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El apostolado de Jesús y compañía

En 2016 la Compañía de Jesús cumplirá 100 años en Venezuela / Francesca Commissari

En 2016 la Compañía de Jesús cumplirá 100 años en Venezuela / Francesca Commissari

En 2016 la Compañía de Jesús cumplirá 100 años en Venezuela. La congregación a la que pertenece el papa Francisco ha sido la gran aliada de los sectores populares del país. Desde el púlpito, el aula de clases, la investigación política, el estudio de la lengua, la labor comunitaria, incluso desde el circo, los jesuitas intentan mejorar el entorno social

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El padre Robert Urdaneta no parece ser el párroco de una iglesia. Tiene 37 años de edad, viste franela blanca, de esas tipo Ovejita, pantalones de grandes bolsillos y un koala. Cuando visita la escuela, los niños lo abrazan, quieren jugar con él, como si fuera un tío divertido. Lleva como único símbolo, en el cuello, una cruz de madera colgada de un cordón. Sólo eso. Pero, aunque por su pinta no lo aparente, Urdaneta es el sacerdote de Jesús Obrero, una de las siete parroquias populares que la Compañía de Jesús tiene en Venezuela.

La parroquia Jesús Obrero de Catia fue erigida por monseñor Arias Blanco en 1953 y desde entonces ha pertenecido a los jesuitas. Urdaneta hace énfasis en que empezó con una capilla, pero la idea de la congregación era hacer en esa comunidad desasistida algo más. Y ese algo más se convirtió en algo mucho más.
Ese mucho más desde afuera no es más que un edificio de ladrillos, que no despierta asombro. Una construcción cuadrada, sin mucha pompa, un inmueble de cuatro plantas y ventanas minúsculas, que parece industrial. Eso sí, es grande –enorme– en comparación con las casas del barrio que lo rodea.

Está situado en la calle real de Los Flores de Catia y ocupa una cuadra entera. Una cruz alargada sobre lo que parece la entrada de un estacionamiento es la única imagen visible que anuncia que allí abajo, en un semisótano, hay una iglesia, que luce escondida bajo la gran obra educativa que ha creado: el Instituto Técnico Jesús Obrero.

La descripción del edificio no es gratuita. Esta estructura parece una metáfora de la orden que la fundó: los jesuitas, conocidos por la magnitud de sus obras sociales.  

La congregación ha estado muy en boga en los medios por estos días. Hace un mes fue elegido el primer papa perteneciente a la Compañía de Jesús, que en la actualidad es la orden católica masculina con más miembros: aproximadamente 18.000 en todo el mundo. El papa Francisco, antes obispo de Buenos Aires y cuyo nombre es Jorge Mario Bergoglio, es además el primer pontífice latinoamericano de la historia.

Todo para el barrio. El Instituto Técnico Jesús Obrero es un complejo educativo que comprende la educación de un joven desde la primaria hasta la universidad. Un tipo de enseñanza, por demás, olvidado en Venezuela: la formación técnica. “Recibimos a los estudiantes desde los 7 años de edad y salen a los 22, son 15 años de formación técnica y humano-cristiana”, relata Urdaneta.

Los números realzan lo que es la labor: en la actualidad hay 424 alumnos en primaria, 900 en bachillerato técnico, 230 hacen cursos cortos y 1.749 estudian en el instituto universitario. Allí se creó el primer bachillerato técnico y se graduó la primera promoción de programadores de informática del país. “Dios, patria, hogar, trabajo” es su lema.

También está inserta en la localidad desde el punto de vista económico, porque es una educación asequible. Los representantes de los alumnos que estudian primaria y bachillerato pagan lo que pueden, se trata de una contribución voluntaria que se acuerda al comenzar el año, mientras que la universidad cuesta sólo 20 bolívares el semestre.

Estos montos se logran gracias al apoyo de la empresa privada.
Urdaneta refiere que “hay cierto resentimiento de algunos fieles porque lo educativo le quitó espacio a lo ritual”. Sin embargo, aunque la capilla no tiene la altivez de una iglesia gótica, las misas se llenan de una feligresía entusiasta.

