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El viaje secreto del mechón de Bolívar

Los últimos momentos del Libertador, pintado por Antonio Herrera Toro en 1883

Los últimos momentos del Libertador, pintado por Antonio Herrera Toro en 1883

La investigación sobre las causas de la muerte del Libertador trajo consigo una demanda al Estado venezolano en Estados Unidos, en la que se describe una operación oficial casi secreta para buscar en Miami un mechón de cabello de Simón Bolívar y algunas de sus cartas

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Una mujer de 93 años de edad, la más longeva de la familia De Mier, conserva en su memoria la clave para desentrañar la historia de algunos objetos y documentos de Simón Bolívar dispersos en al menos tres ciudades: Bogotá, Caracas y Miami. Le tensa hablar con periodistas y prefiere excusarse a través de su hija. En la historia de sus tíos y primos está el nudo para entender una noticia que despertó curiosidad a mediados de octubre: un hombre demandó en Miami al Estado venezolano para pedir una indemnización por unos objetos, unas cartas y un mechón del cabello de Bolívar que –asegura– prestó para la investigación de las verdaderas causas de la muerte del héroe patrio, pero que no le devolvieron pese a sus reclamos ante la Embajada de Venezuela en Estados Unidos.

El árbol genealógico de esta colombiana detalla las manos por las que ha pasado esa parte del legado del prócer venezolano. En su casa de Bogotá aún se conserva una vajilla en la que –se ha contado siempre en la familia– comió el Libertador. En Santa Marta, la ciudad de origen de los De Mier, donde murió Bolívar, comienzan a obtenerse respuestas sobre esta disputa por los cabellos del Libertador.

El benefactor de Santa Marta. El colombiano Ricardo Devengoechea de Mier es el demandante, un fotógrafo de bodas residenciado en Miami. En la solicitud que introdujo en el Tribunal de Primera Instancia del Distrito Sur de Florida reclama cartas y escritos del prócer, unas hombreras ornamentales de Napoleón Bonaparte, una medalla que le otorgó Perú a Bolívar y una muestra de ADN del general, contenida en un guardapelo. Asegura que los artículos en disputa fueron regalados por el Libertador a Joaquín de Mier, su tatarabuelo.

Los De Mier eran una de las familias más prósperas del caribe colombiano. Llegaron a Santa Marta en 1800 y emprendieron negocios en el que fue el principal puerto de la Nueva Granada. “Con posterioridad a la independencia de España, surgió un nuevo grupo de comerciantes criollos o criados en la ciudad, comprometidos con la causa republicana. Tal es el caso de Joaquín de Mier”, señala el historiador colombiano Joaquín Viloria de la Hoz en su libro Empresarios de Santa Marta, en el que estudia la importancia de esa familia para la tradición empresarial de la región.

El 1° de diciembre de 1830, De Mier acogió a Simón Bolívar en su propiedad de Santa Marta, una hacienda de muros gruesos y amplios jardines que albergaba uno de los ingenios azucareros más grandes de la costa norte colombiana. El Libertador llegó a la quinta San Pedro Alejandrino proveniente de Cartagena, con la salud minada y la idea de recuperarse para viajar a Europa y retirarse en París. Murió 16 días después, hace 182 años.

Devengoechea afirma en la demanda que Venezuela recibió la posesión temporal de los bienes del Libertador en su poder “con el pretexto de realizar un proyecto de investigación conjunto a fin de descubrir la historia de Simón Bolívar”. De la descripción de la supuesta operación mediante la cual buscaron esos bienes en Miami emergen nombres relacionados con el Ejecutivo nacional.

A través de su abogado, Marco Ferri, Devengoechea rechazó la solicitud de una entrevista. Señaló que espera el desenlace de la demanda.

Viaje secreto. La comisión presidencial que investigó la muerte de Bolívar se dividió en dos áreas: una científica y otra histórica. La coordinó la Vicepresidencia Ejecutiva de la República y la integraron nueve ministros, la fiscal general y el presidente del Instituto de Patrimonio Cultural. Se instaló en enero de 2008 y tres años más tarde se presentó el informe preliminar sobre las causas de la muerte del Libertador, que estableció que si bien no se puede considerar la tuberculosis como causa fundamental del fallecimiento, tampoco se le descarta.

