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El bolsillo roto de la clase media

La pobreza reciente se asocia directamente al ingreso y no a las condiciones estructurales

La pobreza reciente se asocia directamente al ingreso y no a las condiciones estructurales

La mitad de los no pobres cruzó la línea hacia la pobreza en 2015. La inflación, la escasez, el deterioro de los servicios y la depreciación del bolívar han golpeado a la clase media que vive de un salario que se queda corto cada día. Hasta 2007 una pareja de profesionales podía acopiar capital para estabilizarse, comprar vivienda y otros bienes, pero el deterioro económico del país, que se aceleró en los últimos tres años, estancó esas posibilidades. En 2011 un estudio de la UCAB calculó que la clase media representaba 19,7% y para 2015 Datanálisis la ubicaba como 17,7% del país. El ingreso de las familias de este estrato debería ser 4 veces mayor que la canasta alimentaria –que en diciembre alcanzó 93.600 bolívares– para que el hogar no esté en riesgo de empobrecerse en caso de una contingencia

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Cuando se casó, hace 30 años, Pascua Bitteto pudo alquilar un apartamento tipo estudio en Chacao. Ella era gerente de ventas y su esposo técnico electricista; cada uno ganaba 3.000 bolívares de los que no eran fuertes. Al poco tiempo pudieron comprar un apartamento en el mismo municipio que compartían con sus 3 hijos. Los niños recibieron educación primaria y secundaria en escuelas privadas, y terminaron siendo profesionales egresados de las universidades Central de Venezuela y Simón Bolívar.

Hace seis años Bitteto se divorció, su hija se fue del país –sus otros dos hijos se fueron dos años más tarde– y hubo que vender el apartamento para dividir los bienes. Ahora vive en una habitación en El Marqués porque con lo que obtuvo de la separación no le alcanzó para adquirir una nueva vivienda; y con su sueldo como empleada de una floristería y la pensión no le alcanza para alquilar un apartamento completo.

“Ni siquiera porque vivo sola tengo dinero para ir a comer a un restaurante. Cuando mis hijos estaban pequeños salíamos todo el tiempo a comer, al parque o al cine. Hasta nos íbamos de vacaciones. Ahora puedo pasar hasta tres días comiendo lo mismo y no compro lo que quiero, sino lo que consigo”.

Bitteto se considera parte de una clase media empobrecida. “La clase media desapareció. Solo hay ricos y pobres. El rico cada día tiene más y el pobre se acostumbró al deterioro de la calidad de vida”, opina.

Junto con la velada cifra de la inflación, que el Banco Central de Venezuela aún no divulga totalizada para 2015 y otros indicadores que el gobierno no quiere mostrar en público a la Asamblea Nacional, otro dato alarmante se perdió en la bruma electoral de fin de año. Los resultados de la segunda Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela –realizada por las universidades Católica Andrés Bello, Central de Venezuela y Simón Bolívar– en el capítulo referido a pobreza y misiones sociales, revelaronque durante el año 2015 la pobreza reciente se ubicó en 47,1%. Hay quienes no eran pobres y tuvieron que bajar de escalón. A la clase media se le abrió un hueco en el bolsillo.

La pobreza reciente se asocia directamente al ingreso y no a las condiciones estructurales, como asistencia escolar, hacinamiento, viviendas inadecuadas o servicios deficientes. Sin embargo, el sociólogo Luis Pedro España, responsable de la investigación, señala que si no se toman los correctivos necesarios en la economía y las familias en esta situación comienzan a asumir decisiones de emergencia para solventar la crisis de ingresos, como la liquidación de activos, o que el joven de la casa abandone sus estudios y comience a trabajar o que un miembro de la familia que no trabajaba –porque cuidaba a un pariente enfermo, por ejemplo– ahora se vea obligado a hacerlo, constituyen un riesgo para que la situación de pobreza se agrave.

En la evaluación que hicieron en 2014 –un estudio que no se repetía desde la Encuesta Social de 1998 del INE– los hogares en pobreza llegaban a 48,4% y en el caso de las personas a 52,6%. En 2015 esos porcentajes sufrieron un incremento significativo: 73% de los hogares del país y 76% de los venezolanos están en pobreza por ingresos.