Pero no es la única labor de los jesuitas en la parroquia. Allí está la primera escuela Fe y Alegría creada en Venezuela, que lleva el nombre de Abraham Reyes, el albañil que donó la primera casa para que el padre José María Velaz pudiera emprender en 1955 su idea de la educación popular. También allí está la sede principal del movimiento de pastoral juvenil Huellas, que nace después de los sucesos violentos del Caracazo, en 1989. La organización funciona en todo el país, pero su sede central está allí, en Catia.

“Nuestra idea es la formación de líderes para el mundo que queremos”, indica su director, el padre Rafael Garrido. No se trata de formar jóvenes para que sean sacerdotes, sino muchachos con valores cristianos y sensibilidad social. En la actualidad 8.748 jóvenes de entre 12 y 22 años de edad pertenecen a este programa.

En Los Flores de Catia también está la residencia de diez sacerdotes jesuitas que viven insertos en la comunidad. Son de distintas edades y sus líneas de trabajo demuestran la diversidad de vocaciones desde las cuales los jesuitas sirven a la Iglesia. Allí vive, por ejemplo, el padre Pedro Trigo, teólogo de la liberación, reconocido investigador en el tema de la sociología del barrio; está el padre Francisco Remírez, director de la distribuidora Estudios, que se encarga de la edición y venta de libros; está también el padre Manuel Aristorena, director de Fe y Alegría; y el padre Rafael Garrido, que siempre ha trabajado con los jóvenes.  

Actuar en la periferia. En Semana Santa, el papa Francisco pidió a los sacerdotes de todo el planeta servir a los pobres, a los cautivos y a los oprimidos, así como llegar a “las periferias, donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe”. Todas son tareas que han emprendido los jesuitas en Venezuela.

Algunas de las obras de la Compañía de Jesús en el país son muy conocidas, como las escuelas Fe y Alegría; otras han sido menos difundidas, como el apoyo que ofrece a los refugiados.

En 2016 se cumplirán cien años del establecimiento de los jesuitas en el país. La Compañía de Jesús fue creada en 1540 por el vasco Ignacio de Loyola. Si bien hubo jesuitas durante la Colonia en Venezuela, fueron expulsados en 1767 (como ocurrió en otras partes del mundo) y no fue sino hasta el siglo XX que regresaron y emprendieron su labor renovadora, fundamentalmente en el área de la educación.

“Las personas se sorprenden con algunas actitudes del papa Francisco, pero los jesuitas somos así. Nuestro fundador Ignacio de Loyola decía que debíamos ir a lugares donde no hubiera nada, ese dinamismo contrasta con una iglesia muy estable”, indica el padre Wilfredo González, director de la revista SIC.

Sin embargo, señala que el concepto de la misión ha cambiado, ahora no se trata de ir a zonas geográficas inaccesibles, sino que esas fronteras que se fundan pueden estar dentro de las urbes más modernas. “La presencia de la Compañía de Jesús en el barrio o en la zona fronteriza no es sólo para que la gente vaya a misa, es para acompañar sus tradiciones, su diversidad cultural, su acción social”.

Los religiosos en el barrio establecen relaciones personales que los conectan con los más humildes. “En esa cercanía su sensibilidad se configura”, dice González y afirma que así se enfrentan con problemas muy concretos. “Por eso el marco de acción de los jesuitas es muy amplio, en Venezuela tenemos desde un sacerdote que hizo un libro para aprender a leer, hasta unos que hacen investigación política, todos contribuyen con el desarrollo de la sociedad”.

Muchos frentes. En la parroquia de El Nula, en el Alto Apure, la radio Fe y Alegría es la única que se escucha y sirve a los ciudadanos para denunciar atropellos por parte de funcionarios y militares en tan compleja zona. Allí, además, prestan asesoría legal y apoyo a las personas refugiadas. Muy distinta es la tarea en la parroquia de Maturín, donde los jesuitas han emprendido actividades para fortalecer la enseñanza de Matemáticas y Lengua.

