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Latinoamérica pierde su fe

El papa Francisco | FOTO REUTERS

El papa Francisco | FOTO REUTERS

El papa Francisco, elegido en marzo de 2013, hará mañana su primera visita al continente. No irá a su país natal, Argentina, sino a Brasil, donde participará en la Jornada Mundial de la Juventud.  Llegará a una región en la que la religión católica sigue siendo predominante, sin embargo la feligresía va en descenso

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Lastimada por los escándalos de pederastia y la ausencia de una respuesta consistente de la Iglesia a temas como las bodas gay, la fecundación in vitro y la participación de la mujer en el sacerdocio, la religión católica, aunque predominante con 80%, en promedio, de la población de América Latina, registra un descenso de fieles, mientras crece paulatinamente el número de seguidores de la fe protestante o evangélica.

El papa Francisco es el primer pontífice nacido en el continente y tiene el reto de devolver la confianza de los latinoamericanos en la Iglesia. Mañana, en su primer viaje internacional, el país que visitará es precisamente el que cuenta con mayor número de católicos en la región: Brasil. Muchos esperan que reanime la vida de una religión que pierde creyentes lentamente.

Especialistas consultados consideran que la Iglesia Católica no cuenta con una estrategia de proselitismo como la emprendida por las iglesias cristianas-evangélicas, mientras que obispos reconocen un choque de la institución con “un paradigma de valores secularizados que está rigiendo al mundo moderno”.

Durante la  V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (2007), celebrada en la ciudad Aparecida, en Brasil, el entonces papa Benedicto XVI hizo un llamado urgente de evangelizar en Latinoamérica para enfrentar la disminución del número de católicos, el avance de “secularismo hedonista” y la penetración de otras religiones. En ese entonces, se dio a conocer que el número de personas que reciben sacramentos como el matrimonio o el bautizo también estaba en descenso.

 Efecto Bergoglio. Sólo en Argentina se afirma que la elección de Francisco, el primer papa de esa nación, ha revitalizado la presencia de la Iglesia y las expresiones de fe. Aunque todavía es prematuro para que se consolide una tendencia definitiva, un informe del Centro de Estudios sobre las Nuevas Religiones revela que 53% de los sacerdotes percibe en su propia comunidad un aumento de las personas que se acercan a la iglesia y se confiesan. El “efecto Bergoglio”, reflejado en un sondeo entre 200 sacerdotes y religiosos, muestra que ese crecimiento es “consistente”, según 43.8% de los curas consultados.

Pero no es igual en el resto del continente. En México, la mayoría de la población practica la religión católica. No obstante, su descenso ha sido notable en las tres últimas décadas. De acuerdo con los Censos de Población y Vivienda que elabora cada década el Instituto Nacional de Estadística y Geografía e Informática en 1990, 89,7% de mexicanos se declaró católico, en 2000 ese porcentaje se redujo a 88% y en 2010 disminuyó a 83,9%.

Jorge Traslosheros, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México, afirma que “desde la jerarquía católica no existe un plan de acción específico para la recuperación de fieles o su no deserción. Lo que sí existe es un protagonismo que han trasladado a los laicos en movimientos eclesiásticos a nivel parroquial”.

Elio Masferrer Kan, antropólogo de las religiones, asegura que la Iglesia Católica no ha logrado una estrategia inteligente para evitar que sus fieles huyan a las filas de nuevas manifestaciones religiosas.

Manuel Corral, secretario ejecutivo de la Conferencia del Episcopado Mexicano, organización que congrega a todos los obispos del país, reconoce que la Iglesia Católica no ha sabido utilizar un lenguaje más emotivo y menos rígido con los fieles.

 Migración en Venezuela. En Venezuela la institución no ha abandonado su vocación pastoral ni se ha alejado de la comunidad, pero la comunidad sí ha migrado hacia otros credos. Un estudio del Laboratorio de Ciencias Sociales mostró que en 1987 85% de los venezolanos era católico, pero en 2011 la cifra había bajado a 75%. A la par, los cristianos evangélicos crecieron de 7% a 14% en el mismo período.

La encuestadora GIS XXI indica que, en 2010, 71% del país era católico y 17% evangélico. La misma firma informa que 54% no creía en los sacerdotes. Las investigaciones muestran una clara tendencia: el éxodo de los católicos hacia las filas evangélicas, en las que los ritos son más vistosos y han atraído a los que viven en pobreza.

