• Caracas (Venezuela)

Siete Días

Al instante

Venezuela sufre los mismos problemas que acabaron con el socialismo real

Listas de espera de entre 3 y 15 años para adquirir un carro, colas para obtener los productos básicos, aumento de precios, racionamiento de alimentos para el común de la población y privilegios para una élite en el poder. Así fueron los últimos años en los países de Europa oriental antes del colapso del socialismo clásico que implantaron sus gobiernos. En los años noventa se vieron obligados a dar un golpe de timón para abrirse al mercado y reducir el peso del Estado en la actividad económica. La experiencia soviética sirve de espejo a Venezuela, donde el “socialismo del siglo XXI” derivó en una “economía de la escasez”. El país afronta hoy una disyuntiva similar: seguir por el camino ideológico o dar un giro que acabe con las colas para comprar comida. El nuevo asesor económico del presidente Nicolás Maduro, el español Alfredo Serrano Mancilla, vinculado a Podemos, va por la vía de profundizar el modelo actual

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Si se asume que una mujer sale a la calle con la intención de comprar carne, a menos que tenga suerte, la adquisición no la hace en una sola acción. Requerirá de un proceso de decisiones que pueden implicar: 1) no encontrar el producto y tener que ir a otro lugar para hacerlo; 2) hallar lo buscado pero tener que hacer cola para comprarlo; 3) reemplazar la carne por alguna otra proteína; 4) posponer la compra hasta otra oportunidad; y 5) abandonar por completo la idea de hacer la operación.


El ejemplo señalado bien podría describir el laberinto que supone la escasez que ha marcado la cotidianidad de los venezolanos, pero no fue elaborado con ese objetivo. Su autor es János Kornai, economista húngaro nacido en 1928 y uno de los estudiosos más reconocidos de las economías planificadas de los países socialistas europeos del bloque soviético. El modelo citado aparece en su libro The Socialist System: The Political Economy of Communism, terminado en 1991, justo cuando se concretó la caída del socialismo en Europa oriental y desapareció la Unión Soviética.

Kornai advierte que ese sistema se convirtió en una “economía de la escasez” debido a que este fenómeno se hizo “general”, “frecuente”, “intensivo” y “crónico”. Esa fue una de las consecuencias más graves del socialismo clásico, el cual se apoyaba en el manejo gubernamental del aparato productivo y en una planificación centralizada que aplicaba mecanismos de control para anular la influencia del mercado sobre la economía.
Desde que el chavismo se declaró “socialista” en el año 2005, el gobierno empezó a tomar una serie de medidas que encaminaron su proyecto hacia un modelo parecido al que fracasó en los países de Europa del Este, aunque intentó darle un baño de novedad llamándolo “socialismo del siglo XXI”. El principio es el mismo, porque se buscó controlar directamente la economía y otras actividades, en vez de supervisar los mercados respetando las libertades, como hacen otros gobiernos más cercanos a la socialdemocracia.
“La actividad económica se ha centralizado otorgando una importancia muy relevante al sector público sobre el privado, a la vez que se somete la economía a importantes controles y regulaciones, lo que ha distorsionado el funcionamiento de los mercados. En eso hay similitudes con el socialismo soviético”, advierte Luis Zambrano Sequín, individuo de número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.
El internacionalista Demetrio Boersner fue testigo de primera mano de la caída del socialismo clásico debido a que para ese momento era embajador de Venezuela en Rumania, un Estado satélite de la URSS.

“Aquellas economías tenían problemas de producción en todos los sectores y fuertes desequilibrios como un gasto público excesivo. Además, todas las restricciones hacían que el sistema fuera muy rígido y no se pudiera adaptar con rapidez a las nuevas tecnologías que iban apareciendo en el mundo, por lo que experimentaron un retraso que limitó su competitividad, algo parecido a lo que ocurre en Venezuela actualmente”, considera el diplomático.

Desde su declaratoria socialista, el chavismo ha adelantado 525 expropiaciones de empresas, inmuebles o tierras productivas, aumentando cada vez más la importancia del Estado en la economía, según datos del Observatorio de la Propiedad de Cedice.
La productividad, sin embargo, ha caído y el país se ha hecho más dependiente de las importaciones para poder satisfacer los niveles de consumo. En 2005 superaron por primera vez los 20 millardos de dólares anuales y desde entonces no han bajado de los 30 millardos de dólares al año.


