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Luis Carlos Díaz: “Quien lee no necesita armas”

Luis Carlos Díaz / Cortesía

Luis Carlos Díaz / Cortesía

El periodista especializado en redes sociales consideró que el papel no morirá mientras sea relevante

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—¿Cómo aplicaría su concepto de periodismo de paz en tiempos de presiones y censura?

—La paz no es negar o callar conflictos, empieza por develar las contradicciones y los intereses de los actores en juego. Por eso denuncia más que el resto. El periodismo de paz no negocia con los secuestradores, los señala usando toda la creatividad que tenga disponible.

—¿Se autocensura?

—No, pero quiero ser estratégico con las maneras de burlar los controles.

—En la radio, ¿el pez muere por la boca?

—A veces por la nariz.

—¿Por qué la radio ha sobrevivido más que otros medios?

—Porque conecta con el corazón y la piel, porque es relato y cercanía. Porque la radio es contigo.

—¿En la unión está la radio?

—Cliché peligroso para quienes vivimos en lógica de redes. La unión muchas veces debilita la fuerza. Es mejor apostar por el enjambre.

—Hoy con menos papel hay más lectores, gracias a Internet. ¿Cuánta tinta fresca le quedaría al papel periódico?

La que el público esté dispuesto a pagar. El papel no morirá mientras sea relevante.

—¿Una autocrítica al periodismo venezolano?

—Este es el momento para contar más historias y no las estamos viendo en ninguna parte.

—¿Otra a las redes sociales?

—Las herramientas son neutrales.

—¿Qué agradece el periodismo a la revolución?

—Sería tan falso como agradecerle un vaso de agua a los secuestradores.

—¿Y viceversa? 

—La construcción de su figura de autoridad.

—¿La mejor pesca en las redes?

—Los naufragios que te descubren tesoros.

—¿Soportan las redes las mentiras oficiales?

—Las desmontan cada minuto que fortalecen el tejido de los que decimos “no”.

—¿Cómo terminará el grueso de los medios comunitarios y alternativos?

 —Los “gobunitarios”, en la lona.

—¿Qué comunican los rostros en silencio de los interlocutores presidenciales?

—Se les rompió un diente y lo están palpando.

—¿La incomunicación de la comunicación?

—La mayor parte del universo es vacío. La masa es una rareza. La comunicación es una rareza mágica y apasionante.

—¿Qué pierde y qué gana un periodismo exclusivamente gubernamental?

—Se pierde y cansa.

—¿Hay talibanismo en el periodismo nacional?

—Podríamos usar palabras propias para nominar nuestro caos.

—¿Reflejan las redes sociales la potencia que, según el gobierno, es Venezuela?

—Reflejan una imagen que no les gusta ver. Por eso pagan a funcionarios y a militantes para pintarse el bosque en el que ya están perdidos.

—¿Tienen algo de profeta los periodistas?

—Ninguno. Incluso los que venimos del futuro evitamos arruinarle la trama a los demás.

—¿Imagina el periodismo del futuro?

—Para qué imaginarlo cuando puedes hacerlo.

—¿Un acontecimiento que reventaría las redes?

—Las redes resisten más que la tela de la araña.

—¿Defiende el ciudadano a sus medios?

—Sólo a los que decidieron seguir siendo relevantes para la ciudadanía.

—¿El doble filo de los medios oficialistas?

—Usan fondos públicos para favorecer al partido de gobierno, y eso es corrupción. Al contrario que muchos otros enjuiciables, las pruebas son públicas.

—¿Y de lo que queda de medios independientes?

—Están en Internet, pero les cuesta comunicar en redes.

—¿La revolución mediática?

—El nuevo ecosistema de micromedios con alto nivel de significación y grandes medios que saben agregar valor a la conversación ciudadana.

—¿La revolución semántica?

—Es la neolengua por desmontar hasta que cada palabra vuelva a llevar lo que dice y sea como el temblor que la sostiene, como clama Rafael Cadenas.

—¿Cercenan las escuelas de periodismo la capacidad natural del comunicador?

—Por el contrario: le dan criterios. Cuando la escuela es buena.

—¿La utilidad periodística del Facebook?

—Es la revista Hola de nosotros, los pobres. Te provee de fuentes y conversaciones como un callejón.

—¿De Twitter?

—Es un sismógrafo de la actualidad y un termómetro de cierta opinión pública.

—¿La paradoja del celular?

—Ya demostramos que pueden ser diminutos, pero vamos de regreso construyendo pantallas más grandes.

—¿Pasará el Whatsapp?

—Ojalá. Mientras más rápido ocurra, mejor.

—¿Una estrategia para unir el país?

—Nada distinto de decir verdades que se construyan colectivamente.

—¿El receptor frustrado?

—El que no sabe buscar.

—¿Tienen las comunas sus redes bien puestas?

—Ni siquiera las de alimentación.

—¿El periodista que más informa hablando menos?

—Trabajo con uno al que el gobierno le reclamó por hacer silencio unos segundos. Eso ya es nivel maestro jedi.

—¿Una sugerencia a los dueños de medios que piensan vender?

—Que llegan tarde. Hay menos petrodólares y los testaferros están invirtiendo en otras cosas.

—¿A las comunicaciones de la oposición?

—Deben ser seductoras.

—De ser su asesor, ¿otra al proceso?

—No trabajo para violadores de derechos humanos.

—Si el medio es el mensaje, ¿por qué la audiencia de la hegemonía mediática oficialista no llega a 6%?

—Eso ya cuenta como asesoría. No me interesa darle claves a quienes son malos y lo están haciendo mal.

—¿Intervendrán Twitter?

—Twitter mismo decidirá su futuro y los usuarios el nuestro.

—¿El arma del periodismo de paz?

—Ninguna. Quien lee no necesita armas.

—¿Qué pasaría en Venezuela si dejasen en paz la libertad de expresión?

—La libertad de expresión se abre paso sola; el problema es la relevancia de lo que se dice y eso no depende de la libertad de expresión, sino del nivel de institucionalidad de una democracia.