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Cáncer en los equipos

Cáncer en los equipos / Montaje

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Los contratos de mantenimiento preventivo de 53 aparatos clave para los servicios de radioterapia en Venezuela están vencidos. Las fallas en esas máquinas, compradas mediante un millonario convenio con Argentina, causan incertidumbre entre pacientes oncológicos

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Acelerador lineal es el nombre del equipo en el que Aleydis Fontalbo deposita su esperanza. No sabe cómo el aparato emite, con absoluta precisión, las radiaciones que necesita para tratar el tumor que tiene en el seno derecho. Tampoco conoce que fue fabricado por una empresa sueca de alta tecnología y comprado por el Gobierno venezolano a través de una intermediaria argentina.

Ignora también cuáles piezas del sistema fallaron entre mayo y septiembre, período en el que no ha podido recibir sesiones de radioterapia. Nada entiende de eso, pero sí está segura de algo. El funcionamiento de esa máquina del Hospital Universitario de Caracas es crucial para su destino como paciente de una de enfermedad que puede ser tan letal como curable: el cáncer, hoy convertido en la tercera causa de muerte en Venezuela.

“¿Sirve la máquina?”, pregunta una empleada, antes de anotar en una lista a las personas que están en la sala de espera para radioterapia. Transcurre un segundo en el que todos contienen el aliento mientras aguardan la respuesta. El tono de la mujer deja la sensación de que está reservado al azar el desempeño de un sistema que combina el poder de los rayos X y de los electrones para eliminar células malignas. Es una ironía para Fontalbo, como para los demás, que equipos como esos, comparados por los expertos con “cohetes a la Luna”, estén inoperativos por tanto tiempo. “Ya me operaron y recibí quimioterapia, pero llevo cuatro meses esperando la radioterapia”, dice la mujer de 57 años de edad, diagnosticada con el tumor a mediados de 2011 en la institución.

Una evaluación realizada en agosto al equipo reveló daños que pudieron haber sido evitados: el motor de la mesa donde se colocan los pacientes requiere ser sustituido, al igual que los filtros del sistema de refrigeración y las piezas del colimador multiláminas, dispositivo que permite apuntar con exactitud la radiación curativa. El caso de la máquina ilustra una omisión crucial desconocida por los enfermos que aguardan por tratamiento, peregrinan en busca de él o protestan por su carencia: el Ministerio de Salud dejó vencer los contratos de mantenimiento preventivo de 53 equipos clave de radioterapia, que están ubicados en centros públicos de 15 estados.

Los aparatos, adquiridos como parte de los convenios de cooperación entre Venezuela y Argentina, en los que se intercambia petróleo por bienes y servicios, tenían garantías que expiraron entre marzo de 2011 y marzo de 2012. “Las máquinas comenzaron a llegar al país entre 2006 y 2007. Las cláusulas tenían vigencia de 5 años y ya terminaron. Llevamos un proyecto de renovación del acuerdo en octubre de 2010 al ministerio, pero nunca lo aprobaron”, confirma Antonio Orlando, presidente de la compañía venezolana Meditron, encargada por los proveedores argentinos para ejecutar los programas integrales de conservación.

La firma tiene cuatro décadas en el mercado y es una de las mayores importadoras de equipos médicos del país para los sectores público y privado. La afirmación del empresario se intentó consultar con la ministra Eugenia Sader, a quien se le envió una solicitud de entrevista a través de la Dirección de Prensa del despacho. No respondió la petición.

Negocio binacional. El contrato se firmó en 2004 cuando Roger Capella, quien luego fue embajador en Argentina, estaba al frente del Ministerio de Salud. La negociación, por un valor total de 85 millones de dólares, se concretó con 2 empresas del país sureño: la filial argentina de la mutinacional Philips y el Invap, una corporación pública de tecnología nuclear, espacial y de defensa establecida en Bariloche, la cual aprovechó las relaciones de proximidad política de los presidentes Hugo Chávez y el fallecido Néstor Kirchner, para cerrar una de las mayores exportaciones de equipos médicos de su historia.

El jefe del Estado había visitado la sede de la empresa argentina en 2003 para revisar sistemas de radares. Ahí comenzó a gestarse lo que después se transformó en la venta por parte de Invap de 53 millones de dólares en un paquete que incluyó 10 aceleradores lineales fabricados por Elekta, compañía con sede en Estocolmo, Suecia: “Fue una triangulación”, admite una fuente gubernamental que pidió el anonimato. Otra parte de la dotación sí fue producida por la firma estatal de Bariloche: 8 simuladores universales por rayos X (empleados para planificar los tratamientos) y 8 unidades de cobalto (usadas para aplicar radioterapia).

