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Navidad por decreto

El control de precios ha impulsado a los consumidores a comprar más / Omar Véliz

El control de precios ha impulsado a los consumidores a comprar más / Omar Véliz

El presidente Nicolás Maduro decretó el inicio de la Navidad el 1 de noviembre para que la felicidad llegara al pueblo venezolano

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Aunque este año, por orden del presidente, el Niño Jesús nació sietemesino, no hay decoración en los edificios gubernamentales ni villancicos antes de tiempo.  En el centro de Caracas, del diciembre adelantado solo hay afiches de candidatos a alcaldes y largas colas para comprar electrodomésticos y juguetes rebajados como aguinaldo preelectoral

El presidente Nicolás Maduro decretó el inicio de la Navidad el 1 de noviembre para que la felicidad llegara al pueblo venezolano. “El que ande amargado por allí, le cantamos un villancico o una parranda; el que invente bochinches y violencia, Navidad temprana”, dijo. El que ande en la cola para comprar electrodomésticos y no encuentra las rebajas esperadas, puede que le espere una gaita.

Jeanpiero Aguilar ve con agrado la iniciativa del presidente de adelantar el parto de la Virgen María. “Esta es la época más bonita del año, me parece mejor que podamos disfrutarla por un mes más”, opina. Este año, el Niño Jesús nació sietemesino.

Saliendo de la estación Capitolio no se observa el rojo –el rojo navideño–. De la Vicepresidencia, la Cancillería y el Banco Central, solamente la Cancillería acató el decreto de adelantar la Navidad, decorando la entrada del edificio con lucecitas sobre telas verdes y rojas. La Asamblea Nacional no luce siquiera bambalinas y en la plaza Bolívar no hay ni un gorrito navideño en la cabeza del Libertador. Hay, sin embargo, afiches con fotos de Chávez y de sus seguidores, que celebra a “Chávez invicto siempre”.

Alrededor de la plaza está la Alcaldía de Libertador y el Gobierno del Distrito Capital. La primera no se sumó al decreto, pero adentro de la segunda hay un pesebre rodeado de matas de Navidad, donde hasta se puede ver al legendario Pacheco bajando por las escaleras. Sin embargo, hace calor. ¡Bajó Pacheco! Pero se le olvidó prender el aire acondicionado.

Feliz consumo

En el centro de Caracas no se siente tanto la navidad adelantada como las elecciones apuradas. Los postes que iluminan los bulevares no visten ninguna guirnalda, sino afiches de Ernesto Villegas y Jorge Rodríguez. Algunos locales ya tienen a San Nicolás en sus vitrinas, pero solo un restaurante cerca de la plaza El Venezolano ofrece el plato navideño. Aguilar cuenta que ya comió pernil en una fiesta, pero aún no lo ha comprado porque una misión se lo llevará a casa: “En el trabajo me dijeron que te llevan pernil y tú lo pagas, en vez de hacer la cola”.

Los transeúntes observan las mercancías, pero cargan pocas bolsas. María Reyes dice que comienza a comprar los regalos desde agosto. “Yo hago compras de Navidad todo el año, pero uno compra más en esta época porque tiene dinero”, indica. Aun así no basta.

Sin embargo, las manos solo se vieron vacías durante los primeros días del mes. La misma semana que el Ejecutivo ordenó fiscalizar y poner “precio justo” a electrodomésticos, repuestos para automóviles, aparatos electrónicos y demás, fue la misma en la que pagaron los aguinaldos a pensionados y empleados públicos. Aguilar es empleado público y acaba de salir de una tienda por departamentos cargando cuatro bolsas con cosas que faltaban para armar el arbolito, en las que gastó 1.000 bolívares.

Tres colas a la redonda

A dos cuadras de la plaza Bolívar hay un negocio de aparatos electrónicos que parece que acabaran de robar. El portón está cerrado y hay siete policías municipales y seis guardias nacionales armados con fusiles resguardando el exterior y el interior del local. Hay una cola de unas 30 personas y un hombre con chaqueta negra controla el ingreso de los clientes a través de una puerta. Al preguntársele si los precios están fiscalizados, gira la cabeza de lado a lado y señala con el dedo una hoja que está pegada con tirro en el portón que dice: “en esta tienda se compra nacional, nunca se ha disfrutado de dólares oficiales, tal como pueden consultar con nuestro RIF”.

Cualquiera que lea el aviso puede deducir que los precios no están ajustados. Los consumidores entran y salen inmediatamente quejándose. El hombre de chaqueta negra es policía, pero decide no revelar su nombre. Comenta que la única razón por la que el portón está cerrado es por motivos de seguridad. Nadie quiere saqueos. Ni que le “compren sin pagar”, como dice el candidato Villegas. Pareciera que tapar las vitrinas y poner oficiales a modelar fuese una nueva estrategia de mercado para aumentar las ventas.

En frente está El Portón de Oro, una juguetería que también tiene la santamaría abajo, pero está abierta. Detrás de la reja, tres Guardias del Pueblo se encargan de abrir y cerrar la puerta. Más de 100 personas quieren entrar. Elvis Subero cuenta que vino de La Guaira porque una vecina le informó sobre la fiscalización de precios. Compró 2 pistas de carritos y 2 muñecas en 8.000 bolívares. “No me parece que los precios estén tan asequibles”, dice. Pagó 2.000 bolìvares por una de las pistas, lo mismo que cuesta en 2 jugueterías aledañas.

A pesar del consumo, no se siente el espíritu navideño en la calle. Los conductores no tocan villancicos, sino cornetas. Un motorizado que va por la acera casi arrolla a los que caminan; en el Metro, la gente discute porque unos no dejan salir y otros no pueden entrar. Todos están tensos.

Si Maduro estuviese, tal vez cantaría “¡tun tun! ¿Quién es? ¡Gente de paz!”.