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Solidarios no solamente en Navidad

Solidarios no solamente en Navidad / Williams Marrero

Solidarios no solamente en Navidad / Williams Marrero

¿En qué se parecen un empresario de la rama de alimentos graduado en Harvard, una licenciada en Letras, una cuentacuentos, un arquitecto que hace yoga, una joven cineasta que estuvo en Kenia y la pareja formada por un artista plástico y una periodista? En que todos han hecho empresas, fundaciones u organizaciones sin fines de lucro que se dedican a ayudar a los grupos más vulnerables de la sociedad. Unos emprendieron la tarea este año, otros se consolidaron en 2013 o ganaron premios que respaldan su trabajo social. Para ellos, la generosidad, la paz y la hermandad no solo se ponen en práctica en diciembre, sino todo el año. Dar es un verbo que conjugan en presente continuo

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Practimercados Día a Día
Ahorro para quienes compran "de a poquito"

www.diadia.com.ve

Teléfonos de la sede central: (0212) 993-7206 (0212) 993-0363

Cuando José Vicente Aguerrevere estudiaba en Harvard hace una década tuvo la idea que dio origen a su empresa. Nadie hacía negocios para los excluidos, y él quería hacerlo. Como se formó en una escuela jesuita, desde adolescente había tenido la inquietud por el trabajo social. Junto con su esposa decidió hacer como trabajo de posgrado un análisis del negocio de los mercados y bodegas de América Latina. "Se pensaba que el abasto era una imperfección del mercado, pero por el contrario tiene un rol impresionante en la comunidad". Explica que el consumidor de bajos recursos "tiene un flujo de caja de a poquito, compra de a poquito a la vuelta de la esquina".

Destaca que por eso 70% de las ventas de productos se realizan en los abastos.

Con esta información, Aguerrevere se unió con otros socios y decidieron crear un modelo de negocios con impacto social: Día a Día Practimercados, un pequeño mercado ubicado cerca de las zonas populares con un precio más competitivo que la bodega.

"Si una persona compra poco, lo hace en el abasto pagando 30% más, pero no porque el comerciante sea especulador, sino porque es ineficiente y allí entramos nosotros como alternativa". Su comercio es como un abasto por el tamaño y por la cercanía con las comunidades populares, pero que tiene precios de supermercado, lo cual permite a la población un ahorro.

Decidió invertir en Venezuela y no en otro país. "Somos venezolanos, pero, además, en este país la gente compra más en bodegas que en el resto de América Latina".

Día a Día tiene 8 años en el mercado. El primer local lo abrieron en la avenida San Martín y ya tienen 35 tiendas en 16 ciudades del país, que atienden a 1 millón de clientes cada mes. Por el éxito de esta empresa, por considerarse un modelo de negocios sostenible y de impacto hacia las comunidades de menores recursos, en 2013 Aguerrevere ganó el concurso de la fundación Venezuela Sin Límites como el Emprendedor Social del Año Schwab.

El empresario añade que, además del consumidor, también se benefician los empleados. Día a Día tiene como política contratar personal que habite en las propias comunidades que atiende. Les ofrece a todos la posibilidad de crecimiento en la red de locales: "Tenemos 120 gerentes y, de esos, 100 vinieron del piso de ventas".

Su nuevo paso es que en las tiendas haya un pequeño ambulatorio. Quiere hacer del supermercado un espacio para la salud integral.

Aliadas en Cadena
Mujeres sin temor a los ratones

www.aliadasencadena.org

En Facebook: Aliadas en cadena En Twitter: @aliadasencadena

Iliana La Rosa viene de una familia de esas donde las faldas predominan. "Siempre tuve una sensibilidad hacia el tema de la mujeres, pues sabía que había muchas barreras para nosotras, que debíamos esforzarnos mucho más que los hombres, no contamos con las mismas oportunidades, además tenemos el triple rol: reproductivo, productivo y comunitario. No solo hablo de las mujeres de la generación de mi madre o de la mía, sino también de la de mis hijas. Y esas barreras son aún mayores en las clases sociales más bajas", dice.