Los resultados de la Encovi 2015 muestran que los hogares en situación de pobreza aumentaron 53% en un año, la pobreza extrema se duplicó, todos los pobres no extremos de 2014 ahora son pobres extremos; y la mitad de los no pobres de 2014 se convirtieron en pobres en 2015. En esta clasificación quedó Bitteto luego de decidir divorciarse.

“Si la economía se reactiva ese grupo de clase media que pasó a ser pobre tendría los atributos y las habilidades para recuperar su ingreso, ya que cuentan con educación, capacidad de insertarse en el mercado laboral, experiencia y destrezas para el trabajo; pero es indispensable que se reanime el aparato productivo y que se creen condiciones de equilibrio y recuperación de la confianza en la economía nacional”, subraya España.

 

Movilidad de clases. “Nací en un hogar de clase media, llamado por algunos clase media baja, ¿y por qué baja? ¿Será de bajos ingresos? Me siento orgulloso de ser de un hogar de la clase media caraqueña, pero en el transcurso de la vida tomé una opción de vida, así como quien toma la opción por Cristo, tomé la opción por la clase obrera y por la historia del socialismo”, contó el presidente Nicolás Maduro el 6 de enero en cadena nacional, cuando anunció la nueva alineación de su gabinete con el que intentará enderezar la severa crisis que analistas atribuyen a la implementación de un modelo político-económico errado.

Cambiar de clase social no siempre es una opción exclusiva de la voluntad individual, como creer en Cristo y como asegura Maduro que es su caso. El estudio La movilidad económica y el crecimiento de la clase media en América Latina, presentado en 2013 por el Banco Mundial, define a la clase media como aquellos que tienen menos de 10% de probabilidades de caer en la pobreza. La investigación dice sobre Venezuela que el país es el que ha mostrado mayor movilidad descendente entre 1992 y 2006, considerando el ingreso. Estos resultados se contradicen con el Proyecto Pobreza del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB (IIES), elaborado por Luis Pedro España, que tomando en cuenta la educación, el ingreso y los activos del hogar determinó que entre 1997 y 2007 la clase media sí mostró un leve crecimiento, pasando de 11,1% a 12,7% de la población en esa década. Hasta 2007 parejas profesionales con empleo pudieron juntarse para comprar apartamento y vehículo, hacer viajes y tener el colchón necesario para comenzar una familia.

Lissette González, investigadora del IIES, ha abordado la distribución de la población venezolana según clase social, tomando como referencia la Encuesta de Hogares por Muestreo, realizada por el Instituto Nacional de Estadística en los años 2003, 2007 y 2011. En sus estudios encontró que en el año 2003 la clase media representaba 4,8% del país, en 2007 aumentó a 22,1% y en 2011 volvió a descender hasta 19,7%.

“Al hacer la medición por ingreso, este debe ser cuatro veces más alto que la línea de pobreza, para que los hogares sean considerados como clase media. Si el ingreso es solo un poco mayor que la línea de pobreza –que se mide con referencia a la canasta alimentaria– se considera que se está en condición de vulnerabilidad porque el ingreso está sujeto a contingencias, como puede ser una enfermedad”, explica González.

De acuerdo con su investigación, en 2007 hubo un aumento del porcentaje de la población que podía considerarse como clase media porque fueron los años de bonanza económica por el repunte de los precios petroleros. En 2015 la caída del poder de compra del salario de los venezolanos fue de 46%. El número de salarios mínimos requeridos para comprar la cesta alimentaria pasó de 3,5 salarios mínimos en diciembre de 2014 a 9,7 salarios mínimos al final de 2015, según los reportes del Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros. Para pagar los gastos básicos una familia requería el mes pasado 93.600 bolívares. En un año este indicador aumento 443%.

La mayoría de la población de clase media se ubica en el segmento de trabajadores formales. Tienen empleos estructurados y relaciones contractuales con sus patronos. Luis Vicente León, presidente de Datanálisis, señala que esta condición les dificulta surfear la ola de la inflación –que en 2015 cerró, según cifras extraoficiales, en 270,7%–. “En términos relativos podrían verse más afectados que el estrato E, donde se encuentran quienes forman parte del sector informal de la economía, la mayoría de trabajadores por cuenta propia o buhoneros, que son distintos a los bachaqueros. Los trabajadores informales logran compensar sus ingresos porque reciben una comisión de venta que está vinculada con el precio de la mercancía que sube con la inflación o está por encima”, explica León.

