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Mauricio Ramia, el señor de las gramíneas

El señor de las gramíneas

El señor de las gramíneas

El agrónomo y botánico lleva toda una vida dedicada al estudio de las gramíneas, plantas fundamentales para la dieta del hombre. Recibió el premio al Mejor Trabajo Científico del año en el área de Ciencias Naturales

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Le tomó 10 años descifrar el intrincado género Panicum de la familia de las gramíneas que pueblan la sabana venezolana. La labor la completó a los 85 años de edad y fue compensada con el reconocimiento al Mejor Trabajo Científico del año, en categoría de Ciencias Naturales, entregado este mes por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación.

“Es el género más numeroso y el más conflictivo, hay muchas dudas en su clasificación y problemas con la taxonomía, por lo que no fue tan sencillo. Por eso, el trabajo representa una gran contribución a la botánica del país”, explica Ramia, autor del libro El género Panicum (Gramineae) en Venezuela, que le hizo merecedor del galardón. 

Desde que ingresó a la Facultad de Agronomía de la UCV, en 1949, Ramia ha recorrido casi todas las sabanas del país, es conocedor de los pastos y montes que hacen de esta tierra extensa y fecunda un recurso invaluable, pues conforman la principal fuente de la dieta del hombre. Arroz, maíz, trigo, pastos para el ganado, vetiver, caña de azúcar, cebada, avena, malhojillo. Todas son gramíneas.

Es caraqueño, de origen libanés, pero se define como llanero asimilado, y subraya: “El llanero es amplio y gentil como la sabana”. “Las plantas indican la ecología del sitio, son un reflejo del suelo y el clima, eso sirve para conocer el potencial de aprovechamiento de una zona. Pero además, las sabanas representan la tercera parte del país, uno de los ecosistemas más importantes. Cuando se habla de Venezuela se habla de la sabana, de la de Doña Bárbara, la de Florentino y el Diablo, el joropo, el liqui-liqui, el ‘Alma Llanera’ y en la que cabalgaron los llaneros en la guerra de Independencia”.

Pese a que está jubilado, aún no habla de retiro. “Todavía camino”, dice convencido. Hasta hace apenas dos años daba clases en la UCV. Desde el que llama su refugio, el Jardín Botánico de Caracas, trabaja en el gran libro de las gramíneas de Venezuela, en el que lleva trabajando 20 años, y donde documentará más de 260 especies.