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Humanizar el dolor de parir

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Que al nacer al bebé lo pongan en el pecho de su mamá, que su primera comida sea lactancia materna, que la madre no para en soledad. Los padres tienen derecho de decidir cómo vendrá su hijo al mundo. En noviembre de 2014 se aprobó en primera discusión el proyecto de ley para la protección del parto humanizado. Expertos consideran poco probable alcanzar la meta del proyecto: que en seis meses se resuelvan las fallas sanitarias del país

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Alejandra y Edgar parieron juntos. A las 4:00 am, cuando en Guatire caía una refrescante llovizna, ella rompió fuentes. No alcanzó el tiempo para que llegaran desde Caracas el obstetra y las dos doulas que los asistirían.

Dharma, la bebé, nació hora y media después de la forma como sus padres habían decidido y aprehendido: en la intimidad de un hogar, con cantos místicos y aroma a incienso.

Las expansiones (así renombraron ellos lo que comúnmente se denomina

contracciones) llegaban cada vez más rápido. Los padres se comunicaron telefónicamente con Beltrán Lares, obstetra que los atendió durante el embarazo y lo haría en el parto. Ocho centímetros de dilatación del cuello uterino indicaba la inminencia del nacimiento. El médico les advirtió vía telefónica que ante cualquier complicación debían acudir al centro de salud más cercano (el Hospital General de Guatire estaba a menos de dos kilómetros de distancia). Sin embargo, Edgar le respondió: "No se preocupe doctor. No hay nada que temer, nosotros sabemos cómo hacerlo y podemos hacerlo".

Comenzaron a hacer "el nido", en este caso en la habitación del apartamento del padre de Edgar, donde se habían quedado esa noche. Lares les recordó que debían buscar toallas limpias, esterilizar una tijera y un cordón y forrar con plástico la cama o el lugar donde Alejandra decidiera parir.

"No es casual que Dharma esté naciendo a esta hora, que es la ideal para meditar y conectarse con el cosmos", decía Edgar mientras se aseguraba que la luz de la habitación fuese tenue. No se apartaba de Alejandra y la acariciaba constantemente. Ella se esforzaba por respirar armónicamente y mitigaba los dolores con vocalizaciones que aprendió en el curso de preparación para el parto que había hecho junto con su pareja. Buscó su acomodo: de lado, en cuclillas hasta que finalmente se apoyó en cuatro puntos sobre una sábana de satén azul claro colocada en el piso. Cuando la cabeza de la niña asomó, Edgar se asustó un poco porque la niña no se movía, pero reaccionó con agilidad para atajar, casi en el aire, a la bebé, que salió con el más prolongado e intenso pujo de la madre. Eran las 5:20 am del 23 de noviembre de 2014.

Su mamá la tomó en los brazos, la pegó del pecho y enseguida la niña lloró.

"Es mágico", expresó Alejandra, quien la amamantó por largo rato mientras, a coro con Alejandro, le cantaba el Gayatri Mantra: "Contemplamos la gloria de la luz que ilumina los tres mundos: denso, sutil y causal. Yo soy ese poder vivificador, el amor, la iluminación radiante y la gracia divina de la inteligencia universal. Oramos para que esa divina luz ilumine nuestras mentes".

Apoyándose mutuamente, Alejandra y Edgar lograron otros dos propósitos de la forma de parir que habían procurado: el apego precoz y la lactancia materna inmediata.

Tamara Petkoff y Darlyn Pino, las dos doulas o facilitadoras del parto que venían en camino, también les daban instrucciones por teléfono. No había prisa en cortar el cordón umbilical, les recordaron, pues lo mejor, consideran las doulas, es esperar hasta que deje de latir. 20 minutos después llegó Darlyn y al poco tiempo Tamara para masajear a Alejandra y ayudarla a expulsar la placenta.

Para celebrar, la compartieron entre todos. Fue mucho más que ingerirla; fue saborear despacio la suave textura de un tejido que se deshace en la boca.

Las doulas aseguran que, además del contenido simbólico del ritual, nutrirse de la placenta contribuye a la involución de su útero y a producir oxitocina para calmar el estrés. De hecho, media hora después de haber parido, Alejandra estaba caminando, orgullosa de sí misma.

Ya distendida, la mujer de 25 años de edad recordaba que sus dos partos previos no fueron tan plácidos. El primero duró 22 horas, el segundo 14. En ambos casos todas las decisiones las tomaron los médicos, entre ellas tratar de acelerar el proceso y separar a la madre del hijo.

