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La boda frustrada por la transfobia institucional

Fernando es el primer transexual venezolano embarazado. Sí, se trata de un joven venezolano de 22 años de edad que desde hace seis meses y medio espera un bebé y que quería casarse con Diane Marie, una transfeminista ecuatoriana. Los funcionarios del Registro Civil de Naguanagua, adscrito al CNE, agotaron a la pareja a fuerza de un prolongado maltrato y una creciente exigencia de requisitos legales. Al final se fueron de Venezuela y dejaron al descubierto un país con instituciones intolerantes y discriminatorias

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Aunque tiene casi siete meses de embarazo, Fernando puede correr. Y tuvo que hacerlo, aferrado a la mano de su novia Diane, para llegar a puntualmente a la sede del Registro Civil de Naguanagua el día y la hora que les habían indicado para casarse: 2 de marzo a las 10:30 am.

Nada de flux y corbata. Él lucía un look hipster: camisa manga larga abotonada hasta el cuello, que dejaba ver su barriga abultada, un blue jean apretado y botines gamusados. Las pequeñas argollas en la nariz y en las orejas, así como el mechón de barba, que le creció con abono de hormonas, completan su apariencia transgresora.

En cuanto a ella, nada de vestidos de gala. También iba de blue jean, con una blusa color mostaza y un corsé de cuero marrón que acentuaba su voluptuoso busto. Diane tiene una larga  y encrespada cabellera negra, pero ese día la llevaba recogida con un gancho. Apenas un poco de delineador de ojos como maquillaje. No actuaba como una novia emocionada, se le veía muy seria. En vez de nervios, parecía tratarse de mucho aplomo.

En el día de su matrimonio, era muy  importante para ambos no esconder su expresión de género detrás de ningún traje. Era la boda de dos transexuales y con esta enfrentarían  la brutalidad que sustenta las manifestaciones de transfobia. Tienen experiencia en desafiar prejuicios, pues Fernando y Diana son defensores de los derechos de las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales (LGBTI).

“Yo nunca me imaginé que íbamos a encontrar tanta resistencia de parte de las instituciones venezolanas. Pero si lo que esta gente del Registro Civil de Naguanagua, y particularmente la registradora Dayana Rodulfo, lo que quiere es que nos destransexualicemos, estamos dispuestos a hacerlo. Yo hasta me maquillo y me pongo precioso… Total, sería algo como disfrazarme de mujer por un día, lo cual no va a disminuir ni un poquito mi hombría. También podemos bajarnos los pantalones para que verifiquen que yo tengo una vagina y Diane un pene. Legalmente somos un hombre y una mujer; por tanto, no hay excusas válidas para impedir que nos casemos”, dice.

Fernando es un transexual masculino. Nació en Valencia y tiene 22 años de edad. Su cédula lo identifica como María Fernanda Machado Quevedo, pero la fotografía del documento muestra a un varón con una mueca de incomodidad por la formal disparidad de género: “Siempre fue un problema sacarme la cédula, porque los funcionarios querían que me presentara como una mujer. Cuando un policía, por ejemplo, me pide la cédula y nota la discordancia, puede ponerse belicoso. Entonces, para evitar problemas, tengo que echarle el cuento de mi vida desde el principio. La mayoría no lo entiende por más que tú se lo expliques”.

El cuento de su vida pudiera resumirse como el de una persona que nació niña pero siempre se sintió diferente; fue víctima de bullying en la escuela, un adolescente que logró educar a su madre y a su hermano para que lo aceptaran como trans, y un adulto que a los 19 años de edad decidió administrarse hormonas masculinas, pero que al año tuvo que suspender el tratamiento porque le afectó el hígado. Es integrante de la organización Activistas por el Arcoiris, que aun con pocos recursos trata de hacer incidencia a favor de la comunidad LGBTI de Carabobo.

Cambió la carrera de Psicología, en la Universidad Arturo Michelena, por la de mochilero. Desanimado por no tener un empleo estable, se propuso realizar un largo viaje al exterior, con un equipaje ligero donde cupiera su saxofón. No tenía itinerario predeterminado ni lapso para regresar a casa. 

Diane es presidenta de la Federación Ecuatoriana de Organizaciones LGBTI y una de las transfeministas más prominentes de su país. Como resultado de una demanda que interpuso contra el registro civil, a partir de febrero de 2009 ella y todos los ecuatorianos pueden cambiar de nombre de masculino a femenino y viceversa. Por eso su cédula la identifica como Diane Marie Rodríguez Zambrano y no como Luis Benedicto, el nombre que le pusieron sus padres. Sin embargo, legalmente Diane Marie sigue siendo un hombre. En la casilla de sexo de su cédula de identidad aparece M, de masculino.