Es así como la clase media, con poco tiempo para hacer colas en supermercados, termina pagando un sobreprecio  que al final de la cadena beneficia al estrato más pobre.

La encuestadora Datanálisis en el foro Tendencias del Consumidor Venezolano 2015, realizado en mayo, mostró una radiografía de la realidad del país. Por estrato socioeconómico 2,4% de la población está en el segmento A/B, con un ingreso promedio familiar de 131.230 bolívares; 17,7% está en el estrato C y su ingreso promedio familiar es de 43.488 bolívares; 35,7% está en el estrato D, con ingresos que llegan a 18.522 bolívares; y el estrato E cuenta con un ingreso promedio familiar de 12.446 bolívares y lo ocupa 44,2% de la población. Este indicador, además del ingreso toma en cuenta la ubicación de la vivienda, el tipo de vivienda, nivel de instrucción del jefe del grupo familiar y posesión de activos.

El estrato C podría identificarse con la llamada clase media porque cuentan con ingresos que cubren la totalidad de sus necesidades.

Cambian hábitos. Lo que permite a la clase media hacer frente a la crisis es su posibilidad de cambiar hábitos de consumo. Aunque no hay cifras oficiales sobre su descenso, se calcula que el consumo cayó 5,4% en el año.

Bitteto además de ver desmejoradas las condiciones de su vivienda también vio descender la calidad de su alimentación. Agradece no ser muy amante de la carne, porque de serlo no podría comprarla; pero sí lamenta la desaparición de los huevos y el alto precio de los granos. “A veces paso tres días comiendo lo mismo. La alimentación es pésima porque los venezolanos solo consumimos harina y ahora no nos alcanza para la proteína”, afirma.

Maritza Landaeta, investigadora de la Fundación Bengoa, subraya que el venezolano optó por la decisión más inteligente que es la de sustituir algunos alimentos; y ha optado por preparaciones múltiples como sancochos (que incluyen verduras y vegetales), pasteles tipo polenta hechos con vegetales y tortillas. Ahora también aprovechan el hueso de la gallina o del lagarto en los hervidos. “Se trata de una clase rendidora. Si no hay papa, les aconsejamos aprovechar la batata y la yuca. El efecto es que ahora se usan alimentos que antes no se utilizaban”. Agrega que bajó el consumo de todos los alimentos que son fuente de proteína de origen animal. “Se come carne cuando se consigue y cuando se puede pagar”. Esta búsqueda incansable de alimentos subsidiados ha causado que en promedio una persona vaya hasta cuatro veces por semana al supermercado: “Hay un desgaste que tiene un impacto en la productividad laboral y causa estrés”. Esta situación, además, deprime a 35% de la población que señala que le preocupa no tener cómo alimentar a su familia y, por otro lado, causa que cada vez se unifique más la dieta del venezolano, sin importar la clase social. “El poder adquisitivo está tan deteriorado que ahora hasta quienes se reconocen como clase media van a Mercal”. Al respecto, España subraya que “más de 6 millones de venezolanos o comen subsidiado o no comen”.

En un complejo residencial en Prados del Este, la cartelera informativa del vecindario empezó a registrar el golpe de la crisis hace unos meses. La lista de propietarios morosos, que antes no pasaba de dos regulares incumplidos, comenzó a crecer. “La crisis está golpeando a la gente, hay quienes prefieren atrasarse con el condominio para poder pagar la comida o el colegio”, dice una vecina sorprendida por una lista que ya supera los diez nombres.

Las condiciones de la clase media también se han visto afectadas en cuanto a la calidad de los servicios públicos. 38,4% de los hogares que tienen acceso al acueducto (81,3%) no tiene servicio continuo de agua; y 86,4 % de los hogares que tienen servicio eléctrico sufren interrupciones y apagones, de acuerdo con los resultados de la Encovi 2015 sobre vivienda y servicios.

Menos desigualdad. Lo ideal en un país es que la mayor cantidad de población sea de clase media, explica Marino González, especialista en Políticas Públicas. “Los que forman parte de este grupo producen, emprenden, tienen mayor autonomía porque tienen nivel educativo, recursos, ahorros, vivienda y más facilidades para insertarse al mercado productivo”. En consecuencia, González califica como un desastre que 76% de los venezolanos sean pobres.