La ley, una media verdad. La posibilidad de que el parto humanizado en Venezuela deje de ser una rareza (y para algunos una excentricidad) resurgió con la presentación de un anteproyecto de la ley ante la Asamblea Nacional.

En marzo de 2014 la Defensoría del Pueblo tomó la iniciativa legislativa y el 25 de noviembre (coincidencialmente, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer) el proyecto de ley para la Promoción y Protección del Derecho al Parto y el Nacimiento Humanizado se aprobó en primera discusión. La diputada de la Comisión de Familia, Liri Sol Velásquez, informó que a mediados de este mes se comenzará a planificar la consulta pública imprescindible para que se avance hacia la segunda discusión y aprobación definitiva del texto.

Tal como está establecido en el documento, "se entiende por parto y nacimiento humanizado el respeto a la dignidad y buen trato, en condiciones de igualdad, hacia la madre, el recién nacido y la recién nacida, el padre y familiares, durante los procesos de embarazo, trabajo de parto, parto vaginal o cesárea, nacimiento y puerperio, dignificando su función social y enalteciendo la calidad y calidez de la atención en salud, así como los ambientes físicos y condiciones materiales adecuadas para asistirlo".

La adecuada atención en salud, que implica infraestructura, insumos y personal asistencial, es el más grande escollo de este tipo de propuesta normativa, habida cuenta del deterioro generalizado de los servicios de salud en Venezuela. En palabras de Luis Savone, representante de la Organización Mundial de la Salud en Venezuela: "La ley es una media verdad, pues lo fundamental son las instituciones y el personal de salud de un país".

El director de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud, Iván Paravisini, advirtió que la política estatal se fundamenta en el parto institucionalizado. Precisó que 99,8% de las venezolanas paren en hospitales o centros de salud públicos y en clínicas privadas. "El resto son indígenas y mujeres que están en la calle", agregó sin considerar otra opción.

En opinión de Paravisini, la razón es sencilla: "Si una mujer intenta parir en su casa, que queda en la parte alta de un barrio en La Vega, y surge una complicación que amerite su traslado a la Maternidad Concepción Palacios, el trayecto puede demorar dos horas. Y en dos horas son muchos los riesgos que pueden surgir. Distinto es si la mujer quiere parir en una casa al lado de la medicatura de la Colonia Tovar. En todo caso, son factores que el Ministerio de Salud no puede controlar y, por eso, no podemos auspiciar el parto en casa".

Paravisini rehusó responder preguntas sobre los resultados del plan que dirige para disminuir la mortalidad materno infantil. En un foro realizado en la Escuela de Derechos Humanos de la Defensoría del Pueblo en octubre del año pasado solo dijo que se hacen esfuerzos por mejorar la educación sexual y reforzar la consulta de adolescentes y de alto riesgo.

El obstetra Beltrán Lares, entusiasta promotor del parto humanizado y director de la asociación civil Auroramadre, sí responde: "Paravisini es heredero de una concepción que data de hace 30 años y que suponía que el solo hecho de que las mujeres paran en hospitales o clínicas privadas reducirá la mortalidad. Actualmente más de 90% de los partos en Venezuela son institucionalizados y los índices de mortalidad son peores que hace diez años. El parto en casa es posible y preferible cuado se lleva a cabo un buen control prenatal y el parto es de bajo riesgo".

El Observatorio Venezolano de los Derechos Humanos de las Mujeres reporta que las estadísticas oficiales más recientes corresponden a 2010, año en que la tasa de mortalidad materna se ubicó en 54,92 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, con un total de 348 muertes maternas ese año. Unicef, por su parte, informó sobre una tasa de mortalidad derivada de la maternidad de 92 por cada 100.000 para ese mismo año.

En el informe anual de la ONG Save the Children correspondiente a 2015, mediante el cual se evalúan los países de acuerdo con el bienestar de las madres, niños y niñas, Venezuela ocupa el puesto 74 de un total de 179. El primer lugar lo obtuvo Noruega y el último Somalia. El ranking incluye datos de Venezuela correspondientes a 2013, entre los cuales destaca el incremento a 360 del número de muertes maternas. El promedio mundial es 190.