La Compañía de Jesús evalúa en particular las necesidades de cada zona y basados en ellas emprende acciones. Estas parroquias, al igual que Jesús Obrero, están regidas por los jesuitas según el concepto de parroquia social. Se trata de un modelo de inserción que busca acompañar a la comunidad en sus procesos eclesiásticos, pero también sociales. En Caracas hay otra parroquia popular en La Vega y tres más están en el interior del país: en Guasdualito, en Barquisimeto y en Mérida.

Los jesuitas son muy conocidos por sus colegios privados, así como por sus casas de estudios superiores: la Universidad Católica Andrés Bello y la Universidad Católica del Táchira. Pero tampoco estas instituciones se aíslan del país, desde ellas también se emprende el trabajo social. Otro brazo fuerte de la orden es la investigación: el Centro Gumilla, fundado en 1968, es una institución que fomenta la reflexión sobre las alternativas para mejorar la vida en sociedad. Otros campos de acción son el Servicio Jesuita a Refugiados, que acompaña a las personas que deben salir de sus regiones para protegerse; la fundación Causa Amerindia, que trabaja a favor de las comunidades indígenas; o las casas hogares Virgen de los Dolores, para atender a los niños en situación de riesgo.

“Fe y Alegría comienza donde termina el asfalto” fue durante muchos años el lema de la organización de educación popular. La obra de los jesuitas en Venezuela ha sido similar a esa frase: ha labrado caminos donde se han desdibujado.

Las muchas caras de una misión religiosa
 
1.- La labor religiosa tradicional no es abandonada por los jesuitas. Por ejemplo, en la parroquia Jesús Obrero se ofrece a diario misa, a la cual asisten numerosos feligreses. Allí donde se trasladen los sacerdotes de la Compañía de Jesús buscarán fortalecer la organización popular a través del trabajo social, sin olvidar la espiritualidad.

2.- La educación técnica ha sido uno de los grandes aportes de los jesuitas en Venezuela. En el Instituto Técnico Jesús Obrero, los estudiantes pueden graduarse de bachilleres y a la vez asistentes administrativos, programadores o electrónicos. En el instituto universitario cursan Educación, Contaduría, Electrotecnia, Electrónica e Informática.

3.- En la actualidad, Fe y Alegría –proyecto fundado en Venezuela en 1955– opera en 19 países de América Latina y en España. La iniciativa del padre José María Velaz, que nació con una pequeña escuela en el 23 de Enero, tiene renombre internacional y comprende la educación formal y no formal, así como la capacitación de los docentes.

4.-Desde 1999 el Parque Social Padre Manuel Aguirre ha impulsado el encuentro entre la Universidad Católica Andrés Bello y la comunidad. Cuenta con servicios de salud, asesoría jurídica y económica, y apoyo psicológico y educativo. Alrededor de 170.000 personas al año se benefician con alguno de estos programas.
 
 
CIFRAS
 
967 unidades de servicio –escuelas, emisoras de radio, centros de atención, educación técnica y universitaria, entre otros– tiene Fe y Alegría en Venezuela. Además, está presente en 19 países de América Latina y en España.
 
24.196 alumnos de pregrado y posgrado tienen la Universidad Católica Andrés Bello y la Universidad Católica del Táchira.
 
752 ediciones de la revista SIC ha publicado el Centro Gumilla hasta marzo de 2013. El impreso tiene más de 70 años haciendo un análisis político, económico, social y cultural de la realidad venezolana.
 
111 sacerdotes jesuitas hay en Venezuela, además de 6 hermanos y 33 estudiantes. Entre 4 y 6 jóvenes ingresan cada año en el seminario para empezar la vida religiosa.
 
117.834 servicios en el área médica prestó el Centro de Salud Santa Inés UCAB en el año 2012.
 
8.748 jóvenes de entre 12 y 23 años de edad forman parte del movimiento pastoral juvenil Huellas, quienes trabajan con valores.
 
1.404 personas en condición de solicitante de refugio atiende en la actualidad la Compañía de Jesús.