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Malala y su lección de valor

La activista paquistaní de 15 años de edad que fue tiroteada por los extremistas talibanes luchó para evitar que cerraran las escuelas y permitieran a las niñas estudiar. Con el seudónimo Gul Makai escribía un blog en la web de la BBC en el que narraba cómo su mundo se iba estrechando por las leyes de los fundamentalistas

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"Tengo miedo. Ayer tuve un sueño horrible con helicópteros militares y los talibanes. He tenido esos sueños desde que empezó la operación militar en Swat", escribe Gul Makai en su diario el 3 de enero de 2009. 

Desde dos años antes, los extremistas islámicos se habían vuelto más fuertes en ese distrito del noreste de Pakistán y los esfuerzos del Ejército para expulsarles de allí no daban resultado. Los combates eran cotidianos. Gul Makai es el seudónimo con el que firmaba su blog Malala Yousafzai, la joven de 15 años de edad, activista por la escolarización de las niñas, a quien los talibanes intentaron matar el martes 9 de octubre. 

Cualquiera de los habitantes de Mingora, la capital del pintoresco valle del Swat, en las estribaciones del Hindu Kush, podría haber suscrito sus palabras, pero Malala apenas tenía 11 años de edad cuando la web en urdu de la BBC decidió publicar su diario. Lo que había empezado como un ejercicio de redacción se convierte en una muestra de resistencia y una denuncia ante las imposiciones de los talibanes. 

No sólo las pesadillas que le provocan los combates asustan a Gul Makai (literalmente, fl or del maíz, en urdu). También el ir al colegio porque, indica, "los talibanes han emitido un edicto que prohíbe ir a la escuela a todas las niñas". "Sólo asistieron a clase 11 de las 27 alumnas (...) Mis 3 amigas se han ido a Peshawar, Lahore y Rawalpindi con sus familias después del edicto". 

Malala, cuyo nombre remite a una heroína pastún del siglo XIX, mantuvo su diario hasta principios de 2011, pero son las primeras entradas las que han atraído un mayor interés al describir su vida cotidiana bajo el dominio talibán. La BBC ha traducido al inglés en su web los días que precedieron a la clausura de las escuelas de niñas en enero de 2009. De la mano de Gul Makai se siente como el mundo se va estrechando a su alrededor a medida que los militantes fundamentalistas imponen su ley, que incluye la prohibición de la música o de que las mujeres salgan solas a la calle. 

El domingo 4 de enero, cuando se levanta, oye a su padre comentar que se han encontrado otros tres cuerpos tirados en el cruce de Green. (Además de dueño y director de la escuela a la que acude su hija, Ziauddin Yousafzai es un fi rme defensor de la educación y poeta, que se muestra muy orgulloso de Malala). 

"Me sentí mal cuando oí esa noticia. Antes de que empezara la operación militar, todos solíamos ir de picnic los domingos a Marghazar, Fiza Ghat y Kanju (tres populares enclaves de la zona). Ahora la situación es tal que hace más de un año y medio que no hemos salido a hacer un picnic", lamenta en su blog. 

Al terminar las clases, Malala vuelve a casa, come, hace los deberes, juega con sus dos hermanos más pequeños y a última hora ve la tele, como millones de niños en todo el mundo. 

Pero su mundo cercano está plagado de violencia. Se alegra de saber que después de 15 días se ha levantado el toque de queda en Shakardra. "Nuestra profesora de inglés vive en esa zona y es posible que ahora vuelva a darnos clase", anota. La escuela es para ella el contrapunto de la guerra. 

Volver a clases

Tarda varios días en volver a escribir y cuando lo hace, el miércoles 14, es para expresar el temor de que su colegio no vuelva a abrir tras las vacaciones de invierno, algo que le pone de mal humor. 

"El director anunció las vacaciones, pero no mencionó qué día tenemos que volver. Es la primera vez que ocurre. En el pasado siempre se ha fi jado con claridad la fecha de regreso. El director no nos informó sobre la causa, pero temo que sea porque los talibanes han prohibido la escolarización de niñas a partir del 15 de enero", interpreta con una madurez que supera con mucho lo habitual en una niña de 11 años de edad. 

"En mi opinión, la escuela volverá a abrir un día, pero cuando me iba miré al edifi cio como si no fuera a regresar nunca", confía. Cuando lo hace seis meses después, Malala está más decidida que nunca a hacer campaña por la educación de las niñas. Incluso sin la presión de los talibanes, escolarizarlas es una ardua tarea que choca con la ausencia de instalaciones y la falta de medios de muchas familias. De 40% de niños que no va a la escuela en Pakistán, casi dos tercios son chicas, según datos de Unicef. Las niñas pobres de zonas rurales tienen 16 veces menos posibilidades de ir al colegio que los varones de familias acomodadas en las ciudades. 

Malala estaba aprovechando la fama que le ha dado su blog para tratar de crear un fondo que las ayude. Su querido Swat ha sido liberado de los talibanes, pero la versión del Islam y la agenda que quieren imponer por la fuerza sigue siendo una amenaza. 

El martes 9 de octubre, Malala iba a abordar el autobús de regreso a su casa a la salida de la escuela, cuando un barbudo preguntó por ella y, tras identificarla, le disparó en la cabeza y el cuello. La joven sobrevivió, fue operada en un hospital militar de Pakistán y ahora se recupera para asombro de los médicos  en el Queen Elizabeth Hospital de Birmingham (Reino Unido), especializado en cuidados intensivos y destino principal de los soldados británicos heridos en Afganistán. El día del ataque Malala acababa de hacer su examen de mitad de curso del noveno grado.