Los registros oficiales indican que la quinta Meta del Milenio (reducir en 75% la mortalidad materno infantil, entre 1990 y 2015) no se cumplirá: "Se observa un comportamiento con tendencia a mantener la tasa por encima de 55 muertes por cada 100.000 nacidos vivos, lo que es 5 veces mayor a la meta. La tasa tiene el mismo valor de 1990", lamenta desde el Observatorio Venezolano de los Derechos Humanos de las Mujeres.

La verdad de los hospitales. Marbella Camacaro ha dedicado toda su vida a luchar por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y, desde hace 18 años, a combatir la violencia obstétrica. Es doctora en Ciencias Sociales, profesora titular de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Carabobo, coordinadora de la Unidad de Estudios de Género de esa universidad y corredactora de la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Camacaro es tajante: "No basta una ley para acabar con la violencia obstétrica porque, de hecho, tenemos una que tipifica ese delito. Está vigente desde 2007 y no ha dado los resultados esperados. Este nuevo proyecto de ley sobre el parto humanizado será una nueva utopía si no se hacen los cambios institucionales necesarios. En materia de derechos humanos, las leyes no sirven sin políticas públicas integrales que permitan su cabal ejercicio".

La experta se ha dedicado a documentar cómo paren las mujeres en los centros de salud públicos de Venezuela, específicamente en el Hospital Central de Maracay y en la Maternidad Concepción Palacios: "Si están en trabajo de parto las desnudan, las acuestan, les meten el Pitocin. Están amarradas, no pueden deambular, ni comer, ni siquiera beber agua. Les hacen más tactos de los permitidos. Los estudiantes, que tienen que entregar un récord de tactos, los practican indiscriminadamente a cualquier mujer sin consentimiento informado. Rompen membranas, ponen oxitóxicos. Les hacen revisión uterina: los residentes se envuelven la mano en una gasa y la introducen en el útero para extraer los restos placentarios. Eso lo sabe todo el mundo y nadie hace nada. Es una práctica de emergencia dolorosísima, pero la hacen rutinariamente, y trae problemas de todo tipo. Lo lógico es que la expulsión de la placenta se ajuste a los ritmos fisiológicos de la mujer, pero en los hospitales y maternidades públicas las mujeres paren como si fuera una producción en serie y los medicamentos aceleradores del proceso se aplican aunque no sea estrictamente necesario. Las parturientas permanecen horas con las piernas abiertas, en algunos casos sangrando, en un ambiente frío y abarrotado de gente, donde lo habitual es el trato violento".

Camacaro impulsó una de las primeras iniciativas en materia de parto humanizado en Venezuela en el sector público, ambas en el estado Aragua: la sala de parto de La Candelaria, creada en 1994, en el municipio Mario Briceño Iragorry, y la sala de parto de Turmero, fundada en 1997, en el municipio Mariño. La primera cerró por el relevo de autoridades municipales y la segunda "se ha venido a menos por desidia", lamenta la investigadora de la Universidad de Carabobo.

En estas dos salas de parto se prestaba atención a embarazadas de bajo riesgo, para lo cual era un requisito de ingreso haber realizado al menos siete consultas prenatales. El personal fue entrenado con perspectiva de género para lograr la menor medicalización posible y la mayor participación de la mujer en todo el proceso.

Con las salas de parto se podría aliviar la congestión de los hospitales y maternidades y, según Camacaro, no implican altos costos "porque el parto natural toma distancia del uso de tecnologías sofisticadas, hay menos inversión en medicamentos e instrumentos, las infraestructuras son sencillas y con dotaciones mobiliarias menos costosas que las usadas en los partos atendidos con un modelo medicalizado. Además, el gasto en personal es menor porque no se requiere que todos sean especialistas, sino médicos y médicas generales capacitados para atender partos naturales".

La investigadora pone el acento en el personal: "Los únicos autorizados para atender partos son los obstetras, que se forman en universidades y hospitales que están de espaldas a la salud sexual y reproductiva con enfoque de género. ¿Dónde se va a formar el personal necesario para la aplicación efectiva de una ley a favor del parto humanizado? ¿Tendremos que esperar los cambios del currículo o que mejoren las condiciones en los hospitales?".

El ruleteo. El nacimiento de Paola fue mucho más que un final feliz después de 25 horas y 20 minutos de trabajo de parto. El domingo 19 de abril, a las 3:00 pm, Mariela Silva, primeriza de 35 años de edad, sintió las primeras señales. Junto con su esposo, Gerson Vizquel, tenía planificado parir en su casa, pero finalmente optaron por el parto en agua en una clínica habilitada para esta modalidad.

