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Instituto Nacional de Higiene despejará dudas sobre los quirófanos

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La asesora legal de la dirección del Hospital de Niños J. M. de los Ríos, Leidy Briceño, acompañó el recorrido por el área quirúrgica. Advertía al personal que la información que suministrara a la prensa podía acarrear consecuencias legales. A pesar de ello, el 8 de abril no faltaron los médicos y las enfermeras dispuestos a mostrar y explicar al equipo de El Nacional las fallas del servicio.

La temperatura está a menos de 15 grados centígrados y todo parece impoluto. Pero varias máquinas de anestesia y lámparas están dañadas, uno de los dos lavamanos no funciona y hay que hacer ajustes en los dispositivos eléctricos, pues algunos quirófanos no soportan la carga de varios equipos cuando se usan a la vez o durante largo tiempo.

La médico Vanessa Barazarte, antes de practicar una turbinoplastia inferior bilateral a un niño de 11 años, aseguró que los familiares tuvieron que comprar los splint nasales (las placas que se colocan en el tabique): “A veces los pacientes también tienen que adquirir medicamentos esenciales que no hay, como la oximetazolina y la bacitracina”.

El ministro de Salud, Henry Ventura, estuvo en el lugar el 26 de marzo e informó que de 7 quirófanos solo funcionan 3. Su presencia obedeció a la controversia que causó la orden de realizar intervenciones quirúrgicas, a pesar de que, en opinión de algunos cirujanos, los pacientes y el personal médico corren riesgos de infectarse con bacterias hospitalarias. Durante un mes y hasta la tercera semana de marzo los pabellones estuvieron cerrados, primero por fallas de aire acondicionado y después por filtraciones.

La Comisión de Infecciones, a cargo de Lisbeth Aurenty, elaboró un informe que entregó a la dirección del hospital el 25 de marzo. En el área preoperatoria, así como en los quirófanos 3 y 6 se repite la misma situación: “No se observa derrame de aguas servidas, no hay malos olores en el área, temperatura acorde al ambiente, no hay filtraciones en las paredes visibles. Conclusión: Habilitado para cumplir funciones quirúrgicas posterior a limpieza exhaustiva del área”.

En cuanto al quirófano 4 se agrega un dato: “Piso levantado levemente en el borde marginal de la pared derecha y frontal, se observa coloración negruzca que se corresponde con el asfalto utilizado para pegar el piso”. Y la conclusión varía ligeramente: “Habilitado para cumplir funciones quirúrgicas posterior a reparación, sellado del borde marginal del piso y limpieza exhaustiva del área”.

Sobre el quirófano 7, la variación respecto al 4 es mínima: “Piso levantado levemente en el borde marginal de columna derecha”.

Se aclara que las fisuras en los pisos corresponden a “la limpieza profunda que amerita el área” (con agua a presión, se supo extraoficialmente). En todo caso, se asegura que no tienen nada que ver con drenajes ni filtraciones de aguas blancas o servidas. De la redacción del documento se infiere que basta reparar el piso para que los quirófanos estén en óptimas condiciones. Sin precisar detalles, se mencionan eventuales fallas eléctricas, que deberían ser determinadas “por ingenieros expertos en construcción y remodelación hospitalaria”.

En el informe solo se admite que el quirófano 5 “no cumple con las condiciones necesarias para la intervención de los pacientes, por lo cual debe permanecer clausurado herméticamente hasta que se le haga una remodelación completa”.

La mayoría de los cirujanos no están conformes. “No basta hacer un recorrido y tomar algunas fotografías. Es necesario hacer un estudio verdaderamente infeccioso”, afirmó un médico.

Ante ese argumento, el jefe de Infectología y subdirector del hospital, Juan Félix García, mostró un reporte de enfermedades nosocomiales que indica que durante el mes anterior a la tercera semana de marzo se detectaron 40 casos, la mayoría (12) procedentes de Emergencia, pero ninguno relacionado con el área quirúrgica. “Si en lo que va del año hemos hecho 4 trasplantes de riñón en esos quirófanos sin ninguna complicación postoperatoria, ¿cómo se puede decir que están contaminados?”, reflexionó.

García señaló que en todos los hospitales hay una incidencia de infecciones nosocomiales que varía entre 7% y 12%, y que en el J. M. de los Ríos está entre 10% y 15%.

Sin embargo, tampoco se podría hacer un diagnóstico concluyente con el referido reporte, pues es necesaria una perspectiva que incluya control histórico (al menos en los últimos tres años), curvas de prevalencia y tasa de infecciones asociadas a procedimientos, entre otros aspectos. Además, habría que considerar variables como estancia hospitalaria, tipo de pacientes y procedimientos realizados.

El jefe de Infectología admitió que se consideró una sola variable: “Lo que nos interesaba era determinar la presencia de algún germen por contaminación ambiental y no hubo”. Informó que todas las dudas se despejarán con una próxima inspección del Instituto Nacional de Higiene. Para detectar eventual contaminación ambiental se empleará la llamada Placa de Petri, la cual permite captar bacterias, que posteriormente se cultivan y analizan.

Los médicos del J. M. de los Ríos se han organizado para que cada jefe de servicio realice un estudio cuantitativo y cualitativo sobre infecciones asociadas a gérmenes hospitalarios.

“Cada vez que tenemos que operar en estos quirófanos, tal como están, los médicos le pedimos a Dios que los niños no empeoren”, dijo uno de los más angustiados.