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Importar la cotidianidad

Los anaqueles se vacían rápidamente | Foto: Omar Véliz/El Nacional

Anaquel | Foto: Omar Véliz/El Nacional

Internet se ha convertido en la tienda de la esquina para los venezolanos. Empresas de encomienda registran un incremento de paquetes porque muchos prefieren importar al detal lo que antes se encontraba sin problema. Desde octubre de 2013 se suma una nueva tendencia: el crecimiento de envíos de comida y medicinas para pacientes con enfermedades crónicas como el cáncer desde compañías radicadas en Miami. Además, viajeros traen en sus maletas repuestos de vehículos sencillos que desaparecieron de las tiendas locales

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Hay una manera de encontrar harina de maíz sin hacer cola ni ir tanteando de mercado en mercado. Solo debe ingresar a un sitio web y tipear el nombre del producto en la barra de búsqueda. Le aparecerán varias opciones: 6 paquetes de 1 kilo por 24,35 dólares ó 3 paquetes por 16,21 dólares. Puede traerlo a Venezuela junto a otros productos con un servicio de encomienda que cobra alrededor de 75 dólares por una caja de 13 libras (5,8 kilos). La operación puede repetirse con papel tualé, servilletas, cereales, aceite, productos dentales, shampoo, jabón, repuestos y otros enseres de uso cotidiano que escasean en el país.
Marlene Romhany es una de las personas que se ha visto obligada a usar este mecanismo. Su padre de 89 años de edad usa desde hace 15 una prótesis dental que necesita un pegamento especial para ser colocada. Hasta noviembre del año pasado, el producto se conseguía sin problemas en farmacias y mercados de San Antonio de los Altos. Ahora está agotado en casi todos los comercios y las personas que lo usan deben hacer maromas para no perder la sonrisa y la posibilidad de hablar sin dificultad. “Lo buscamos incluso en Mérida, donde estuvimos de vacaciones, pero no lo hallamos. Al final tuvimos que comprar por Amazon el pegamento y las pastillas para limpiar la prótesis. Pagamos con cupo Cadivi y trajimos una parte con un servicio de encomienda y otra gracias a un amigo que viajó”, relata Romhany.
Hacer estos pedidos en línea no es una excentricidad derivada del control de cambio, sino una necesidad en aumento. El diciembre de 2011 la Superintendencia de Bancos reportó que 30% de los venezolanos mayores de 18 años de edad tenía tarjeta de crédito. La cifra subió a 33% al cierre de 2012 y a 37% en junio de 2013. El crecimiento de la bancarización, herramienta para la mejora de la calidad de vida, ha terminado siendo una medida de emergencia: se trata de una importación al detal con para birlar la alta inflación y la escasez, dos problemas económicos que afectan directamente al ciudadano promedio y dificultan la posibilidad de comprar productos en Venezuela.
A los que se están acostumbrando a traer artículos cotidianos a través de encomiendas se les suman los que envían desde Miami el mercado del mes como si la bodega de la esquina quedara en Florida. José Figuera, manager de Box 2 Door, un servicio de encomiendas asentado en Miami, advierte que cada semana están mandando entre 10 y 15 cajas con alimentos y productos de higiene personal. La cantidad representa alrededor de 10% de los paquetes que envía la compañía en ese periodo. “Nos llegan los pedidos hechos por Internet o personas vienen a nuestro local con los productos para mandárselos a familiares o amigos”, comenta.
La tendencia empezó a registrarse en octubre del año pasado. Ese mes la escasez aumentó de 21% a 22% y el índice de diversidad de productos en el mercado descendió de 124,2 a 106,7, según cifras del Banco Central de Venezuela. La situación ha empeorado desde entonces y, aunque el ente emisor no ha publicado porcentajes de escasez los últimos meses, fuentes extraoficiales indican que actualmente supera el 30%, el nivel más alto de la historia. La semana pasada, un cable de AFP señaló que varias compañías localizadas en el sur de Florida están enviando este tipo de paquetes. “Recibimos unas 4 llamadas por semana preguntando si hacemos envíos de comida o productos de higiene personal”, señala Figuera.
La duda existe porque los servicios de encomienda más conocidos en Venezuela se limitan al traslado de mercancía seca. La legislación venezolana no permite enviar comida y sólo se admiten algunas vitaminas o pastillas como las usadas para limpieza de prótesis. Comestibles y productos líquidos sólo pueden mandarse con compañías que tienen su base de operaciones en Miami y que, en la mayoría de los casos, cobran en dólares.
Tendencia creciente. Todas las mañanas la sede de una compañía de encomiendas en Altamira se llena de gente y de paquetes. En la zona de oficinas del edificio, varias cajas bloquean parte de una escalera a la espera de ser llevadas al almacén. En ese lugar se ubican todos los empaques que serán recogidos por los clientes de la empresa, los cuales hacen cola en una sala de espera. Cuando la escalera empieza a quedar libre de paquetería, otro camión llega al edificio y descarga decenas de cajas. Los clientes siguen esperando y la escalera vuelve a quedar bloqueada. La historia se repite.