La demanda de Devengoechea se detiene en la unicidad del cabello del prócer que conservaba: “Con estas muestras de pelo, el presidente Hugo Chávez intentó verificar científicamente los restos del general Bolívar”. El recurso relata una operación casi secreta de Venezuela para apoderarse de los mechones y objetos de Bolívar que conservaba su familia. Señala que en octubre de 2007 lo contactaron autoridades venezolanas y lo invitaron al país para que los artículos fueran examinados. El 17 de octubre, de acuerdo con su versión, le enviaron un avión privado a Florida para traerlo junto con la colección. “Venezuela envió a varios oficiales del Gobierno, incluida Delcy Rodríguez, coordinadora general de la Vicepresidencia y hermana del antiguo vicepresidente, Jorge Rodríguez, para acompañar a Devengoechea y la colección a Venezuela”, precisa el texto.

Narra que pasó un mes como invitado de Venezuela, lapso en el que el equipo de investigación oficial revisó los objetos y –asegura Devengoechea– viajó con él a su casa natal en Colombia para seguir las investigaciones. Pero el fotógrafo recordó –es el verbo que emplea en la demanda– que había otros escritos y artículos en su casa de Florida, así que volvió a Estados Unidos para buscarlos. Todo fue pagado por el gobierno de Chávez. El 6 de noviembre de 2007, regresó a Florida en un avión privado que, afirma, puso a su disposición el Ejecutivo. Se intentó ubicar a Delcy Rodríguez en la UCV, donde es profesora, pero su asistente indicó que no iría a clases hasta el próximo año. Las solicitudes de entrevista enviadas por correos electrónicos y mensajes a ella y a su ayudante no tuvieron respuesta.

El historiador Arístides Medina Rubio, ex director de la Biblioteca Nacional, encabezó hasta finales de 2008 el ala histórica de la comisión investigadora. “Jamás supe que viajaron a Miami a buscar algo de Bolívar. Los que viajaron en función de esa tarea fueron unos investigadores que el Centro Nacional de la Historia envió a Colombia a revisar una documentación en bibliotecas y archivos, pero nada más”, afirma.

Recuerda que supo de los documentos que ahora reclama Devengoechea cuando ya estaban en Venezuela. “Hasta donde conozco, los trajo Jorge Mier Hoffman y se los entregó al presidente Chávez; de su despacho nos los mandaron para evaluarlos. Nunca se dijo si además de las cartas había objetos o pelo”. Los papeles de los Mier, indica Medina Rubio, no revelaban hechos nuevos sobre el Libertador. “Era una caja grande, pero los dos únicos originales son intrascendentes y los demás son todos copias”, concluye.

Dos fuentes del Cicpc que participaron en las pesquisas forenses sobre el Libertador, que pidieron no revelar sus nombres, señalan que el pelo usado para intentar extraer muestras de ADN es el que conserva el Museo Bolivariano, pero que luego se prefirió exhumar a las hermanas de Bolívar para tener mayor seguridad de que la osamenta que reposaba en el Panteón Nacional era la del prócer.

Enrique Nóbrega, director encargado del Museo Bolivariano, apunta que desde hace décadas el Estado tiene muestras del pelo del Libertador en esa institución, que llegaron gracias a los aportes de sus familiares, por lo que no se explica la necesidad de traerlas desde Miami.

Un baúl en el sótano. Jorge Mier Hoffman es un venezolano especialista en sistemas que se presenta como “bolivarianólogo” e historiador. Es primo de Devengoechea y autor del libro La carta que cambiará la historia, en el que plantea la hipótesis de que Bolívar murió envenenado, víctima de una conjura de sus enemigos políticos en Colombia, en la que habrían participado su tatarabuelo y agentes estadounidenses. La especulación de Mier Hoffman fue acariciada por Chávez, que habló sobre el libro en cadena nacional y en el Aló, Presidente del 3 de agosto de 2008. “El libro es una interrogante. ¿Cómo?, ¿cuándo?, ¿quién lo mató?, ¿dónde está Bolívar? Es para leerlo con calma, sentado y conseguirse sorpresas aquí que golpean el alma de un bolivariano”, expresó Chávez. Pese a las críticas de los historiadores y académicos sobre la poca rigurosidad y apego a la realidad, el texto agregó insumos a las ideas presidenciales de investigar la muerte del Libertador.