La Conferencia Episcopal Venezolana está al tanto de la merma y ha hecho públicos varios datos: recientemente reveló que sólo 15% de los católicos va a misa y que hace 5 años había 1.000 seminaristas y actualmente son 800. La aprobación de la Iglesia como institución, sin embargo, ha superado siempre 60%, por encima de los medios de comunicación y los partidos políticos.

 Pocos rituales. En agosto de 2012 el Instituto Nacional de Estadística y Censos de Ecuador presentó las primeras estadísticas oficiales sobre filiación religiosa en el país, que reveló que 80,44% de la población es cristiana católica. Eso sí, solamente 3 de cada 10 personas que se identifica asiste a servicios religiosos una vez a la semana.

Tanto el INEC como un informe del Programa Latinoamericano de Estudios Sociorreligiosos, citado en el Reporte de Libertad Religiosa 2011, coinciden en que la religión protestante es la que ocupa un segundo lugar.

En Puerto Rico el panorama no es diferente. A la religión católica pertenece entre 75% y 85% de los boricuas, según la Enciclopedia del Mundo Cristiano.

En general los obispos puertorriqueños mantienen una postura conservadora, se oponen a medidas que extienden derechos a la comunidad gay como el derecho de adoptar hijos, la protección de una ley contra la violencia doméstica y la protección contra la discriminación del empleo por motivo de  identidad sexual. Esa posición los aleja de la gente.

En Brasil el catolicismo romano se redujo 8,94% en 10 años, según datos comparativos de los censos de 2000 y 2010. Aun así, es la religión más fuerte del país.

El investigador y profesor de Teología de la PUC-Río, Paulo Fernando Carneiro de Andrade, explica que la reducción del catolicismo está conectada con la pluralización y la secularización, fenómenos en los que el hombre vive en un mundo muchas veces prescindiendo de la religión. “Este es el desafío pastoral, cómo evangelizar esa sociedad ahora plural”, reflexiona.

En Colombia una encuesta contratada por El Tiempo en diciembre del 2011, y realizada por la firma Datexco, concluyó que 8 de cada 10 colombianos se consideran católicos. Sin embargo, la misma investigación, realizada en las principales ciudades del país, evidenció que muy pocos viven una fe comprometida y que el catolicismo es, en la mayoría de casos, simplemente una herencia familiar que no siempre se lleva a la práctica. Por ejemplo: sólo 45% va a misa los domingos, 20% acude a la iglesia únicamente a ceremonias especiales y apenas 28% lee la Biblia de vez en cuando.

 Explosión de denuncias. La Iglesia Católica chilena ha vivido en carne propia las dificultades que se han expresado en todas partes del mundo. Los últimos años han sido un tiempo de tensiones al interior del clero y, también, entre el clero y sus fieles. Los datos obtenidos luego del censo de 2012 demuestran que la explosión de denuncias por abusos sexuales –con el caso del sacerdote Fernando Karadima como emblema de ese tiempo oscuro–, no ha provocado en el país una debacle religiosa, como algunos temieron. El conflicto se resolvió más como una “crisis de confianza” que como una “crisis de identificación religiosa”, de manera que el descenso en la proporción de católicos es de dos puntos, proporción inferior a la registrada en el censo anterior, cuando cayó de 77% a 70%.

En abril de 2013, además, otra noticia causó inquietud: las vocaciones sacerdotales, según cifras de 18 de 33 seminarios, fueron un tercio de las que había en 2002. Ese año 71 jóvenes ingresaron a 18 casas de formación, mientras que en 2013 ingresaron apenas 24. En un período de 11 años, de 634 estudiantes, sólo 56 llegaron al sacerdocio o a los votos perpetuos (en el caso de las congregaciones religiosas).

Uruguay es un caso aislado en el continente. Desde hace un siglo ha mostrado un extraordinariamente bajo nivel de religiosidad. Una encuesta de 2008 estableció que apenas 51,9% se decía católico romano. Más de la mitad de los católicos no asiste a servicios religiosos.

En Costa Rica de acuerdo con una reciente encuesta de la empresa consultora Unimer 57% de la población mayor de 18 años se declara católica. Los seguidores del catolicismo han disminuido en los últimos años, pues en 1999  representaban 73% de la población. La caída fue más abrupta a mediados de esa década producto de escándalos económicos y sexuales de la Iglesia que llevaron a 2 sacerdotes famosos a la cárcel.

Para atraer a fieles actualmente la Iglesia Católica costarricense ha emprendido una labor de renovación acercándose a la gente y creando una idea de comunidad.