Señala que desde 2014 se están cosechando los resultados de varios años de caída de la actividad económica. “Ese año la economía retrocedió 4% y en 2015 la caída fue mayor, hay cálculos que indican que puede ser hasta de 10%. Una economía puede caer, pero si la inflación es baja se amortigua; de lo contrario el ingreso cae mucho más”.

La última vez que la inflación en Venezuela estuvo por debajo de 10% fue en 1983. Eso también hace cuesta arriba las posibilidades de independizarse de las generaciones más jóvenes. “Tenemos 32 años con una inflación tan alta que se ha distorsionado el acceso a los préstamos hipotecarios. La gente no puede comprar, porque hay un problema serio que les impide acceder a bienes duraderos”.

Para Bitteto, lo más lógico que pudieron hacer sus hijos fue haberse ido del país, pues de lo contrario no habrían tenido oportunidad de independizarse: “Con el sueldo que ganaban aquí no podían hacer nada”.

 

Testimonios

Ernest Ramírez

Abogado

Ernest Ramírez llegó a Caracas desde los Andes a los 25 años de edad. Trabajaba como comerciante de calzado y a los 5 años de estar en Caracas logró comprarse un apartamento en Bello Campo, cuando ni siquiera se había graduado de abogado. Ese negocio lo vendió hace una década. Ahora tiene una empresa de transporte que contaba con tres vehículos, pero debió vender uno por la dificultad para conseguirle los repuestos. “La clase media está desapareciendo por el alto costo de la vida. La inflación es incontrolable. Antes podía ir a cenar en la calle hasta tres veces por semana y ahora no. Viajaba y eso tampoco se puede”. En enero su hijo de 22 años de edad se irá a vivir a Chile. No le gusta la idea, pero lo entiende: “Este país no le da oportunidades a las nuevas generaciones”.

 

Gladys Morales

Docente

“Hace 38 años pude comprar un terreno en el interior y construir mi casa con mi sueldo de docente. Después lo vendí y me mudé a Parque Caiza en Caracas”, explica la maestra Gladys Morales.

Es miércoles a mediodía y espera el transporte para ir de El Marqués, donde tuvo que ir a comprar, hasta su residencia. Tiene un carro; pero está parado por falta de batería. “Cuesta 45.000 bolívares y hay que hacer una cola de 3 días para conseguirla”; cuando lo haga el vehículo no durará mucho tiempo con ella. Lo quiere vender para irse del país y alcanzar a su hija que se marchó hace 2 meses: “Mi hija es contador público, hace 6 meses decidió irse de Venezuela después de un secuestro exprés”.

Opina que la calidad de vida ha desmejorado, comenzando por lo que se puede comer: “Hay que comprar lo que se consiga y donde se consiga”. Recuerda que solía hacer mercado una vez al mes y compraba 7 u 8 kilos entre pollo y carne, también adquiría jamón y queso una vez por semana: “Eso ahora es un lujo, y el huevo no se consigue”.

 

Adriana la Rosa

Secretaria

Después del divorcio, Adriana la Rosa tuvo que volver a la casa de sus padres en El Cafetal. Vive allí junto a su hijo de 28 años de edad, quien permaneció un tiempo en Europa, regresó a Venezuela, y ahora desea volver a Irlanda y no puede hacerlo porque lo que gana como entrenador personal no le permite comprar el pasaje aéreo.

A los 27 años de edad La Rosa compró, con su esposo, un apartamento en Guarenas y también tenía vehículo propio. Con el tiempo esos bienes se esfumaron y ahora La Rosa ni siquiera se siente pobre, sino paupérrima. “Perdí el celular y no me puedo comprar otro. Con lo que gano no puedo comprar ni un par de zapatos, porque ahora nada baja de 20.000 bolívares. O como o compro medicinas. Cuando se llega a viejo todo se hace más difícil”.

Compra jamón y queso por bandejitas que no superen los 500 bolívares y los granos los adquiere cuando los venden en el supermercado, el medio kilo a 400 bolívares. Sobre la vivienda, también opina que han desmejorado los servicios que recibe: “A veces se va la luz o el agua y eso nunca pasaba”.