El mercado de traslado de encomiendas ha crecido en Venezuela desde que inició el control de cambio en el 2003. Voceros de Liberty Expres y Aerocasillas, dos de las franquicias más grandes con sedes operativas en Caracas, coinciden en que los productos que más traen los venezolanos son accesorios de computadora, ropa, calzado, electrónica y tintas de impresora, aunque últimamente ha crecido la demanda de repuestos de vehículos.
El fenómeno es la expresión más particular de un país que cada vez produce menos y depende en mayor medida del exterior. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística, entre 2005 y 2013 las importaciones al mayor se duplicaron y pasaron de 21,8 millardos a 45,1 millardos de dólares. Con las exportaciones no petroleras ocurrió justo lo contrario. Entre 2006 y 2013, cayeron 69,1% para ubicarse en 2,1 millardos de dólares.
“Compro por Internet sólo con el cupo Cadivi. Busco electrodomésticos, ropa, zapatos, artículos electrónicos, vitaminas, gotas para los ojos. Muchas de esas cosas son difíciles de conseguir aquí o están muy caras”, dice Oneida Hidalgo, clienta de una empresa de encomiendas. Liberty Express atiende entre 7.000 y 8.000 clientes por día en todo el país. En días de quincena, esa cifra puede elevarse hasta 10.000, informa Esmeralda Da Silva, Directora Comercial de la Empresa. Aerocasillas, tiene actualmente más de 40.000 clientes fijos, según cálculos de Johnny Marín, Gerente de Comercialización de la compañía.
Datos de la Cámara Venezolana de Comercio Electrónico (Cavecom-e) indican que entre 2010 y 2012 se registraron 13,68 millones de transacciones de e-commerce en el exterior con tarjetas de crédito venezolanas. En esas compras se gastaron 1.220 millones de dólares, siendo 2012 el año en que se invirtió más dinero (445 millones de dólares).
La Cámara no ha consolidado los datos de 2013 debido a dificultades en la entrega de información de tarjetas de crédito. Sin embargo, el comportamiento de otras operaciones realizadas a través de Cadivi permite proyectar que las compras electrónicas también se dispararon el año pasado. Por ejemplo, la cantidad de dólares aprobados para el uso de tarjetas de crédito y efectivo en el exterior creció 53,5% respecto a 2012, de acuerdo con datos de la Memoria y Cuenta 2013 del Ministerio de Finanzas.
Oportunidad de negocio. Aerocasillas abrió su primera sucursal en Venezuela hace 6 años con una nómina de 4 empleados. Hoy tienen 8 sedes en 7 ciudades del país, 85 trabajadores y más de 40.000 usuarios. El crecimiento de Liberty Express ha sido aún más explosivo. Nacieron hace 10 años con 1 centro de distribución y 1 sucursal en Caracas. Ahora tienen 2 centros de distribución, 20 sedes comerciales en 12 ciudades distintas y una nómina de 700 empleados.
   Esos datos demuestran que las dificultades que enfrentan los consumidores venezolanos se han traducido en oportunidades de negocio para algunos. “Nos ha ido bien pese al control de cambio. La mayoría de la gente compra cuando activan los cupos de Internet a principios de año. Luego se incrementan las transacciones en noviembre por el llamado Viernes Negro de Estados Unidos y en diciembre por las compras navideñas. El año pasado algunos empleados incluso tuvieron que dormir en los almacenes para que los pedidos pudieran ser entregados. Diciembre es una locura”, advierte Marín.
El target de estas empresas se ha expandido cada vez más para integrar a gente de los estratos C y D, también en los suburbios de Caracas. “Nuestros clientes son personas que patean la calle y que buscan aprovechar su cupo al máximo. Son cada vez más jóvenes”, comenta Marín.
Pero la ventana de oportunidades de negocio creada por el control de cambio no se limita a grandes compañías. Algunos particulares que deben viajar continuamente al exterior por trabajo aprovechan para comprar cosas que no se consiguen en Venezuela para revenderlas luego y sacarles un margen de ganancia.
Este es el caso de Ramón Fernández, quien tiene oficinas dedicadas al negocio del procesamiento de desechos en Colombia, por lo que viaja a esas ciudades varias veces al mes. “Desde octubre del año pasado me traigo algunos repuestos pequeños que antes se conseguían con facilidad pero que ahora pueden dejar un carro parado por meses. Nunca antes había hecho esto, pero le gano un 10% a cada una de las piezas que vendo”, cuenta Fernández.
Trae productos que vienen en cajas pequeñas como kits de correa de los tiempos, bombas de aceite y gasolina, entre otros que antes se encontraban fácilmente. “Estoy vendiendo como 10 repuestos por mes. Conozco gente que esta haciendo lo mismo pero busca ganarle 30% a cada pieza y termina viviendo de eso”, cuenta Fernández.
Por Internet también se están comprando repuestos. Alrededor de 10% de los paquetes que envía Box 2 Door cada semana son de partes de vehículos. “Antes traíamos piezas muy específicas y difíciles de conseguir. Ahora son cosas básicas como bujías o filtros de aceite. Lo necesario para hacerle un servicio normal a un carro”, señala Figuera.
Las empresas de encomienda apuestan a que la crisis actual se traducirá en un cambio de la cultura del venezolano y la costumbre de comprar por Internet quedará pase lo que pase con el control de cambio, la inflación y la escasez.