“Lo fundamental, el verdadero ejercicio de dignidad cuando de sexodiversidad se trata, es la autopercepción. Fernando y yo somos transexuales. No se trata de una mujer que quiere ser un hombre o de un hombre que quiere ser una mujer. No, nosotros queremos ser y somos transexuales. Nuestra transición, en el caso de Fernando mediante tratamiento con hormonas, y en el caso mío a través de algunos implantes, no es precisamente para cambiar de sexo, sino para reafirmar nuestra transexualidad. Ambos conservamos nuestra genitalidad de origen. Rechazamos la concepción binaria de la sexualidad porque no es real, pero los términos que más se aproximan a nuestra autodeterminación es hembro para él y varona para mí”, afirma la psicóloga de 33 años de edad, que además tiene una certificación en Gobernabilidad y Gerencia Política de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.

Diane Marie cuenta que superó el rechazo de su familia, así como el trabajo sexual al que suelen quedar confinados muchos trans. “Ya alguna vez estuve en ese tipo de cosas y creo que fue suficiente para mí”, recuerda.

Es activista desde los 18 años de edad y en 2008 fundó la Asociación Silueta X, una ONG que ha tenido interlocución directa con el gobierno de Rafael Correa para avanzar en la promoción y defensa de los derechos de la comunidad LGBTI. Uno de sus logros es el reconocimiento de la identidad de género y la orientación sexual como derechos fundamentales, así como la unión de hecho homosexual, con idénticos efectos jurídicos que el matrimonio civil entre un hombre y una mujer. “Y ahora en Ecuador vamos por el matrimonio civil igualitario”, proclama Diane Marie para envidia de los activistas venezolanos, que desde enero de 2014 esperan que se comience a debatir en la Asamblea Nacional el proyecto de ley que garantizaría a las parejas del mismo sexo los mismos derechos de las parejas heterosexuales.

Un bebé en camino

Fernando y Diane se conocieron por Facebook en agosto del año pasado. Lo primero que hicieron fue asegurarse de que ambos fueran trans. Se recomendaron libros y música. Una semana después del primer contacto, él ya estaba en Ecuador y al mes estaba embarazado.

“Tanto Diane como yo teníamos deseo de tener un bebé. A mí como que ya me estaba pegando el reloj biológico. Iba por la calle, veía un bebé y decía: ‘¡Ay, tan lindo!’. Embarazarme no disminuye mi masculinidad; por el contrario, me confiere una capacidad adicional”, razona Fernando.

A él le dan antojos. Esta semana estaba desesperado por comerse una galleta Samba de fresa, y al día siguiente la carne mechada que hace su mamá. A veces no puede aguantar las náuseas. Disfruta del embarazo como cualquier mujer y lo comparte con Diane al máximo. De paseo por un centro comercial para comprarle ropita al bebé, un body blanco manga larga de algodón enternece a Fernando, y Diane no duda en complacerlo: “Vamos a comprarlo, mi amor”. Él se lo agradece dándole un beso en la boca y algunos en la tienda  no disimulan su intriga.

“Embarazarme no tiene nada que ver con mi activismo, pero hacerlo público sí. Embarazarme era mi deseo y mi derecho de formar una familia como cualquier persona. Si estoy capacitado y tengo un vientre, ¿por qué no? Pero  entiendo la trascendencia, en términos de educación en derechos humanos, de ser el primer transexual masculino venezolano en quedar embarazado. Creo que hacerlo público contribuye a abrir las mentes para lograr que todos celebremos la diversidad sin dobles morales”, insiste Fernando.

La pareja no se casó en Ecuador porque Diane ha dicho públicamente que no lo haría hasta lograr el matrimonio civil igualitario en ese país. Entienden que la transfobia es una violación de los derechos humanos que no conoce fronteras y están dispuestos a poner a prueba a las instituciones de cualquier Estado.

Hay quienes piensan que el matrimonio es una institución heteronormativa, que no tiene nada que ver con el deseo de una pareja sexodiversa de compartir la vida. Diane considera que, independientemente de las posturas personales, es preciso hacer todo lo que sea necesario para fomentar la inclusión y erradicar la discriminación en cualquiera de sus formas.

Por encima del activismo en beneficio de la comunidad LGBTI, Fernando y Diane actúan en correspondencia con un sentimiento más fuerte: la paternidad, liberada de sexismo y más bien asumida como una responsabilidad compartida entre madre y padre. Por eso regresaron a Ecuador ayer para que él dé a luz allá, en un país con mayores garantías de protección estatal para su hijo.

Fernando lamenta que las autoridades que los han maltratado durante las últimas dos semanas no hayan pensado en el interés superior del niño que inspira la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes: “Si no entienden nuestra transexualidad, menos aún que soy un venezolano embarazado y que mi niño debe ser protegido por el Estado venezolano. Tenemos una certificación médica de que nuestro bebé también ha sufrido con toda esta situación. La transfobia es una limitación y a veces un delito. Si bien los responsables directos son los transfóbicos, también implica un problema social por la discriminación que acarrea, y todas las personas, no solo los más afectados por la intolerancia,  podemos contribuir a solucionarlo”.  

La pareja asegura que su capacidad para ser padres no es solamente biológica. “Puedo amamantar como cualquier mujer, tengo senos pequeños pero cumplidores. Se trata, principalmente, de que nuestro embarazo y deseo de construir una familia es el fruto de un amor verdadero”, dice él. Y ella lo complementa: “Aspiramos a darle una educación integral a nuestro niño, que incluya las herramientas que le permitan ser una persona que se respete a sí mismo y que respete a los demás. Quizás tenga más ventajas que los hijos de algunas parejas heterosexuales, al menos de esas que discriminan a los demás por su orientación sexual o identidad y expresión de género”.

