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La alegría por vía endovenosa

La educadora y bailaora de flamenco venezolana Virginia Castelló

La educadora y bailaora de flamenco venezolana Virginia Castelló

La educadora y bailaora de flamenco venezolana Virginia Castelló lleva el arte a diez hospitales de Madrid. Gracias a su organización Música en Vena los pacientes oncológicos tienen acceso a conciertos, espectáculos y exposiciones

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Los pacientes la esperan ansiosos en sus cuartos. Por un momento se olvidan del cabello rapado, de la quimioterapia, de los dolores, y se dejan envolver por la música. “Allá viene la señora de la guitarrita”, dicen. Y ella va, de habitación en habitación, con su voz, su cuatro y un enorme repertorio de canciones venezolanas.

Virginia Castelló es una caraqueña que se ha ganado el corazón de los hospitales españoles, por su labor de acompañar a los enfermos a través del arte. Hace menos de un año creó una organización sin fines de lucro llamada Música en Vena. Su actividad se comenzó a conocer y en poco tiempo ha sido reseñada por varios medios de comunicación ibéricos como Televisión Española y los diarios El País y El Mundo.

 

Vencer el tedio. Castelló estudió Educación y Música en Caracas, donde también fue modelo, pero decidió irse a España en 1990 persiguiendo su sueño de bailar flamenco. Allí perfeccionó su técnica y decidió radicarse. Se casó y tuvo morochos. La vida transcurrió sin novedades hasta que su cuñada Marianela García de Cubas cayó enferma. Durante cuatro años la acompañó en su lucha para combatir un sarcoma muy agresivo. “Yo estaba todo el tiempo con ella en el hospital, hablábamos, veíamos películas, ella me decía que me fuera, pero yo no quería”, cuenta por teléfono con un fuerte acento español.

Notó que los pacientes del servicio de oncología pasaban mucho tiempo sin hacer nada y que las organizaciones de ayuda no se preocupaban por la recreación. Sólo les llevaban periódicos y café. “Qué aburrido, pensaba a la vez que me decía a mí misma que había que hacer algo”, indica. Y habló con el oncólogo Ricardo Cubedo, quien la apoyó en la idea de hacer una actividad para vencer el tedio de los enfermos. Ella le propuso al mago venezolano Rafael Benatar que hiciera una presentación en el hospital. Ese fue el primer espectáculo. Al ver la reacción de los pacientes, Castelló no quiso detenerse.

Hace dos años, su cuñada falleció. Pero su permanencia en el hospital Puerta de Hierro de Majadahonda motivó a Castelló a crear, junto con su ahora ex esposo Juan Alberto García de Cubas, la asociación sin fines de lucro Música en Vena que en estos momentos llega a diez hospitales de la seguridad social española. A través de esta fundación (que hasta ahora no ha conseguido financista), Castelló realiza diversas actividades culturales para acompañar a los enfermos: desde presentaciones de artistas en las habitaciones, hasta micro espectáculos y grandes conciertos. Un día, por ejemplo, mientras un grupo de pacientes recibe tratamiento, un chelista puede estar tocando una melodía para hacerles el momento más grato.

 

Pulso cultural. Jazz, música clásica, flamenco, todos los géneros han sido bienvenidos. Gracias a las gestiones de Castelló, muchos artistas famosos se han presentado en los hospitales, entre ellos los cantantes españoles Rosario Flores y Diego el Cigala, el pianista argentino Federico Lechner y la bailaora de flamenco venezolana Daniela Tugues. “Yo me voy a los conciertos y los clubs, espero que actúen y después les pregunto si quieren presentarse en el hospital gratis. Después que lo hacen, los artistas quieren repetir”.

Además, Castelló recurre al uso de iPad con una selección musical individualizada para cada paciente. También está comenzando a hacer exposiciones de artes plásticas a través de diapositivas. “Nuestra intención es llevar al hospital todo el pulso cultural de la ciudad, para que los que están enfermos se distraigan, se desconecten, se serenen, pierdan el miedo”.

No contenta con su propia fundación, la educadora trabaja además como voluntaria en otras dos organizaciones que hacen labor en los centros de salud. Cada lunes va al servicio oncológico del hospital Gregorio Marañón para cantarles a los niños. “Es muy hermoso, les doy instrumentos de percusión y los familiares y los niños tocan mientras canto, algunos bailan. La música tiene un efecto terapéutico; por ejemplo, a un paciente que le iban a hacer una punción lumbar le puse música en un iPod y no sintió el pinchazo”.

Como 27% de la población española, Castelló no tiene trabajo. “Vivo de la pensión de divorcio, acá está muy mal la situación laboral. Todo lo hago por voluntad, los hospitales no pueden pagarme ni el ticket del estacionamiento, pero es lo que me gusta hacer. Es una lección de vida, nada es tan grato como la sonrisa de los pacientes porque uno les da 45 minutos de alegría luego de hacerse sus tratamientos”.

Asegura que su nuevo oficio la hizo cambiar. “Antes me preocupaba mucho por el futuro, me quejaba por tonterías, pero desde que mi cuñada enfermó y luego de dedicarme a los hospitales, mi vida cambió totalmente, veo las cosas más positivas. Me encanta ayudar a toda esa gente que sufre, me involucro”.

La relación con los pacientes es intensa. Recuerda a Marta, una mujer delgada que en uno de los conciertos llevaba el ritmo del flamenco con las palmas como una bailaora más. Cuando los demás espectadores se fueron a los cuartos y los músicos estaban guardando los instrumentos, ella pidió que le tocaran una alegría, que es un tipo de melodía flamenca. Entonces comenzó a bailar. No le importaba que su brazo estuviera conectado a una máquina, ella bailó y bailó. “Me duelen los huesitos”, dijo y luego afirmó que si todos los días recibía notas musicales no necesitaba medicamentos. “Mejor que un chute de morfina me traen esta musiquita.”, fueron unas palabras de Marta que Castelló recuerda y que la hacen sentirse cada vez más segura del poder sanador del arte.