta ha escrito un libro, El secreto de la isla del tesoro (que se traducirá pronto al español) donde relata su búsqueda del que se conoce como "tesoro de Lima".

Para encontrarlo, la expedición de Knobloch cuenta con un despliegue tecnológico digno de la película Minority report. Un helicóptero permitirá mapear la isla desde el cielo; y para mirar bajo el suelo, "hay una máquina que excava huecos minúsculos pero muy profundos donde introducir un robot serpiente que observe las grutas", explica Shaun Whitehead, un explorador británico miembro de la misión.

Las grutas parecen ser la clave de la búsqueda. Tras sus investigaciones, Knobloch ha concluido que, si el tesoro está en la isla, debe de hallarse en una de sus cuevas. Con el conocimiento de la alemana y los instrumentos de Whitehead, los 15 miembros de la misión cuentan con cierta ventaja respecto a las anteriores expediciones.

Porque una riqueza legendaria es un canto de sirenas y decenas de cazatesoros han acudido a Coco en busca del escondite del capitán Thompson.

La mayoría se fue sin nada.

Pero unos pocos se llevaron una recompensa en forma de monedas de oro y plata.

Aun así, para Knobloch y Whitehead la misión tiene todo el sentido del mundo.

"El tesoro sería un sueño. Pero el objetivo es, sobre todo, arqueológico y biológico", relata la alemana. Estudiar las especies animales, coger heces para analizarlas, investigar historia y morfología de Coco son razones más reales y asequibles que el botín de Thompson. "Quiero que sea la primera de muchas investigaciones. Y quiero abrir un museo sobre Coco", añade Knobloch.

Sólo guardaparques. Sobre todo por la pasión de la bióloga, y por la garantía de que la salvaguarda del ecosistema será prioritaria, el Gobierno de Costa Rica ha autorizado la expedición. No lo hacía desde que un decreto firmado en 1994 por el ministro de Ambiente, Energía y Telecomunicaciones, René Castro Salazar, prohibió toda misión y sentenció que "el tesoro de la isla es su biodiversidad".

"Llegaban decenas de exploradores. Y no todos cuidaban el patrimonio de Coco", indica Castro Salazar, que hace dos años volvió a ocupar el mismo cargo.

De ahí que hoy haya un cupo de 3.000 visitantes al año y la única población estable sea guardaparques y voluntarios que se turnan cada 2 meses. Y que luchan contra el acoso que Coco sufrió y sigue sufriendo de cazatesoros y pescadores ilegales. "La posición del Gobierno es que, incluso siendo plausible que el botín se encuentre allí, hay que defender la isla", relata Castro Salazar. Porque tiburones, cascadas y árboles valen más que 24 cajas llenas de oro. O, bueno, por lo menos existen.