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Rousseff: "Espero que tengamos muy pronto el fin del embargo que todavía pesa sobre Cuba”

La presidenta pidió la difusión de todo el escándalo y no solo filtración de algunos detalles | Foto EFE

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La presidenta brasileña debió enfrentar en 2014 manifestaciones violentas y denuncias de corrupción a su partido. Sin embargo, ganó para un segundo mandato presidencial

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Dilma Rousseff tomará posesión el día 1 de enero de su segundo mandato al frente de la Presidencia de Brasil con desafíos mayores que cuando asumió por primera vez hace cuatro años. En aquella época, afianzada por el popular presidente Luiz Inácio Lula da Silva, tenía como función ser la continuidad del gobierno. Ahora, quiere dejar una marca propia para no pasar a la historia como solo la primera mujer en hacerse presidente.

En su primer mandato, buscó dar continuidad a programas sociales de Lula, pero en la cuestión fiscal dejó el país con dificultades. En su primer mandato se hizo famosa la “contabilidad creativa”, donde el Ministerio de Hacienda usó malabarismos contables para poder cerrar las cuentas del gobierno. Ahora tendrá grandes desafíos: contener la inflación, que amenaza cerrar el año por encima del techo del 6,5%, retomar la credibilidad del país ante los mercados financieros, atraer inversiones, cortar gastos, y, sobre todo, enfrentar los efectos políticos del escándalo que está envolviendo a Petrobras, la mayor empresa del país. 

–¿Cuáles son las consecuencias para la región de acercamiento de Estados Unidos con Cuba?

Los pronunciamientos de los Presidentes Raúl Castro y Barack Obama tienen un significado histórico. Estamos asistiendo a uno de los últimos – si no el último – episódio de la Guerra Fría.

Más de 50 años de embargo económico impusieron enormes sacrificios a la sociedad cubana y no produjeron los resultados que buscaba Estados Unidos, como realistamente afirmó el própio presidente de los Estados Unidos. Su declaración tuvo el mérito de reconocer cuán inocua ha sido esa medida. Después de tantos años, venció la opción por el diálogo y la búsqueda de una solución negociada, en detrimento del uso de medidas unilaterales adoptadas al margen del derecho internacional.

La normalización de las relaciones Cuba-EEUU transciende en mucho el ámbito bilateral. Ese  acercamiento tendrá un impacto fuerte y positivo en toda América Latina. Una expresión de eso ya se podrá constatar en la próxima Cumbre de las Américas, que se realizará en abril próximo en Panamá. El  apretón de manos entre Castro y Obama será símbolo de que algo nuevo está ocurriendo en nuestro continente.

Espero que, en seguimiento a las importantes decisiones de los últimos días, tengamos muy pronto el fin del embargo económico que todavía pesa sobre Cuba. Mi gobierno se enorgullece de haber desarrollado amplia cooperación con Cuba.

–¿Las denuncias relacionadas con Petrobras pueden afectar a la paz política necesaria para su segundo mandato?

–Mi indignación con las denuncias que involucran a Petrobras es la misma que sienten todos los brasileños, y quiero, al igual que ellos, que los culpables sean castigados. Quienes hayan cometido el crimen deben pagar por ello. En Brasil no hay intocables. Quienquiera que no trate el dinero público con seriedad, honestidad y efectividad, debe pagar. Este es un compromiso de mi gobierno.

–¿Brasil vive una especie de proceso “manos limpias”?

–Brasil no vive una crisis de corrupción. La corrupción siempre existió en Brasil. En realidad, Brasil vive un momento impar e inédito de efectivo fin de la impunidad y de combate a la corrupción. Lo que está en crisis en Brasil es la histórica impunidad. En lo que de mí dependa, no quedará piedra sobre piedra, caiga quien caiga. La impunidad es un mal del cual se alimentan la corrupción y los delitos financieros.

–¿Durante su segunda gestión, la política exterior de Brasil desarrollará un mayor apoyo a la democracia?

