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Venezuela está en riesgo de una emergencia nutricional

Venezuela está en riesgo de una emergencia nutricional

Venezuela está en riesgo de una emergencia nutricional

 “En términos de desnutrición y mortalidad, estamos transitando hacia situaciones de alarma”, advierte Susana Raffali, nutricionista experta en seguridad alimentaria

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En Noruega y Suecia el reciclaje es tan eficiente que los desperdicios no alcanzan para que las plantas de energía generen calefacción y electricidad. Importan basura de Inglaterra e Italia. Pero el caso particular de Venezuela no es alentador. La marginal alternativa de completar los platos de comida con residuos de la basura es una expresión del hambre.

Susana Raffalli, nutricionista experta en seguridad alimentaria en situaciones de emergencia y desastre, asegura que estaría bien reciclar vegetales y hortalizas cuando no hay problemas de alimentación básica, pero en este contexto, en el que sí los hay, comer de los desperdicios de un mercado municipal “es sinónimo de la destitución y la privación nutricional absoluta”.

“No es normal, es excepcional, sobre todo en una población como la venezolana que nunca ha estado acostumbrada a vivir en el déficit”, asegura la especialista.

Los sistemas internacionales definen las crisis alimentarias por criterios como la extensión geográfica, la cantidad de personas afectadas y la capacidad del Estado para manejar el problema. Se clasifican en cinco estadios: inseguridad alimentaria mínima, inseguridad alimentaria acentuada, crisis de inseguridad alimentaria, emergencia nutricional y catástrofe humanitaria o hambruna.

La hambruna se identifica en países como Siria o en áreas geográficas devastadas por tragedias naturales.

“Venezuela con sus características peculiares tiene un poco de cada fase. En términos de desnutrición y mortalidad, estamos transitando hacia situaciones de alarma, pero en términos de disponibilidad de alimentos, del acceso que tiene la población a ellos, estamos en una franca situación de crisis de inseguridad alimentaria con expresiones de una emergencia nutricional evidente”, afirma Raffalli.

La última Encuesta de Condiciones de Vida, hecha por la UCAB, indicó que para el año 2015 a 93% de las familias más pobres y a 87% del total de los encuestados el dinero no les alcanzó para su alimentación. Reveló además que 12,1% dejó de comer una o dos veces al día. Con un sueldo mínimo de 15.051 bolívares mensuales, que equivale a 500 bolívares diarios, el resultado no sorprende.

Debido a la escasez de productos no hay suficiente diversidad y, por ende, no se ingiere una dieta saludable. Además, el ascenso desmedido de los precios afecta directamente la nutrición de la población. En 2015 la inflación de alimentos fue de 315%, según el Banco Central de Venezuela. Este año, la canasta básica familiar medida por el Cendas ascendió a 256.146,79 bolívares en abril: para adquirir los 58 alimentos que la integran se requieren 22,1 salarios mínimos. La necesidad más esencial del ser humano, alimentarse, cada día se le imposibilita más al venezolano.

Un kilo de carne cuesta aproximadamente 5.000 bolívares. Rodrigo Agudo, especialista en producción agroalimentaria, presentó en el foro Corrupción y Hambre, una Realidad Inexcusable, organizado por Transparencia Internacional, unas estimaciones basadas en las memorias y cuentas del Ministerio de Alimentación. El promedio anual de consumo de carne por persona es de 28,7 kg. Este año se calcula que el consumo sea de 4,1 kg, es decir 85,7% menos que el promedio.


Repercusión en el futuro

La crisis de inseguridad alimentaria severa será causa de un deterioro notable en las condiciones de salud de la población en el futuro.

“Si una mujer embarazada se expone a una situación de escasez de alimentos y no come bien tiene un déficit de nutrientes. Esto afecta en la expresión genética de cómo se comporta en un escenario metabólico y en los riesgos de obesidad, de diabetes, de hipertensión. Estamos empezando mucho más temprano a generar daño”, explica Marianella Herrera, coordinadora del Observatorio Venezolano de la Salud e investigadora de la Fundación Bengoa.

Las emergencias nutricionales pueden ser súbitas, como un terremoto, o de instalación lenta, como está ocurriendo en el país, es decir, que van generando una situación cada vez más insostenible hasta producir efectos sobre el estado nutricional y la salud de la población.

“Lo que está pasando ahora en términos de desnutrición afecta especialmente a la población infantil de forma irreparable. Es un problema intergeneracional. No hay justicia restaurativa posible para el daño cognitivo que el Estado como gestor del sistema alimentario genera en los niños”, señala Raffalli. 


Menos comida

Para Agudo un país es autónomo y tiene soberanía alimentaria cuando profundizando su productividad se autoabastece y genera excedentes para exportar y así ganar divisas para cubrir las importaciones de lo que no puede producir.

De 2000 a 2013 todos los países de América Latina aumentaron las exportaciones, a excepción de Venezuela, que hizo lo contrario: las disminuyó en 90% y triplicó las importaciones. De 12.000 millones de dólares pasó a importar 55.000 millones de dólares. Se abandonó la producción agrícola y la importación de alimentos pasó de 12% a 18%, sostiene Agudo.

“Hoy ya no tenemos dólares para importar. Se calcula que este año las importaciones alimentarias estén por debajo de los 7.000 millones de dólares, es decir, 41% menos que en 2012. La caída significa más hambre. Cada día producimos menos y la agricultura es la única fuente de ingreso en 15 estados del país y en otros 4 estados 40% del producto interno bruto se basa en la agricultura. Si no reconstruimos todo el proceso agrícola será imposible rescatar una economía de forma sustentable. Si el gobierno no reconoce el problema ni solicita ayuda alimentaria será difícil recuperarnos”, considera Agudo.