Philips Argentina vendió los 34 millones de dólares restantes. Su aporte incluyó 14 equipos de braquiterapia (para aplicar radiaciones curativas a muy poca distancia), 9 gamma cámaras (útiles para detectar cáncer de huesos) además de sistemas de diagnóstico: 13 tomógrafos y 1 Pet/CT (equipo de punta que está en el hospital de la UCV). La empresa confirmó, en un comunicado, que las garantías de parte de ellos expiraron.
El proyecto incluía no sólo la entrega de equipos, sino la refacción o construcción de 19 salas de radioterapia que permitirían ampliar la cobertura a 90% de la demanda nacional, calculada en casi 19.000 pacientes.    
                              
El contrato vencido de mantenimiento obligaba a Meditron a someter bimensualmente a los aparatos a un protocolo de 6 a 8 horas de trabajo, que incluía lubricación, calibración y cambio de piezas para prevenir desperfectos. Si ocurría una falla súbita, estaba garantizados los de componentes y la atención en un plazo de 24 horas. Los repuestos, dentro del marco del convenio, tenían un tratamiento especial que los eximía de trámites ante Cadivi, oficina de control cambiario, y otros ministerios.

“Hay partes que debes cambiar cada cierto tiempo, antes de que fallen. Si no las reemplazas y sigues usando el equipo, es posible que se dañen no sólo esas sino algunas otras también”, dice Orlando. Un ingeniero especializado en aparatos de radioterapia añade que las paralizaciones provocan efectos dominó porque se sobrecargan de trabajo equipos en buen estado, lo que incrementa los riesgos para estos: “Es lo mismo que con los carros: si tienes un Rolls Royce, pero no lo cuidas y lo usas al límite, se dañará”.

Una fuente del Ministerio de Salud, que pidió el anonimato, admitió las dificultades existentes y afirmó que el organismo negocia una extensión del contrato por cinco años con los proveedores argentinos. “Se incluiría el mantenimiento preventivo y correctivo, la actualización tecnológica para las máquinas y la creación de seis nuevos centros de radioterapia”. El vencimiento del acuerdo ha obligado al Gobierno a aplicar un plan especial que incluyó la contratación de la propia Meditron –que tiene la exclusividad de la representación de las marcas Phillips, Invap y Elekta– para hacer reparaciones específicas en máquinas dañadas. “Es una medida de gerencia de crisis”, dice Orlando. Su compañía realizó en agosto una auditoría técnica de los equipos e hizo un presupuesto para el ministerio. Los retrasos en la liquidación de divisas por parte de Cadivi son ahora un obstáculo para esa estrategia: “Si para este mes no hay dólares, no voy a tener tampoco repuestos”.

La ambición gubernamental es que alguna vez una empresa social, apoyada con transferencia de tecnología, pueda asumir la conservación de los equipos. “Las transnacionales sólo venden piezas a sus representantes y eso es un problema”, se queja el informante del ministerio.

Desempeño inestable. Las fallas de los aceleradores lineales y unidades de cobalto asociados al convenio se han agravado en el último año. Entre mayo y agosto, por ejemplo, las máquinas del Hospital Clínico Universitario y del Luis Razetti de Cotiza, con las que se podrían atender 240 pacientes diarios, tuvieron un desempeño irregular.

Las fuentes del sector indican que centros como el Padre Machado de El Cementerio y el Domingo Luciani de El Llanito, que cuentan con aparatos adquiridos antes del acuerdo con Argentina, han acogido a los pacientes remitidos desde otros centros de Caracas y el interior.

La situación en el Hospital Universitario de Maracaibo (Zulia) y el Central de Maracay (Aragua) tampoco ha sido la mejor, según reportes de trabajadores: en el primero se reactivó esta semana el acelerador lineal que estaba paralizado y en el segundo ese equipo se encontraba parado.  

Son inolvidables para muchos las imágenes de enfermos que han manifestado en otras instituciones: un grupo lo hizo a principios de agosto en el hospital Pérez Carreño de Naguanagua (Carabobo) y en septiembre de 2011 un anciano se encadenó en la puerta del hospital Ruiz y Páez de Ciudad Bolívar (Bolívar) tras esperar tratamiento 19 días.