–La promoción de la democracia y la defensa de los Derechos Humanos son principios de la política externa brasileña, y seguirán siéndolo. La prioridad de la democracia en nuestra política exterior ha sido evidente, en especial con respecto a Suramérica. Hemos apoyado activamente la introducción de la cláusula democrática en el Mercosur y en la Una-sur. Todos los gobiernos de la región fueron elegidos en las urnas y legitimados por la voluntad popular. La existencia de divergencias entre nuestros países, así como en el interior de ellos, es natural y es parte intrínseca de los regímenes democráticos. Unasur actuó positivamente en crisis como las de Bolivia, en 2008; del Paraguay, en 2012; y de Venezuela, en 2014. En este último caso, la actuación, a instancias del presidente Maduro, comprobó la eficacia de la entidad para auxiliar a los Estados miembros a buscar soluciones democráticas, pacíficas y negociadas en escenarios de crisis.

–¿Qué mecanismos podrán ayudar en la aproximación de Brasil a la Alianza del Pacífico?

–Suramérica es un continente de diversidad, por lo que es natural que cada país tenga su visión y sus estrategias económicas y comerciales. Nos complace ver la iniciativa de Chile de promover un encuentro entre los cancilleres del Mercosur y de la Alianza del Pacífico para estudiar mecanismos de convergencia. Este también es uno de los objetivos del nuevo Secretario General de Unasur, Ernesto Samper. Brasil y el Mercosur, en la práctica, ya ejercen el libre comercio con Chile, Colombia y Perú, por ejemplo. Brasil también ha firmado varios acuerdos con México. Todo ello ha representado una base concreta para la creación de un área de libre comercio en Suramérica.

–¿Cree en un mayor acercamiento entre Brasil y México en su segundo gobierno o los dos países son rivales estratégicos en América Latina?

-México y Brasil son dos grandes naciones en desarrollo que enfrentan desafíos comunes, en especial la necesidad imperiosa de luchar contra la pobreza y el hambre. Para construir un camino de desarrollo sostenible que sea capaz de competir internacionalmente, necesitamos realizar amplias inversiones en educación, innovación e infraestructura. Necesitamos coordinarnos en nuestro hemisferio y fortalecernos a través de una cooperación más profunda. Veo a México y a Brasil como grandes aliados, no como rivales.

–Con las dificultades en las economías de Argentina y de Brasil, ¿está dispuesta a recorrer un camino de mayor apertura internacional del Mercosur?

-El proyecto de integración comercial del Mercosur siempre tuvo en cuenta la apertura a otros países, bloques o regiones. Tomemos el caso de la negociación con la Unión Europea: el Mercosur ya tiene su propuesta lista en lo que a la Comisión Europea concierne; aún no tiene el apoyo de los Estados miembros para presentarla. El Mercosur no es, como algunas veces lo acusan, un bloque cerrado.

–¿Cuál es su posición sobre el hecho de que Uruguay haya reclamado el derecho a celebrar acuerdos fuera del Mercosur?

-Sobre el formato de las negociaciones comerciales del Mercosur y la posibilidad de acuerdos individuales extrabloque, se debe tener presente que, desde el principio, hubo consenso de que el bloque debería realizarlos en forma conjunta, como una manera de proteger los logros ya alcanzados.

–¿Es conveniente para la integración latinoamericana la existencia de tantos bloques (Mercosur, Alianza del Pacífico, Unasur, Celac, Alba)?

–La coexistencia de diferentes mecanismos regionales refleja la rica diversidad sociopolítica de nuestros países, pero además comprueba el firme compromiso de todos respecto al ideal de la integración. El concepto de integración es rico y complejo, y puede abarcar desde un sencillo acuerdo comercial hasta la integración productiva, desde la cooperación económica hasta la concertación política. Para nosotros, el Mercosur representa el mecanismo de integración más profunda, que engloba a los diferentes campos de coordinación política, económica y comercial. En cambio, Unasur y Celac son principalmente instancias de convergencia política entre países sudamericanos, además de los caribeños y centroamericanos. En los últimos años, Unasur ha asumido funciones importantes tanto en materia de mediación de crisis políticas en la región, como en el caso de Venezuela, como de cooperación en temas como seguridad, defensa e infraestructura.

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