Decisiones

En el último trimestre del año pasado el precio del barril de petróleo empezó a caer hasta llegar a 40,3 dólares en enero de 2015. Desde entonces ha tenido un leve repunte, pero no ha superado los 56 dólares. Esos ingresos no permiten mantener el ritmo de importaciones, por lo que las consecuencias del modelo económico socialista empezaron a quedar al descubierto en Venezuela.

“La causa de la baja productividad es que por la vía de fuerza en actos jurídicos se transfirieron al Estado bienes de propiedad privada que estaban en pleno funcionamiento. Eso no ha dado resultados”, indica Luis Alfonso Herrera, coordinador del Observatorio de la Propiedad.

Como ocurrió en los países con regímenes socialistas clásicos, los niveles de producción no satisfacen al mercado y la escasez se ha disparado. Los ciudadanos deben entonces hacer colas para adquirir productos o incluso se ven obligados a acudir a los mercados negros.

A finales de los años ochenta, el bloque soviético encaró una encrucijada: continuar con el mismo sistema a pesar de sus pobres resultados o reinsertarse en la economía de mercado tomando medidas que flexibilizaran la actividad económica a fin de hacerla más productiva.
Influidos por otros factores políticos y sociales, optaron por la segunda opción. “Hubo un agotamiento del sistema ideológico. En los años ochenta los habitantes de esos países dejaron de creer en la doctrina marxista-leninista y todas las ideas de sacrificio asociadas a ella. Hubo un gran escepticismo y cinismo”, señala Boersner.

Pero el cambio no fue sencillo ni rápido. “El proceso fue profundamente traumático porque el aparato productivo era muy precario y requería de una gran inversión, lo que obligó a levantar los controles y que los precios se dispararan. El desempleo también subió”, recuerda Pedro Palma, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Tras más de 20 años, la mayoría de los países del bloque soviético ha superado la producción que tenían en 1989 y dejaron de tener una economía de escasez. Sin embargo, sus niveles de desarrollo no han podido emparejarse con los del resto de Europa y el desempleo y la pobreza siguen siendo un problema.

Venezuela se encuentra en la actualidad en una encrucijada similar. Dar un giro hacia la economía de mercado, lo que implicaría privatizaciones y el levantamiento de la mayor parte de los controles vigentes, entre ellos el de cambio y el de precios; o profundizar en el modelo socialista con la esperanza de dar con una receta para la productividad que los países del bloque soviético jamás llegaron a encontrar. Hasta ahora pareciera que el chavismo está optando por la segunda opción, aunque los próximos meses y las elecciones parlamentarias de diciembre pudieran inclinar la balanza hacia una u otra opción.

 


Las listas de espera y la escasez


En el modelo socialista clásico los racionamientos de productos se convirtieron en la norma en vez de la excepción, afirma el economista húngaro János Kornai. En los países del bloque soviético, las listas de espera llegaron a toda clase de ámbitos, como el arrendamiento de las viviendas construidas por el Estado, las líneas de teléfono, los servicios de salud, los cupos en las instituciones educativas y las vacaciones en complejos turísticos administrados por el gobierno.

En Venezuela existe una situación similar, aunque el BCV no publica cifras oficiales sobre el tema desde febrero de 2014, cuando se admitió que la escasez llegaba a 28%.

A principios de este mes, Datanálisis presentó los datos de una encuesta sobre la materia: 87,4% dijo que percibe el “racionamiento de productos”, a la vez que 78,2% señaló que la disposición de bienes en los comercios es “muy mala, mala o regular hacia mala”.
La firma también entregó los datos de su estudio habitual sobre escasez en Caracas, la cual se situó al final de mayo en 60,7% y promedia en el año 58,4%. Los productos más afectados son el aceite de maíz (95,5%), la harina y la leche en polvo (83,6%).

Oficialmente no existen listas de racionamiento como ocurrió en la Europa Oriental y siguen en países que mantienen ese sistema político, como Cuba, pero en establecimientos comerciales públicos y privados más de 30 productos son vendidos con restricciones, especialmente los de higiene personal y alimentos.