¿Dos damas?

Durante las primeras horas de la mañana del 2 de marzo todo transcurrió con normalidad en el Registro Civil de Naguanagua. Mariana y Jeixú se casaban. Junto a sus familiares y amigos (aproximadamente 20 personas) ocuparon las instalaciones de la oficina pública, formalmente adscrita al Consejo Nacional Electoral, pero administrada por el alcalde de Naguanagua, Alejandro Feo La Cruz. A las 10:00 am la pareja salió celebrando. A ritmo de reguetón, en un vehículo adornado con lazos y la inscripción “recién casados” en el parabrisas trasero abandonaron el lugar sin inconveniente alguno.

Sin embargo, cuando les tocaba el turno a Fernando y Diane todo cambió. Incluso antes de que la pareja llegara al lugar, cuando advirtieron la presencia del equipo reporteril de El Nacional, dispuesto a reseñar el primer matrimonio entre transexuales en Venezuela, la entrada principal del registro fue cerrada y desalojaron a todos los usuarios que permanecían dentro. “Regresen en la tarde o mañana para continuar sus trámites”, les dijeron. Y se presentaron  cuatro funcionarios de la policía municipal para reforzar la seguridad.

La cerrazón fue mayor cuando llegaron Alexander Moreno, Daniel González y Jessica Polo, otros tres activistas de AXA.

—Venimos a casarnos —se anunció Fernando.

—La registradora Dayana Rodulfo no está —respondió Bárbara Garcés, una mujer que vestía chaqueta negra de la Policía de Naguanagua.

—Eso es mentira, porque acabamos de verla —dijo Fernando.

Durante la hora y media siguiente se prolongó una espera infructuosa a las puertas del registro. En el interior del local todos los funcionarios permanecían a la expectativa, sin nada que hacer, más allá de jurungar sus teléfonos celulares e impedir que Fernando, Diane y sus acompañantes entraran.

Fernando perdió la paciencia en pocos minutos porque en el camino de diligencias para casarse ya habían sido vejados varias veces: “Yo le había otorgado un poder a mi mamá y ella había hecho la solicitud de matrimonio con suficiente anticipación. Le dijeron que todo estaba en orden y nos fijaron fecha para casarnos hoy. El 22 de febrero, cuando vinimos personalmente, la registradora Dayana Rodulfo nos exigió que, adicionalmente, trajéramos una certificación emitida por las autoridades de Ecuador para verificar el sexo masculino de Diane, pues no le bastaba con que sus documentos de identidad solo indicaran la letra ‘M’. Esta funcionaria pretendía cambiar una nomenclatura mundial. Sin embargo, le trajimos el papelito, firmado y sellado por la Cónsul de Ecuador en Valencia, donde se leía con todas su letras la palabra masculino”. Fernando y Diane grabaron su conversación con Rodulfo y la divulgaron a través de la red Youtube, a modo de denuncia, pues están convencidos de que han sido víctimas de violaciones de sus derechos humanos. El video puede ser consultado en la cuenta en la red social de la Asociación Silueta X.

Lo peor había ocurrido a las 2:00 pm del 23 de febrero, en la oficina local de la Defensoría del Pueblo. Allí fueron atendidos por Willman Ramírez: “Al ver la cédula de identidad de Fernando, que lo identifica como María Fernanda Machado, suelta una risa, como si hubiese leído un chiste. Nos dice que tiene que consultar con la doctora Ixolanda Gómez, defensora del pueblo del estado Carabobo. Se demora una hora más. Aparte de las mofas de la transexualidad de Fernando y la mía, el señor Wilman Ramírez nos dice que imposible casarnos porque somos dos damas”, relató Diane en una carta dirigida a la ministra para la Mujer e Igualdad de Género, Gladys Requena, que no tuvo respuesta. El vejamen sufrido en la Defensoría del Pueblo también fue difundido en Youtube. Al mediodía, la hora del almuerzo sirvió de coartada para desalojar el registro y sacar del lugar a la registradora Rodulfo, que se mantuvo oculta en su oficina. La madre de Fernando, que aguardaba en su vehículo los resultados de las gestiones, también soportó la espera y el desalojo. “Uno cría a los hijos con el alma, y a los míos los defiendo como una tigra”, expresó en respaldo a Fernando.

A diferencia de Mariana y Jeixú, la pareja heterosexual que se había casado sin inconvenientes poco antes, Diane y Fernando salieron del Registro de Naguanagua expulsados. “Pero con la dignidad intacta. Aquí la indigna es la registradora Dayana Rodulfo. ¿Cómo es posible que, como una muchachita que comete una travesura, hoy se haya escondido y no haya dado la cara para darnos una respuesta. Es más, sin que me quede nada por dentro, debo decir que esa señora es una delincuente”, sentenció Fernando como quien da mazazo.