Por ejemplo, en barrio Cuba, una zona marginal de la capital, el presbítero Alfredo del Toro decidió hacer las misas en la calle y hasta llevar mariachis para incentivar la participación de los vecinos. Los esfuerzos de renovación de la fe se activan. Bergoglio será parte de esta campaña.

 

Venezuela: “Me convertí en testigo de Jehová”

Tocar de casa en casa y dejar un folleto; ofrecer unas palabras antes de que la persona que abrió la puerta  –seguramente en pijama– la cierre con poca paciencia. La voluntad de los Testigos de Jehová, esos hombres y mujeres que recuerdan cada fin de semana que la tenacidad es un don, atrajo a Silvano Quevedo hace dos años a esa congregación. Pero también le interesó la palabra: “Empecé a estudiar y a investigar acerca de lo que dice la Biblia. Tuve que hacer cambios en mi vida que no me enseñó la religión católica, en la que fui bautizado. Tuve que acercarme más a las escrituras, cumplir lo que nos pidió Jesús. El catolicismo está involucrado en muchas cosas que van en contra de la palabra de Dios, como su apoyo a las guerras, por ejemplo. Esa es mi opinión personal”, dice.

Quevedo y su familia son miembros de este grupo cristiano en el que hay más de 110.000 integrantes en Venezuela. “Aquí hay mucha más receptividad que antes. Siempre hay apáticos, dependiendo de la zona y las circunstancias”, asegura. Adiciona un problema a la ecuación: la inseguridad. Ser testigo de Jehová y depender de la buena fe de las personas para propagar las escrituras es un reto porque cada vez son menos los que están dispuestos a abrir puertas. “Las zonas más receptivas están el campo. En las ciudades tenemos poco acceso, hay vigilantes que no dejan llegar a las casas, la gente no baja en los edificios, hay más temor de que los roben o maltraten”, lamenta. 

 

Argentina: “A los 60 años de edad hice la comunión”Nélida María Guerrero, tiene 67 años de edad. Su padre era socialista y su madre hija de italianos. No se casaron por la Iglesia ni le dieron formación religiosa. “No era de ir a misa o a la iglesia. Sí de celebrar la navidad. Luego me casé y tuve dos hijos. A los 47 años de edad mi mamá murió en un accidente atropellada por un tren. Fue terrible, no podía dormir, sólo podía hacerlo rezando el rosario”. Así volvió a una fe olvidada. “Luego sucedió algo que me llegó muy hondo, tuve un nieto maravilloso, Valentino, un ser muy espiritual. Suele decirse que los caminos del Señor son insondables, y estoy de acuerdo, porque mi nieto me cambió, me llevó de la mano hacia la fe, yo lo único que hice fue acompañarlo”.

A los 60 años de edad hizo la primera comunión. Eso fue en 2006. “Para hacerlo, antes me tuve que confesar: ¡60 años de pecado! Poco después hice la confirmación, con monseñor Bergoglio, actual papa Francisco”, recuerda. Ahora va a misa junto con su  nieto: “Noto que en la iglesia hay más gente, gracias a la elección de Francisco. Es un papa que no es ajeno, que se mete en el barro, que sabe lo que son las villas. Y qué casualidad, o qué destino: fue elegido el 13 de marzo, el día de mi cumpleaños”.

 

Chile: “Es un antes y un después”. Luis Vásquez (45 años de edad, contador) se crió en una familia tradicional católica, en Cauquenes, sur de Chile. “Íbamos a misa todos los domingos. Tengo todos mis sacramentos al día, fui acólito a los nueve años de edad en una iglesia franciscana, participé en grupos de jóvenes. Aún me sé la misa de memoria”, cuenta.

Pese a esta activa participación, sus inquietudes espirituales estaban insatisfechas. Su hermano menor, estudiante de la Universidad Santa María, le habló de un grupo de jóvenes en el que podía encontrar respuestas sobre su relación personal con Dios.

El 25 junio de 1995 se produjo la conversión. “No es tan simple como muchos piensan. Es un antes y un después. Ese día tuve un encuentro personal con el Dios que siempre estuve buscando”, explica.

Un amigo evangélico lo guió en ese proceso, primero por el arrepentimiento: “Solo hay una persona que te puede ayudar: Jesús”, fue lo que le dijo a Vásquez.

Hoy el profesional asiste con su familia los domingos en la Corporación Nuevo Pacto, de raíz pentecostal, en Santiago.