Las empresas privadas están afectadas por los controles, lo que disminuye su producción y capacidad de prestar servicios. Para cosas tan disímiles como comprar carros, someterse a una cirugía u obtener un decodificador de TV por cable hay que anotarse en listas de espera.
El estudio de Datanálisis señaló que 50,2% de los encuestados culpa al gobierno de la situación, en contra de 9,3% que responsabiliza a los empresarios. Por su parte, Hinterlaces ha advertido que 90% de los venezolanos piensa que una alianza con el sector privado es necesaria para salir de la crisis.

Esto parece demostrar que, tal como ocurrió en los países del bloque soviético, existe cierto desencanto hacia el modelo por su poca efectividad.



La diferencia de la inflación


La última vez que el BCV publicó números oficiales de inflación fue hace más de 6 meses, cuando anunció que en diciembre de 2014 llegó a 5,3% y el índice anualizado alcanzó 68,5%.

Desde entonces solo se tienen datos extraoficiales de firmas internacionales como Bank of America y Barclays, según las cuales la inflación anualizada ya habría superado la tasa de 100%.

En los países del bloque soviético el índice de precios nunca llegó a estar tan descontrolado, aunque el economista Luis Zambrano Sequín considera que esto se debe a que estaba “represado” por los diversos controles.

Especialistas advierten que varios factores se conjugan para que la situación venezolana sea peor. A la impresión de dinero inorgánico que no tiene respaldo y crea una demanda demasiado alta que no es satisfecha por la oferta de productos, se une el impacto que tiene sobre la economía la subida de la cotización del dólar paralelo, que rompió la barrera de los 600 bolívares por la escasez de divisas.

En los países que siguieron el modelo del socialismo clásico, el peso de este último elemento era menor porque tenían un comercio exterior reducido y realizado mayoritariamente entre ellos, algo distinto al caso venezolano, en el que cada vez hay más importaciones. Los comerciantes entonces suben sus precios pensando en el costo que implicará la reposición de esa mercancía.

En lo que sí existen grandes semejanzas entre las dos situaciones estudiadas es en lo referente a la formación de mercados negros.

János Kornai asegura que en los países con economías de escasez hay una tendencia en la población a “sobreabastecerse” de bienes difíciles de encontrar. Cuando no se hallan en los canales regulares, aparecen opciones ilegales con precios más elevados.

“En el socialismo clásico también había inflación subyacente para el que se salía de los patrones de compra, aunque para ese tiempo no existían los mismos niveles de consumo que hay ahora en Venezuela”, dice el economista Pedro Palma.



Un sistema dominado por una élite

El historiador soviético Michael Voslensky escribió en 1980 un libro sobre la Nomenklatura, grupo que se terminó de formar en la Unión Soviética cuando el país estaba bajo el dominio de Joseph Stalin y que llegó a tener todo el poder político y económico de ese Estado.

Según el académico, para la década de los años setenta este conjunto estuvo compuesto por cerca de 750.000 personas, quienes terminaron formando una nueva clase social con especiales privilegios.

Este fenómeno no fue exclusivo de la URSS, se dio en la mayoría de los países del bloque socialista de Europa Oriental y también fue estudiado por otros científicos como Milovan Djilas, quien destacó que sus miembros tuvieron “privilegios especiales y preferencias económicas a causa del monopolio administrativo que ejercen”.

“El hecho de que el apoderamiento de la propiedad de otras clases, especialmente de los pequeños propietarios, trajera consigo disminuciones en la producción y el caos en la economía no tuvo consecuencias para la nueva clase. Lo más importante para la nueva clase, como para todo propietario en la historia, era el logro y la consolidación de la propiedad, la clase se beneficiaba con la nueva propiedad adquirida, aunque la nación perdía con ello”, escribió Djilas en 1957.

En Venezuela también hay indicios de que una nueva clase se ha ido formando debido a la fusión del Partido Socialista Unido de Venezuela con el Estado. Según un estudio muestral desarrollado por El Nacional, de los delegados al III Congreso Socialista del partido y de los elegidos como jefes de Círculos de Lucha Popular que se sabe dónde trabajan, 95,7% está en la nómina de alguna institución pública.

