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Preocupación por el futuro

“Nicolás Maduro no es Chávez y eso implica que su capacidad para movilizar a los electores no es la misma que la del Presidente por una razón sencilla: el carisma es intransferible", explica el politólogo Herbert Koenecke

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El politólogo Herbert Koenecke, profesor de la Universidad Simón Bolívar, considera que la inseguridad y el desempleo son los principales problemas que inquietan al electorado joven, especialmente si se convoca a una elección presidencial en caso de que se declare la falta absoluta del mandatario Hugo Chávez.

“Entre los estudiantes de clase media, la prioridad es buscar oportunidades de estudio y laborales fuera del país porque tienen miedo a ser víctimas de la delincuencia común, además de que perciben que cada vez hay menos puestos de trabajo. Los jóvenes provenientes de sectores pobres que se benefician de los programas sociales del Gobierno también están siendo azotados por la violencia y no encuentran empleos estables a largo plazo. En general, a la juventud le preocupa el porvenir del país”.

Koenecke opina que la salida del jefe del Estado de la contienda electoral podría incrementar la abstención entre los votantes de 18 a 24 años de edad que simpatizan con el oficialismo. “Nicolás Maduro no es Chávez y eso implica que su capacidad para movilizar a los electores no es la misma que la del Presidente por una razón sencilla: el carisma es intransferible. Esos jóvenes no creen en Henrique Capriles, así que parece lógico suponer que muchos no tendrán interés en participar en un proceso electoral este año”.

El investigador advierte que los estudios de opinión en Venezuela han demostrado que los líderes con historias de superación suelen atraer el voto de los más jóvenes. Frente al electorado chavista, Maduro cuenta con varias fortalezas: fue designado por Chávez como su sucesor, es joven y de origen humilde, y desarrolló una carrera política que le permitió alcanzar los más altos cargos del Gobierno. Sin embargo, el especialista de la USB refiere un caso que demuestra que nada garantiza una victoria electoral.

En 2006 se hizo una investigación de campo para establecer quién podría ser un candidato eficiente frente a Chávez. Se concluyó que debía ser un líder joven, con una trayectoria personal exitosa. Se propusieron varios nombres y uno de ellos fue Benjamín Rausseo, el Conde del Guácharo. “Aunque su perfil recogía las características de un líder opositor ideal para ese momento, el avance de la campaña demostró que no tenía posibilidades de ganar”, señala.

El perfil de Capriles encaja más con las aspiraciones del elector joven de clase media. Para atraer al votante desmovilizado por la ausencia de Chávez, Koenecke piensa que el aspirante opositor debe recuperar las ganancias de la estrategia puerta por puerta, además de utilizar con audacia la comunicación a través de medios tradicionales y digitales para captar a nuevos electores jóvenes.