Con esa perspectiva, se puso a trabajar hace aproximadamente 10 años junto con sus hijas en el área de la salud sexual y reproductiva. La Rosa iba a las maternidades y a las cárceles para apoyar a las mujeres. Pero se dio cuenta de que era necesario un paso más. Como licenciada en Letras, con muchos años como docente en el área de Castellano y Literatura, su fuerte era la educación. "Quería ayudar a las mujeres a lograr su proyecto de vida, que no pensaran solo en sus parejas o hijos, sino que tuvieran un oficio que les permitiera mantenerse y progresar", explica.

Notó que era importante capacitarlas en tecnología, lo cual les permitiría acceso al empleo y actualizarse. Así creó Aliadas en Cadena, una organización sin fines de lucro que forma a las mujeres en el área de computación, pero además les da herramientas que les permiten incorporarse al trabajo formal o convertirse ellas mismas en emprendedoras. Aprenden a acceder a Internet, usar las redes sociales, manejar los programas más importantes, pero también a armar y desarmar una computadora.

"Creemos en las mujeres que no le tienen miedo a los ratones", es uno de los eslogan de la organización, que también les ofrece formación para que mejoren su autoestima, organicen su presupuesto, reconozcan y prevengan el maltrato.

Algunos cursos son gratuitos, en otros las alumnas pagan muy poco. A través de donaciones, la fundación consigue el financiamiento que les permite cubrir los costos.

5.000 mujeres han sido formadas por la institución en sus 4 núcleos ubicados en la avenida Victoria, en El Valle, en Maracaibo y en Barquisimeto. "Muchas mujeres han salido de aquí y han hecho sus emprendimientos", asegura La Rosa. Por ejemplo, unas de las egresadas montaron un cibercafé, otras registraron un servicio técnico de reparación de computadoras a domicilio, otras hicieron una empresa de cupcakes. Todas ellas cambiaron su vida.

Yo tengo un sueño
Un kilo de comida y una fotografía

En Facebook: Yo tengo un sueño En Twitter: @tukilodeayuda

"Yo tengo un sueño". La famosa frase del no menos conocido discurso del líder estadounidense Martin Luther King le sirvió de inspiración a Michelle Lazzari para hacer realidad un sueño propio: ayudar a los otros Cuando era pequeña, Lazzari veía a su mamá que trabajaba como voluntaria en las Damas Salesianas y a su papá que hacía labor social en Fe y Alegría. "Quedé marcada por ellos y su sensibilidad social", expresa. Mientras estudiaba en el colegio Cristo Rey de Altamira empezó a hacer labor social en la escuela Jenaro Aguirre, fundada por la hermana María Luisa Casar en La Bombilla de Petare. "Iba a dar catecismo todos los sábados y me gustaba hacerlo". Así empezó una vocación que no ha parado. Estudió Cine y unos semestres de Letras, luego decidió irse a trabajar a Kenia para ayudar a los niños masai, pues le llamaba la atención su cultura. Consiguió patrocinio para el pasaje, pero al llegar se llevó una decepción con la labor que hacían allí las organizaciones no gubernamentales. "Creo que el dinero se perdía en el camino", cuenta.

Entonces decidió volver a Venezuela para seguir colaborando con la escuela de Petare. Paralelamente comenzó a trabajar en el área de redes sociales y descubrió el potencial de estas. "Hice un fan page que sirviera para pedir alimentos para la escuela Jenaro Aguirre, allí estudian 420 niños de bajos recursos que desayunan y almuerzan en la institución", asevera. Hace dos años creó el proyecto Yo Tengo un Sueño y puso en práctica una primera idea que ha sido muy exitosa: Se llama Tu kilo de Ayuda (@ tukilodeayuda en Twitter) y consiste en pedir a las personas el equivalente a 1.000 gramos de alimentos. Leche, harina, arroz, granos, cualquier producto es bienvenido.