A esto se suman los candidatos a las recientes primarias del partido. Del total que se conocía su lugar de trabajo, 91,9%  es funcionario del Estado.
En el bloque soviético, el control en unas pocas manos fue propicio para la corrupción. “Esto quedó de manifiesto cuando, después de la caída del Muro de Berlín, dirigentes comunistas se convirtieron en los oligarcas del nuevo sistema capitalista”, indica el internacionalista Demetrio Boersner.
En Venezuela, Jorge Giordani, ex ministro de Planificación, admitió hace un año, luego de su salida del gabinete, la pérdida de más de 20 millardos de dólares en 2012 através de mecanismos asociados con el control de cambio.


Un Estado hipertrofiado controla la economía


Un informe de Transparencia Venezuela basado en el presupuesto nacional de 2015 asegura que el gobierno maneja actualmente 183 grandes empresas. 56% no existía o era propiedad de capital privado antes de que el chavismo llegara al poder, a la vez que  más de 15% se autodeclara “socialista” en su nombre.

Varias de ellas son corporaciones que dentro de sí agrupan distintas compañías más pequeñas, por lo que el número de entes en control del gobierno es todavía mayor.

“Esto refleja una perversión de las funciones del Estado, que debería limitarse a tener sistemas de vigilancia sobre el sector privado y no debería involucrarse directamente en segmentos no prioritarios de la economía”, señala Mercedes de Freitas, directora ejecutiva de Transparencia Venezuela.

20,8% de las empresas en manos del gobierno es del sector energético; 17,5% del área de alimentos; 9,3% de transporte; 8,7% de tecnología; 7,1% de turismo; 7,1% de servicios; 3,8% de salud; 6,6% son corporaciones que agrupan varias actividades y el resto tienen otras finalidades.

Por consiguiente, el Estado está directamente involucrado en todos los ámbitos la economía. Esto también ocurría en los países del bloque soviético, aunque la participación pública era aún mayor: el sector privado era prácticamente inexistente excepto en Hungría y Polonia, donde representaba 20%-25% del PIB al comienzo de las reformas, según una investigación de la Universidad de Valencia, España.

“Para dirigir las empresas públicas se escogen funcionarios por criterios políticos y no técnicos. Además, la falla de origen es que no se busca tener empresas que generen utilidad, por lo que no existe ningún tipo de incentivo para que los trabajadores se destaquen en sus trabajos. De igual forma, en los pocos casos en que hay márgenes de ganancia el dinero no se reinvierte, sino que se entrega al Estado”, afirma Luis Alfonso Herrera, coordinador del Observatorio de la Propiedad.

Transparencia Venezuela publicó a principios de julio un informe sobre cuatro empresas públicas (Corporación Venezolana del Café, Vialidad y Construcciones Sucre, S. A., Sidor y la empresa mixta ruso-venezolana Orquídea), las cuales sirven para demostrar el fracaso del gobierno como administrador.

Las que estaban en manos privadas hace algunos años, como Sidor y otras compañías de café, reportan ahora caídas en su producción y poca transparencia en sus balances financieros. Las nuevas tampoco han cumplido sus objetivos de producción y algunas, como la empresa de orquídeas, son parte de sectores no prioritarios.

Las compañías privadas que se mantienen en Venezuela son sometidas a estrictos controles en sus procesos de producción y distribución, a la vez que no se les liquidan sus solicitudes de divisas por la escasez de dólares que hay en el país.

“Entre 2005 y 2014, en el Observatorio de la Propiedad hemos registrado hasta 2.740 violaciones a derechos de propiedad privada, lo que incluye intervenciones, ocupaciones y otras medidas”, advierte Herrera.

Con base en los últimos datos disponibles del BCV, hasta el tercer trimestre de 2014 el sector privado llegó a representar 56,7% del producto interno bruto, por debajo del 61,9% que registró en 2005, cuando el chavismo se declaró socialista.

Otra muestra del colapso del aparato productivo es que desde 2005 las importaciones han ido en aumento y la participación del sector público en ellas se ha hecho cada vez más importante hasta equipararse hoy con la del privado.