Mier Hoffman contradice a su primo, en lo que ha sido una historia de desencuentros familiares que la anciana De Mier en Bogotá guarda celosamente. Dice que fue él quien viajó a Miami para traer a Venezuela los documentos de Bolívar, pero que esto nada tuvo que ver con la investigación oficial. “Primo, tengo un baúl en el sótano y me gustaría que lo revisaras”, recuerda Mier que le dijo su pariente en 2005.

En 2007 viajó a Miami. Se encontró a Delcy Rodríguez en el hotel y le presentó a Ricardo Devengoechea. Tardó años en revisar las cartas, las hizo clasificar y autenticar. “Eso no sólo les dio un valor histórico, sino que le dio un valor material inimaginable, pues mi libro proyectó internacionalmente esos documentos que hasta ese momento reposaban en un lúgubre sótano de una casa en Miami (…) Tal cual me lo autorizó Ricardo por mandato expreso, ofrecí en venta (al Gobierno) esos documentos, junto con otros y objetos de mi propiedad que seguramente interesarían al acervo histórico nacional”, indica Mier Hoffman.

Agrega que lo tomó por sorpresa la demanda de su primo que vincula la exhumación de Bolívar realizada en 2010 con los objetos que prestó porque –afirma– fue a través de su libro que el gobierno de Chávez supo de los artículos que guardaba su familia. “Nunca hubo una trama conspirativa como quieren hacer ver los abogados de Miami (…) Pretenden utilizar la exhumación para obtener prebendas económicas”, insiste. Asegura que los documentos que prestó Devengoechea los guarda en una bóveda y espera que los venga a buscar.

Un mechón de obsequio. En la época era común regalarse cabello. Miranda guardaba vello púbico de sus amantes

Que haya cabello de Simón Bolívar en manos de varias familias aún en la actualidad no toma por sorpresa a Armando Martínez, investigador principal del Grupo de Investigaciones Históricas sobre el Estado Nacional Colombiano. “En los siglos XVIII y XIX era común regalar pelo entre novios y amigos. Los novios andaban con cabellos de sus novias, los cargaban en relicarios”, señala.

Las muestras de cabello que conserva Venezuela en el Museo Bolivariano provienen de donaciones que hicieron los familiares de Bolívar en el siglo XX. Sus hermanas, Juana y María Antonia, legaron los guardapelos del Libertador.

La historiadora venezolana Inés Quintero señala que por la época era tradicional hacer camafeos con cabellos de personas ilustres. “El propio Bolívar tenía un relicario o un estuchito con cabellos de Washington que le había regalado un estadounidense”, dice.

Otros héroes de la independencia, como Francisco de Miranda, confirman esta costumbre. “Él tenía guardado en su monumental archivo algunos sobres que contenían, ya no cabellos propiamente dichos, sino vellos púbicos de mujeres con las que había tenido trato íntimo”, recuerda Quintero.

CSI histórico. Las series de detectives lo enseñan: los cabellos son útiles en las investigaciones forenses por ser una fuente de información genética cuando se quiere identificar una víctima o un victimario. El pelo habla de la condición física y hasta puede revelar si la persona sufría estrés.

Pese a que en el Museo Bolivariano hay muestras del cabello del Libertador, los especialistas que trabajaron en la identificación de los restos del héroe patrio recurrieron a otra fuente para obtener ADN mitocondrial que le permitiera la tarea: exhumaron a sus hermanas.

“Le pidieron las muestras del cabello de Bolívar al museo, pero como era imposible a estas alturas verificar su procedencia, debieron buscar a sus hermanas para comparar el ADN y verificar que se tratara de él. Además, es más factible la extracción de ADN de pelos que conservan el folículo capilar, la raíz, que de mechones que han sido cortados”, indicó un investigador forense del Cicpc que participó en la pesquisa oficial.

El Laboratorio de Genética Forense de la Universidad Complutense de Madrid señala en su portal electrónico que el estudio de este ADN es especialmente recomendado cuando se trabaja con muestras muy degradadas, como el de esqueletos de importancia arqueológica o tejidos momificados, o cuando se quiere investigar el linaje materno.