El premio que les da es hacer pública su colaboración con una foto que cuelga en Facebook. Cuando una persona colabora por primera vez, coloca su foto en blanco y negro, si la colaboración es continua, la foto pasa a ser a color. "Tomo fotografías y escribo las historias de los colaboradores para que la gente se involucre, es un proyecto visual", relata.

Al poco tiempo se dio cuenta de que la ayuda podía ir más allá. Solicitó útiles escolares y tal fue la receptividad que la donación sirvió no solo para el Jenaro Aguirre, sino para la escuela de Maniapure (estado Bolívar) y un plantel en San Antonio de Los Altos que atiende a niños provenientes de casas hogares.

En diciembre, su proyecto es entregar juguetes a los niños que viven en una comunidad de Puerto Cruz, para eso está haciendo una recolecta similar a la que hace con la comida.

Tiene una meta más: no quiere conformarse solo con donaciones materiales, sino arrastrar gente que trabaje con ella en las comunidades vulnerables. "Creo que si uno vive en Venezuela debe involucrarse, no debe quedarse en la queja, sino colaborar".

Yoga en los barrios
Una disciplina milenaria sube el cerro

yogaenlosbarrios@ gmail.com En Facebook: Yoga en los barrios

"Uno se siente tan bien, uno se siente otro...

Ya no me está doliendo nada". Se lo dice Petra, una señora de la tercera edad habitante de Petare. Y esas palabras bastan para que a Joel Valencia se le alegre el día y continúe empujando la idea que se le ocurrió este año: llevar el yoga a los barrios.

Valencia es arquitecto y trabaja en el Centro Ciudades de la Gente de la Universidad Central de Venezuela. Se ha dedicado por una década a radiografiar el problema urbanístico del barrio Julián Blanco, ubicado en lo más alto de Petare. No conforme con su labor profesional, decidió que quería poner su grano de arena para mejorar el entorno que ha sido objeto de sus investigaciones: "Uno no puede esperar al gobierno ni a tener un presupuesto para cambiar las cosas, yo quería darle algo a la comunidad". Y fue así que decidió crear la iniciativa Yoga en los Barrios.

Desde hace 5 años, Valencia practica la disciplina en YogaPedregal. "Conozco sus beneficios, sé que ayuda al equilibrio, al balance, a la concentración. Además, es un símbolo de paz, de unión, de bienestar, era lo que el barrio necesitaba", recalca.

Entonces se acercó a varios profesores y les planteó la idea, que tuvo pronta acogida. Se organizaron y el 5 de octubre de este año fue la primera clase. Valencia quería que el yoga también fuera pretexto para que muchas personas lo acompañaran y vivieran de cerca la realidad de las zonas de menores recursos. "Dentro del barrio estamos acompañados de los líderes de la comunidad y estamos más seguros que en cualquier otra parte. La idea es ocupar, como habitantes de la ciudad, esos espacios". El lugar escogido para la práctica fue la casa de los misioneros claretianos, por ser un sitio neutral, que no se identifica con ninguna tendencia política.

Desde entonces, todos los sábados a las 10:30 am un grupo de gente se reúne en El Pedregal y de allí salen en varios carros hasta Petare. "Empezamos 8 personas, ahora hemos llegado a ser 50, y también les damos yoga a los niños". Estos han estado muy entusiastas. "El yoga es finísimo", escribe uno en una cartelera y otro secunda: "No quiten la yoga".

La iniciativa ha tenido tanto apoyo que sobran los docentes. "Si un profesor de yoga me plantea hoy que quisiera dar clases, tendría cupo para junio", explica.

En el barrio, las sesiones han logrado que se limen asperezas y los habitantes tengan más conciencia del entorno, "así como empiezan a logran cambios internos, también pueden cambiar su hábitat", asegura el arquitecto.

El reto de Valencia ahora es ganarse a los adolescentes de la comunidad, que es el grupo etáreo más resistente. Para ello comenzará a ofrecer clases de Acroyoga, una actividad más dinámica que puede incentivarlos.