Los afectados han pedido auxilio al jefe del Estado, un paciente de cáncer que se sometió a radioterapias en Cuba este año.

Las secuelas son visibles

Los oncólogos rutinariamente evalúan a los enfermos que deben remitir a los centros que sí funcionan, y los físicos médicos –especialistas formados para operar los equipos, velar por su buen estado y evitar accidentes radiológicos– están angustiados. Uno habla así en el Luis Razetti: “La máquina está echando vaina otra vez”.

David Lea, presidente de la Sociedad Venezolana de Protección Radiológica, afirma que hay que reivindicar a esos especialistas: “Ellos son quienes arrancan a los pacientes de la muerte. El Estado ha hecho esfuerzos por formarlos”. Omar Arias, miembro de la sociedad, dice: “El mantenimiento y el control de calidad son vitales, y fallan. Llamamos a las autoridades a crear una mesa de trabajo”.
Fallas de ejecución. El convenio con Argentina ha sido uno de los mayores proyectos en dos décadas para aumentar el número de centros de radioterapia en el país. “Ha habido un esfuerzo gubernamental por ampliar la atención a pacientes oncológicos”, dice Luis Capote, ex jefe del Programa Nacional contra el Cáncer. A lo dicho por el médico se agrega otra opinión que ofrece la fuente consultada en el Ministerio de Salud: “No existía en el pasado una red como la que se creó. Ahora es posible encontrar un servicio activo cuando otro falla”.

Los méritos del convenio, sin embargo, se han visto empañados por una gestión plagada de dificultades que han ido más allá del mantenimiento: a ocho años de la firma todavía hay centros sin concluir (Meditron también está a cargo de las obras civiles) y equipos que no han sido instalados o que están inactivos a pesar de que comenzaron a operar en los últimos dos años. Un caso es el del hospital Miguel Oráa de Guanare (Portuguesa) donde se instaló un acelerador lineal en 2010, pero no el equipo de calibración para hacerle monitoreos diarios y semanales a su correcto desempeño.

Los profesionales involucrados en el manejo de la máquina enviaron una comunicación interna en la que señalan que el personal de la Dirección Nacional de Salud Radiológica, adscrita al despacho de Sader, recomendó detener las radioterapias para prevenir accidentes. Los informantes señalan que ya se compró el aparato para el control de los parámetros de funcionamiento y que en cuatro meses llegará a la institución.

La situación del estado llanero tampoco es excepcional

En la negociación con Argentina sólo se compraron 5 equipos de calibración, insuficientes para los 10 aceleradores lineales Elekta que vendió Invap. En el hospital Patricio Alcalá de Cumaná los empleados afirman también que los aparatos de braquiterapia no están en uso porque tampoco han sido calibrados.
La lista de centros de radioterapia sin concluir incluye el hospital Militar Carlos Arvelo de Caracas, el hospital Central de San Cristóbal y el hospital Luis Ortega de Porlamar.

En el primero se retrasó el acondicionamiento de una sala existente donde había una filtración de aguas servidas. Las áreas de operación de los equipos radiactivos (conocidas como bunkers) deben tener condiciones especiales de temperatura, humedad, asepsia además de otros requerimientos, como la protección de las paredes con plomo para evitar fugas.


La adecuación del centro de la capital tachirense avanza con lentitud: aún no han comenzado obras. “Se retrasó por razones políticas”, dice Orlando. El ministerio intentó evitar la instalación de los aparatos en un área bajo control de la gobernación, en manos del opositor César Pérez Vivas desde 2008.

En el centro de salud de Nueva Esparta está próximo a estrenarse un acelerador lineal cuya garantía venció, explicaron informantes de la institución. Hay que mencionar también el hospital Vargas de Caracas, que originalmente iba a ser dotado, pero luego fue excluido del convenio.

Las fallas de servicios públicos también aceleran el deterioro de las máquinas. En el hospital oncológico de Naguanagua las interrupciones del servicio eléctrico han causado estragos en el acelerador lineal. El fin de semana pasado se instaló una planta eléctrica para garantizar el flujo de energía en el servicio de radioterapia. Se había recomendado una suspensión del suministro de sólo dos horas, pero se prolongó por cinco. “Se dañaron, entonces, la cámara y el filamento de radiaciones, afectados por el cambio de temperatura”, subraya Orlando. Los pacientes de Carabobo y del resto del país esperan por respuestas para seguir aferrados a la vida.