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La alegría de estar sin conexión

El bloguero Anil Dash (i) y la fundadora de Flickr, Caterina Fake / Archivo

El bloguero Anil Dash (i) y la fundadora de Flickr, Caterina Fake

El bloguero Anil Dash; la fundadora de Flickr, Caterina Fake; el creador de Twitpic, Steve Corona, y la ex empleada de Facebook Katherine Losse decidieron desconectarse por un momento, por un mes o para siempre, y disfrutaron de la vida que surgió al "cerrar la sesión"

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Sí. Es posible vivir sin estar siempre conectado. Esa fue la conclusión que Anil Dash, bloguero y emprendedor digital de Nueva York, descubrió después del nacimiento de su primer hijo, Malcolm.

Este fanático de la tecnología estuvo off line cerca de un mes, rara vez publicó algo y ni siquiera salió de su casa. "Fue maravilloso. No me faltaba nada. Era un estado de completa alegría", escribió tiempo después en su blog Dashes.com. A cambio de esta desconexión, estuvo presente en los primeros baños de su hijo y pudo hacerlo dormir. ³Esa es la alegría de perderse², declara.

"Trato de reconsiderar periódicamente mi relación con todos los medios de comunicación y la llegada de mi hijo sólo me impulsó a hacerlo incluso con más fuerza. Es bueno tener a alguien como él, que no se preocupa por lo que pasa en Internet o lo que sucede con mis amigos en otras partes del mundo", dice el bloguero. El nacimiento de su primogénito frenó su hiperactividad en las redes sociales.

"Generalmente nos dicen que la tecnología es la responsable de los temores, inseguridades y tensiones que surgen en nuestra vida social, pero yo no creo eso", afirma Dash. Para él, las personas también deberían esforzarse por desconectarse para pasar tiempo con los buenos amigos y seres queridos.

Además, decidió no guiarse más por los caprichos de algunas aplicaciones de su smartphone e incluso ha dejado de asistir a actividades que seguro serían trending topic.

"Todos nos autoimponemos la presión de estar conectados todo el día. La clave es entender que no hay castigo si nos desconectamos o descansamos de los medios de comunicación social", dice.

Cada cinco minutos. El concepto de JOMO, con el cual el bloguero Dash ejemplificó la alegría de desconectarse, proviene de FOMO, término con el que Caterina Fake, cofundadora de Flickr, identifica la angustia que las redes sociales provocan en las personas. Ese miedo que causa perderse un acontecimiento importante en la vida real, pero que ven a través de publicaciones en Twitter o fotos en Facebook.

"FOMO es una idea que se aplica especialmente a los medios de comunicación social, allí vemos lo que nuestros amigos hacen todo el tiempo. La gente sube fotos, escribe tweets y publica en los blogs cuando realiza cosas divertidas, interesantes; así, es fácil sentirse excluido del mundo real cuando estás solo en tu casa viendo las actualizaciones de estado de un conocido que cuenta la gran fiesta en la que está participando", indica Fake.

La creadora de Flickr señala en un post cómo la neuroquímica, que mantiene a los cibernautas comprobando Facebook cada cinco minutos, es similar a la que se produce cuando se quiere alimentar una adicción. "Se trata de un viejo problema agravado por la tecnología. Los medios sociales no han logrado encontrar un verdadero significado para las conexiones reales, las amistades verdaderas, el humor, el sacrificio, la alegría, la profundidad, el amor. Pero eso es lo que estamos buscando cuando iniciamos una sesión en alguna red social", escribe.

Ermitaña en Facebook.
Katherine Losse llegó a convertirse en la empleada número 51 de Facebook en 2005. Su papel era responder las preguntas y comentarios que los usuarios dejaban en el sitio de la red social. Luego se convirtió en la persona que escribía en nombre de Mark Zuckerberg en el blog oficial del sitio.

Pero no todo fue color de rosa. Ella tenía una clave maestra que le daba acceso a todos los perfiles de los usuarios para resolver temas de legalidad. Se sintió vulnerada cuando publicaron una fotografía de ella junto a Zuckerberg en una fiesta. Era una imagen para probar el sistema de carga de fotos.