En 2014 espera expandir el radio de acción, que cada academia de yoga se haga responsable de un barrio de su municipio. Ya la comunidad organizada del Guarataro le ha pedido apoyo, así como de la Cota 905 y La Vega, y se han comunicado con gente de Táchira, Mérida, Lara y hasta de Chile.

No cuenta con apoyo económico, solo institucional y de los voluntarios que sábado a sábado lo acompañan. La mayor satisfacción es una frase de algún habitante del barrio que, como a Petra, el yoga le cambió la vida. O el jugo de guayaba con tomate de árbol, "el más sabroso del mundo", que una vecina le ofrece en señal de agradecimiento.

Fundación TAAP
Arte para combatir la violencia

www.fundaciontaap.org En Facebook: Fundación Taap En twitter: @ fundaciontaap

Él, un artista plástico que realizaba talleres de arte con niños; ella, una profesora universitaria experta en temas de comunicación y violencia. Ellos, una pareja que en 2008 tenía una niña recién nacida y querían hacer algo para que ella pudiera crecer en un entorno más amable. Por ese motivo, Gaby Arenas y Carlos Meneses crearon la fundación Taller de Aprendizaje para las Artes y el Pensamiento, TAAP, una organización que utiliza el arte como elemento para el desarrollo de los niños. "No sólo les enseñamos una técnica artística como pintura o fotografía, sino que pueden decir cosas, expresar su pensamiento", explica Meneses. Y recuerda a una niña que luego de tomar unas fotos de su barrio le dijo que no sabía que el sitio donde vivía era así. "Cuando no te das cuenta cómo se ven las cosas, no las puedes cambiar; te acostumbras", comenta Arenas.

La pareja comenzó trabajando en Turgua con la fundación Mano Amiga de Venezuela, allí inició la integración de las artes con una comunidad. Los primeros con los que realizaron actividades fue con los niños, luego conquistaron a los adolescentes, después se involucraron las maestras y finalmente a las madres y padres. "Entendimos que la dinámica tenía que incluir a toda la comunidad, no tenía sentido promover el tema de la paz en los niños si hay armas en la casa o la escuela es centro de violencia. El arte era ideal para lograr articular el proyecto porque a nadie le gusta hablar de la violencia directamente, sino que es más fácil que la drene a través del arte", señala Arenas. Asegura que luego de un trabajo continuo se nota el cambio tanto en la escuela como en la comunidad, por eso es optimista. Por ejemplo, luego de hacer murales y ver los resultados, los muchachos se dan cuenta de que pueden cambiar su barrio.

"No nos gusta hacer talleres express, sino permanecer en las comunidades", recalca Arenas. Catuche y San Agustín del Sur son otras zonas de Caracas donde TAAP ha trabajado. En los Valles del Tuy, Puerto Ordaz y Barquisimeto también formaron equipos de facilitadores.

Su labor ha sido reconocida. Este año ganaron el Concurso Ideas en la categoría de Emprendimiento Social. Tienen el apoyo de algunas alcaldías, embajadas y empresas, además de recursos propios que obtienen haciendo talleres similares en empresas y colegios privados y con una línea de regalos pedagógicos. No tienen pruritos para trabajar con entes públicos de gobierno y oposición. "Esa división de país polarizado no existe en los colegios, ni en el transporte público, no la tenemos nosotros tampoco".

Meneses dice que recibe el mejor regalo cuando los niños lo abrazan agradecidos.

Arenas añade que la mayor satisfacción es la posibilidad de ver un país diferente: "La retribución no es económica, es ayudar a construir un espacio más bonito. Gracias a TAAP tenemos 600 hijos, 300 mamás y 2.000 maestros amigos".

La Rana Encantada
Cuentacuentos que forman valores

www.laranaencantada.com En Facebook: La rana encantada En Twitter: @ranaencantada

Un grupo de niños la mira boquiabiertos.