“En 2012, Amazon reportó un crecimiento de 25% en el comercio electrónico en América Latina. El día de mañana el mercado se mantendrá”, estima Da Silva.

5 récipes venezolanos a la semana


Ni siquiera hace falta llegar hasta la tienda, con enviar el récipe médico por fax basta. La farmacia Locatel en Miami está vendiendo cada vez más a venezolanos que acuden a las dos sucursales que tienen en Estados Unidos, informó Maurice Ruah, director de la farmacia. Ruah especificó que al menos cinco clientes van cada semana con récipes venezolanos a buscar productos escasos. Casi uno diario.
Según datos del sector farmacéutico, desde principios de año en el país hay más de 50% de escasez de medicamentos. La situación afecta especialmente a las medicinas para combatir enfermedades crónicas, aunque también se registra déficit de analgésicos, antigripales y pastillas anticonceptivas.
Antibióticos y medicinas para enfermedades crónicas como el cáncer son las más buscadas por los venezolanos en Florida. “Preguntan también por medicinas que no tienen sustitutos hechos en Venezuela, pastillas para la tensión y otros productos que nunca han llegado a ese país”, explicó Ruah. “Algunos clientes también aprovechan y se llevan pañales de adulto, leche de niños especializada para intolerantes a la lactosa o alérgicos, vitaminas y suplementos necesarios para algunas dietas alimenticias. No trabajamos con ningún servicio de encomienda para trasladar la mercancía a Caracas, pero damos algunas opciones de envío”, dijo Ruah.
Locatel ofrece este servicio desde que abrió sus primeras tiendas en Miami, hace 10 años. Sin embargo, en el último año es que han registrado mayor flujo de personas comprando medicinas por esta vía. Los récipes hechos por médicos venezolanos deben tener el nombre del paciente, su fecha de nacimiento, el nombre de la medicina, las especificaciones sobre cómo debe suministrarse el tratamiento y la firma y sello del médico. Las únicas medicinas que no pueden vender de esta forma son las psicotrópicas, aquellas que requieren récipe morado en Venezuela y que en EEUU sólo pueden ser recetadas por un doctor con licencia de ese país.