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Simón, pelo malo

<i>Pelo malo</i> cuenta la historia de Junior, un niño al que le crece un pelo obstinadamente rizado y se obsesiona con alisárselo, una determinación que hace pensar a su madre en su homosexualidad | Foto: Reuters/EFE/AFP

Pelo malo cuenta la historia de Junior, un niño al que le crece un pelo obstinadamente rizado y se obsesiona con alisárselo, una determinación que hace pensar a su madre en su homosexualidad | Foto: Reuters/EFE/AFP

La urbanización Simón Rodríguez, reclinada sobre el Ávila, diseño de Carlos Raúl Villanueva, fue uno de los escenarios principales de la película Pelo malo, ganadora de la Concha de Oro. Muchos de los vecinos no estaban enterados del premio y en la pantalla aparece un lugar que ahora no es el mismo

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El relato congeló un sofá que ya no recibe a las mismas personas. Era el mueble de un hogar pasado. Eso es lo que hace la ficción: confiscar los sofás. Marta y Junior, madre e hijo en Pelo malo, se acompañaban los silencios sentados allí, donde vivía Elaime Morales, pero ya no vive. Ahora está en casa de su mamá y dice que los que habitan el apartamento 17 del piso 1, bloque 1 de Simón Rodríguez -donde se filmó la película- ya no abren las ventanas para que entre la brisa.

Tampoco el bloque tiene los colores originales que aún lucía a principios de 2012, cuando Mariana Rondón y su equipo llegaron al kiosco de la mamá de Morales a preguntar por un apartamento para filmar la historia de un niño que quiere alisarse el pelo para una foto escolar. La muchacha necesitaba dinero y aceptó la propuesta, firmó el contrato -"no recuerdo cuánto me pagaron"- y recibió durante un mes las historias de otras vidas que llegaron a su casa y después se fueron por la ventana que todavía estaba abierta.

Morales no sabía que la película había ganado un premio internacional. Tampoco vio ninguna escena durante el rodaje; no sabe cómo lucen sus antiguos muebles ni las paredes pintadas de aguamarina envejecido, aunque en los festivales europeos sí conocen la intimidad de ese lugar. Se pregunta si aparecen las escenas que grabó como extra. "Ahora resulta que soy famosa por Europa y yo aquí pelando", dice riéndose Morales, que tiene una peluquería canina en los bloques.

En la nota de prensa de la película se refieren a esas viviendas multifamiliares como intolerancias verticales, que fueron "parte del proyecto de la ciudad utópica de Le Corbusier". Un miércoles en la mañana, bajo los árboles, con un mercado de hortalizas en una esquina, hombres arreglando los carros y mujeres friendo arepas, el lugar no parece recreado por Dante -y tampoco por Le Corbusier. Pero Morales explica que, durante la filmación, fue necesario activar una logística de seguridad que funcionó por voluntad ciudadana, en un acuerdo privado sin auxilio de las instituciones policiales, a pesar del apoyo gubernamental a la producción: cuando la protagonista vivió un episodio desagradable saliendo de la urbanización, Morales y gente de la productora se pusieron de acuerdo con los malandros para pedirles apoyo. Como ellos mandaban, con ellos hubo que negociar. "Hasta les dieron unos radios para que avisaran si había algún peligro.

Ellos también ayudaron a cargar cosas. Los equipos los dejaban en mi casa y era una responsabilidad. Todo el proceso fue estresante, pero muy fino", dice Morales.

Las exigencias de Rondón, el afecto fuera de cámara de los protagonistas, el uso de algunas de sus toallas -opción que no estaba en el contrato-, los vecinos que se hacían preguntas y calculaban cuánto habría ganado por el alquiler, el trabajo duro desde el amanecer hasta la noche y un brindis de despedida, son las escenas que Morales guarda.

Lejano. Lo piensan unos segundos y les llega el recuerdo. Pero llega cansado, después de caminar desde el lejano lugar de los conocimientos de poco uso. Sí, aquí se hizo una película, pero no sé en qué bloque; sí, escuché que una película se ganó un premio; ¿por qué no vas al bloque 4?; ¿por qué no vas al bloque 2?; ¿ya fuiste al bloque 3?; eso se hizo en el bloque 1.

Algunos habitantes de Simón Rodríguez, la urbanización espejo del 23 de Enero y vecina del teleférico de Maripérez, recuerdan que allí se filmó "algo"; otros, menos, se enteraron de que ganó la Concha de Oro. La noticia les parece buena, pero no la celebran como la aparición del aceite de maíz o del pollo regulado. Hay prioridades.

En el bloque 3 tienen algunas imágenes lejanas. De allí salió, con un paquete de Harina Pan en la mano, Francisco de Miranda. Saúl Figuera, con cola de caballo y tinte rubio, lo encarna en la ruta cultural del centro de Caracas. No tuvo relación con la película de Rondón, pero aprovecha para saludar en francés y deslizar que, aunque el cine venezolano ha habido un "conato de apertura", todavía persisten los mismos rostros.

Janeth Lozano, propietaria de un puesto de comida en el bloque 2, no sólo vendió almuerzo a los técnicos, sino que aprendió una nueva palabra.

--Me gusta ese nombre, catering. ¿Por qué le dirán así? --se pregunta Lozano con un caldero ardiendo detrás.

--Esa es una palabra en inglés --le responde el papá, que regenta la bodega de al lado.

"Yo antes decía que hacía servicio de comida, pero después de la película digo que hago catering. Aquí comían los técnicos a los que no les gustaba lo que les traían. Otros vecinos se vieron beneficiados con la grabación, vendían dulces, merienda", dice, y aclara que ella ya no cocina para vender, ahora tiene un negocio de gorras y franelas.

Sentados en la plaza, junto al teatro y a la iglesia, donde se ponían los toldos del catering, están varios hombres. Todos tienen alguna idea del rodaje, pero no quieren hablar. Solo Braulio Méndez se anima: "Yo participé como mirón. Me dijeron que se había ganado un premio, los felicito. Muchos dicen que es una zona mala, pero no, es una zona bonita".

En una entrevista a El Nacional , Mariana Rondón dijo que al jurado le había gustado la energía caraqueña de Pelo malo e hizo un reconocimiento a los lugareños: "Hay gente que decía que era la película más barata, pero no es sólo eso: es la más pequeña, la más íntima. Se hizo en el 23 de Enero y Simón Rodríguez, con sus habitantes, que nos dieron su corazón. Estas son zonas estigmatizadas por la política, por la polarización, por la sociedad. Ellos dieron lo mejor de sí y este es mi absoluto homenaje a ellos".

Elaime Morales dice que les ha escrito correos electrónicos a los de la producción, pero no le han respondido. También que está siempre pendiente para ir a ver la película cuando llegue. En Simón Rodríguez están esperando a Rondón, su homenaje y a la brisa que entraba por la ventana