Por un rato nadie quiere correr, saltar o pelear con el compañero de al lado. Solo quieren oírla y sumergirse en el cuento.

Ser astronautas, princesas, tigres, conejos.

Linsabel Noguera, actriz, comunicadora social, poeta y experta en literatura infantil, decidió emprender hace 5 años su propio proyecto: La Rana Encantada, una organización no gubernamental centrada en la narración oral.

Noguera contaba cuentos por puro placer.

Pero quería algo más que ese disfrute individual, deseaba crear un espacio de formación de otros cuentacuentos y mediadores de la lectura. Entonces decidió independizarse y hacer su propia ONG. Empezó sola, después se unió a ella Sandra Moncada y más adelante se sumaron más narradores orales formados por la propia Noguera.

Desde el principio se plantearon el trabajo comunitario como un brazo importante de su actividad. "A partir de un cuento se estimula la participación de los oyentes, trabajamos la narración oral como espacio de cohesión social; desde la literatura formamos a los niños en valores ciudadanos y de cultura de paz, vinculándolos además con la sustentabilidad". Noguera decidió que los materiales para las manualidades que realizan los niños después de cada lectura serían siempre de reciclaje.

Los cuentacuentos visitan barrios, albergues, hospitales, zonas en riesgo y escuelas especiales. El trabajo en las comunidades es totalmente gratuito para los participantes, los otros programas que realiza La Rana Encantada exoneran estos costos, además, cuentan con materiales donados por una empresa de arte.

Para los niños especiales, la actriz creó el programa Ríe: Recreación, Integración y Estímulo, que son actividades especiales adaptadas a cada discapacidad.

La Rana Encantada también emprendió el proyecto Postales para la Paz, que cuenta con el apoyo de Red por la Paz y la Organización de las Naciones Unidas. A partir de la lectura de un cuento se conecta a los niños con vivencias positivas. Después los exhortan a definir su concepto de paz y luego dibujarlo en una tarjeta.

Noguera ha colaborado en la creación de varias bibliotecas comunitarias en Turgua, Tucaras y algunos barrios caraqueños. Los libros los consigue gracias a donaciones de empresas editoriales y de particulares que apoyaron el llamado que hizo a través de las redes sociales. Es algo que hace por el puro placer de ayudar.

"La Rana Encantada es una inquietud mía que hizo eco en otras personas. Es un espacio en el que se estimula la autoestima del niño y se le ofrece una mirada positiva, de ciudadanía", explica. Este año la organización ya tiene registro civil y ha crecido mucho. Siempre hay niños que quieren sentirse espadachines, siempre hay niñas que añoran tener alas. Siempre hay un cuento para estimular la imaginación y una voz para contarlo.

¿Cómo crear una ONG?

"Crear una organización no gubernamental no es un asunto tan complejo legalmente", explica el abogado y profesor de Derechos Humanos, Fernando Fernández, quien lleva años trabajando en el área. "Las ONG no son una forma jurídica particular, lo único que las define es que se trata de una estructura legal que no pertenece ni tiene dependencia financiera con el sector público y que ninguno de sus miembros debe ser funcionario del Estado".

Las ONG se inscriben en un Registro Público como figuras legales sin fines de lucro (asociaciones civiles o fundaciones).

Aunque una persona puede hacer labor social o dar donativos a título personal, Fernández considera importante la creación de ONG, pues es una estructura que da solidez y permanencia a las iniciativas altruistas.

Las ONG tienen diferentes medios de ingreso, sea por aportes de sus miembros, donación de empresas o ingresos propios, también pueden concursar en proyectos que generan organismos nacionales e internacionales.

Estas organizaciones no están exentas de impuestos y deben cumplir con los pagos y beneficios de ley para el personal que labora en ellas.

No hay un registro nacional de ONG por parte del Estado. Existen iniciativas para agruparlas, como la Asociación Civil Sinergia que reunió a las organizaciones de la sociedad civil en un directorio y Venezuela Sin Límites que canaliza recursos para apoyarlas.