En 2010 decidió renunciar y vivir, con lo que ese trabajo le había dejado, en Marfa, Texas, un pueblo aislado de no más de 2.000 personas. Ahí cerró su cuenta de Facebook.

"Es hora de renegociar la relación que tienen las personas con la tecnología. Yo estaba en el centro de un fenómeno que dejó a cientos de millones de personas con conexiones al instante, con estrecha cercanía, pero con una pérdida importante de la intimidad", declaró al Washington Post.

Ella quería vivir, al menos por un tiempo, lejos del brillo del mundo digital y desarrollar su lado más artístico.

Losse decidió escribir un libro, que fue lanzado hace dos meses, sobre su experiencia y los episodios que vivió en la compañía. Lo llamó El niño King.

Un viaje al corazón de la red social, y para eso utilizó Wi-Fi , un computador y su correo electrónico. Pero esta vez, como señala en una entrevista, se acercó con cautela.

Losse eventualmente reabrirá una cuenta de Facebook, pero no para hacer amigos, sino porque es una buena ventana para mostrar su trabajo de escritora. Prefiere conversar por teléfono, por correo electrónico o, mientras sea posible, en persona. "He encontrado un punto de equilibrio entre la conexión y desconexión tecnológica. No se puede escapar de Facebook. Es todo. Está en todas partes", expresa.

Un mes de "desintoxicación" le cambió la vida Steve Corona es un joven como cualquiera. Fue a la universidad y se graduó de ingeniero en iformática. Pero después tuvo una idea brillante que revolucionó la forma de compartir fotos en Twitter. Creó Twitpic, cuando la plataforma de 140 caracteres aún no mejoraba su sistema de imágenes.

Hasta que un día, a mediados de mayo y con 25 años de edad, sintió que las redes sociales como Facebook y Twitter le estaban consumiendo la vida.

"Siempre que nos juntábamos con mis amigos, más de alguno revisaba su Twitter. Era normal, pero era estúpido", dice.

Corona pensó que desconectarse le ayudaría a lograr mucho más que lo que ya había ganado. Decidió que estar 30 días sin las redes sociales era tiempo suficiente para cambiar sus hábitos. Un mes que definió como "el de mayor éxito de su vida". El paso a paso fue así:

1. Durante sus primeros días tuvo síndrome de abstinencia. Se imaginaba abriendo una nueva pestaña de Google Chrome y escribiendo "Facebook.com".

2. Logró olvidarse de Twitter, pero solía perderse en las conversaciones con sus amigos cuando estos le decían: "¿Viste las fotos que te etiquetaron en Facebook?". La respuesta era no. "Los beneficios fueron evidentes de inmediato. Con una mente libre para pasear y explorar, comencé a crear cosas, escribí un blog, un libro y me sentí exitoso", cuenta Corona.

3. Su rutina sufrió un vuelco. Antes, después de despertar, revisaba Facebook y Twitter. Mientras que en su período de abstinencia se levantaba, desayunaba, se preparaba un té y meditaba 10 minutos.

4. Al cabo de varias semanas construyó fuertes amistades e incluso encontró una novia. "No saber lo que tus amigos están haciendo cada segundo es liberador. Es increíble lo mucho que podemos hablar cuando no tenemos un enchufe constante en la vida", afirma. La desconexión también le trajo beneficios físicos porque ahora trota 5 kilómetros diarios.

5. Después de un mes, Corona no quiso volver a su antigua rutina: "Lo que aprendí con esto es mucho mejor. Estoy de vuelta en las redes, pero no soy el mismo. Ya no uso Facebook ni Twitter desde mi celular".

Cuando se le pregunta qué le diría a los jóvenes que están hiperconectados, Steve Corona es enfático: "¡Salgan de ahí! Facebook y Twitter son un desperdicio en sus vidas. Revísenlo sólo una vez al día y vean dónde los lleva esa simple acción".