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Oscar Arias: “Chávez convirtió a Venezuela en un Estado fallido”

Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz 1987/ Foto: Manuel Sardá

Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz 1987/ Foto: Manuel Sardá

 El costarricense Oscar Arias hace un análisis retrospectivo del modelo chavista y advierte que la rectificación debe comenzar cuanto antes

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Oscar Arias es de los que piensan que el principal responsable de la crisis en que se encuentra sumida Venezuela es Hugo Chávez, lo cual no implica –aclara– desconocer que la situación ha empeorado por los desaciertos de Nicolás Maduro. Para encontrar soluciones considera imprescindible comprender el origen de los problemas más agobiantes de los venezolanos: la escasez de alimentos y medicinas, la inflación incontrolable y el aumento de la criminalidad. En su opinión, todos esas penurias son consecuencias del fracaso del modelo chavista.

El Premio Nobel de la Paz 1987 y ex presidente de Costa Rica se ha convertido en un acucioso analista de la situación del país y no ha dudado en levantar su voz en reiteradas oportunidades para denunciar el uso fraudulento de la justicia penal para aniquilar a los opositores. Identifica el deterioro institucional como el aspecto más insidioso de la crisis, “pues ha permitido que el modelo chavista se perpetúe más allá de su agotamiento”. E insiste en culpar a Chávez del sometimiento, más pragmático que ideológico, de todos los poderes públicos. Su convicción de que Venezuela es una autocracia se fundamenta en lo que, a su juicio, más alarma a la comunidad internacional: “El ejercicio del gobierno de forma arbitraria y sin contrapesos”.                                               

 

¿Cuál es el mayor riesgo de la crisis venezolana y cómo afrontarlo?

La crisis venezolana tiene muchas facetas: económica, social, política… Y recientemente ustedes mismos se han referido a una crisis humanitaria. Hugo Chávez llegó al gobierno por las urnas, el pueblo lo escogió, pero utilizó el poder para socavar las instituciones democráticas. El perjuicio ha llegado al extremo de haber terminado con la separación de poderes, que es la esencia de la democracia desde los tiempos de Montesquieu. Hoy el Poder Judicial recibe órdenes del Poder Ejecutivo. En definitiva, Chávez utilizó el poder para hacer de Venezuela lo que es hoy: un Estado fallido. Un Estado fallido donde nada camina bien; donde 75% de la gente vive en situación de pobreza, mucho más de lo que había antes de que Hugo Chávez asumiera la presidencia.

Ahora, con la caída del precio del petróleo, según he leído en The Economist, se espera que para este año haya un déficit fiscal de 24% del Producto Interno Bruto. Eso tiene que ser financiado, fundamentalmente, con emisión del Banco Central. Y eso implica que la inflación en 2016 puede alcanzar 750%. La consecuencia es un empobrecimiento aún mayor del pueblo venezolano. Aquí me han dicho que la deuda externa anda alrededor de los 225.000 millones de dólares. Y, de nuevo, a pesar del bajo precio del petróleo, hay que afrontar la amortización de esa deuda, los vencimientos parciales y pagar los intereses. Creo que muy pronto Venezuela va a caer en default. No va a tener los recursos para pagar y eso le va a cerrar las posibilidades de obtener nuevos créditos. Venezuela tendrá que acudir a la comunidad financiera internacional, aunque el gobierno considere que eso es impensable.

 

¿Es suficiente pedir ayuda financiera a los organismos multilaterales?

Ustedes van a requerir el financiamiento porque con la caída de los precios del petróleo sus ingresos disminuyeron abruptamente. Pero ese financiamiento no es suficiente. Eso tendrá que ir acompañado de medidas importantes, que son impopulares y que son dolorosas.

Ayer se anunció un pequeño aumento en el precio de la gasolina. Pero no solo la gasolina ha estado subsidiada. Hay otros productos subsidiados. Si quieren más ingresos, van a tener que terminar con buena parte de esos subsidios.

 

¿Para sanear la democracia venezolana es imprescindible que Maduro salga del poder?

Eso se va a discutir en el Parlamento. No soy yo el que debe decirles a los diputados de la Asamblea Nacional lo que tienen que hacer. En la Constitución están las opciones. Montaigne, el ensayista francés, decía que si el Príncipe no le hace daño a su pueblo, le hace mucho bien. El gobernante tiene que darse cuenta si le está haciendo mal o bien al pueblo que gobierna. Yo creo que para el presidente Maduro es evidente el empobrecimiento de la sociedad venezolana; es decir, que no le está haciendo bien a su pueblo. Por el contrario, le está haciendo daño. Por eso, el consejo de Montaigne es: si le estás haciendo daño a tu pueblo, lo mejor es que seas sustituido. Si él no quiere rectificar, porque su ideología no se lo permite, seguirá ahondando el foso en que se encuentra. Y se va hundir más, como se va a hundir el país. La salida de Maduro es algo que se puede negociar, que no se debe descartar. Lo que Venezuela necesita es un Deng Xiaoping venezolano.

 

¿Un Deng Xiaoping?

Sí, aquel líder chino que llegó a la presidencia de su país en 1979. Después de viajar por Singapur, Corea del Sur y Japón, llegó a decir: a mí no me importa si el gato es blanco o es negro, lo que me interesa es que cace ratones. Y tuvo la valentía, después de ser una persona muy cercana a Mao Tse Tung, de admitir que el maoísmo estaba equivocado. Que habían construido una sociedad igualitaria, pero donde todos eran pobres. Y que tenían que rectificar. Eso es lo que tiene que hacer Venezuela: rectificar. No conozco al vicepresidente –Aristóbulo Istúriz–, al que eventualmente le correspondería suceder al presidente si este renuncia. Quizás sea una persona más moderada con quien la oposición pueda negociar con mayor facilidad que con el presidente Maduro.

 

¿Qué puede aprender Venezuela del proceso de paz en Centroamérica?

Que el diálogo produce milagros. Eso fue lo que nos permitió a cinco presidentes de Centroamérica alcanzar la paz y silenciar las armas en la región. Las posiciones de un Napoleón Duarte, por un lado, y de un Daniel Ortega por el otro, eran muy opuestas, y sin embargo tuvimos la capacidad para transigir, para abandonar dogmas.

 

¿Cómo impedir que la crisis en Venezuela degenere en violencia?

Hay que aceptar los errores muy pronto y hacer las rectificaciones muy pronto. En semanas o en meses; esto no puede esperar años. Con los indicadores económicos y sociales que existen y con un pronóstico tan desalentador, pueden venir manifestaciones callejeras, esa violencia que nadie quiere. Ya hubo violencia hace dos años. Murieron muchas personas y no queremos que se repita. Se requiere la valentía para reconocer que el modelo chavista fracasó. Por eso le digo que se requiere un Deng Xiaoping venezolano, un estadista que reconozca que el modelo chavista fracasó.


Menos armas y más comida

Más que preocupación, Arias dice sentir profunda tristeza por el gasto mundial de 1,7 millardos de dólares anuales en armas y en soldados: “Con la pobreza generalizada que hay en Venezuela, uno se pregunta para qué sirven esas armas tan sofisticadas que ha adquirido el gobierno en los últimos años, si los verdaderos enemigos del país son la pobreza y la desigualdad. Con uno de esos avioncitos que ustedes les han comprado a los rusos podrían abastecer de comida buena parte de los anaqueles”.