En la habitación donde estaba la bañera Mariela y Gerson encendieron velas e incienso y colocaron la música que habían escogido para lograr la mayor relajación posible. Una enfermera que tenía apenas un mes en la clínica y ninguna experiencia en partos, según ella misma informó, no entendía nada.

"¿De qué religión son ellos?", preguntaba la mujer.

Mariela había escrito varios decretos que Gerson colocó en las paredes. "Mi cuerpo es sabio y sabe parir, mi hija es sabia y sabe nacer". Encima de la bañera estaban las cuerdas tejidas donde la madre se podría sujetar para parir más cómoda. En varias oportunidades ensayó el procedimiento.

En una habitación anexa estaba listo todo lo que se podría necesitar, para atender una eventual emergencia: una incubadora, respiración artificialŠ Sin embargo, el quirófano no se podría utilizar, pues en esa clínica no había anestesiólogo disponible.

Con el paso de las horas la situación se tornó tensa. La madre de Mariela la tomaba por una mano: "¡Para, mija linda, que usted sí puede!". El obstetra la emplazaba: "¡Puja, Mariela, viniste a parir, no lo postergues más!". La doula le masajeaba los pies con aceite perfumado y el esposo la abrazaba tiernamente. Pero ella no podía parir.

El médico advirtió que la cabeza de la niña estaba ladeada y no en el eje vaginal, por lo cual se dificultaba su descenso. Ante un primer evento de bradicardia (disminución del ritmo cardíaco del bebé), el obstetra les explicó a todos que se requería una cesárea. Hasta ese momento Mariela y Gerson pudieron decidir sobre la forma en que nacería Paola.

El traslado a una segunda clínica fue angustioso. No la admitieron porque la póliza del seguro no cubría el costo de una cesárea. Llegaron a una tercera clínica y, después de superar el papeleo (la carta aval, la clave, el pago de la diferencia por lo que no cubre la póliza), Mariela fue ingresada al quirófano. No le permitieron el acceso al esposo y mucho menos a la doula.

"¿Qué es eso de doula?", preguntó una enfermera a Tamara Petkoff antes de trancarle la puerta en la cara.

También es posible realizar una cesárea humanizada, explica Beltrán Lares:

"El ambiente gélido del quirófano se puede equilibrar con el asidero de la mano de la pareja o el acompañamiento de la doula. Sin embargo, en la mayoría de los centros de salud, tanto públicos como privados, se prohíbe la presencia de cualquier persona que no forme parte del equipo médico. La soledad de la mujer puede aumentar una sensación de vulnerabilidad pues, en el mejor de los casos, la parturienta podría haber logrado algún acercamiento afectivo con el médico que la está interviniendo y solo en el caso de que fuese el mismo que controló su embarazo".

A las 4:20 pm del 19 de abril nació Paola. Pesó 3,4 kilogramos y midió 53 centímetros. Apenas pudo estar junto a su madre unos pocos segundos, porque de inmediato la niña fue trasladada al retén.

La frustración por no poder lograr un primer apego prolongado madre-hija se sumó al riesgo de que Paola no recibiera leche materna como primer alimento.

El padre se apostó en la puerta del retén y, además de insistir en que le dejaran ver a su hija lo antes posible, exigió que no le dieran fórmulas lácteas. No lo dejaron pasar hasta que llevara dos pañales y la cédula de identidad de la madre. Una mujer que se identificó como puericultora le decía: "Es que la niña no puede estar sin comer todo el tiempo que demore la madre en recuperarse de la anestesia". Gerson le replicaba con artículos de la Ley sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Dos afiches promocionales de la lactancia materna pegados en las ventanas cerradas del retén (uno de ellos con la inscripción "Tú eres su mejor alimento") aumentaban la indignación del desesperado padre.

A las 7:35 pm, tres horas después del nacimiento, fue posible que Mariela y su bebé se estrecharan. En ese momento se olvidaron todos los obstáculos.

Gerson Vizquel reafirmó sus convicciones: "El crecimiento como padres que hemos logrado con esta experiencia es mayor y mejor que el resultado. Sin dudas, Mariela y yo volveríamos a intentar un parto humanizado".

¿En seis meses cambiará la forma de nacer en Venezuela?

Luisana Gómez fue una de las primeras venezolanas que divulgó su parto en posición vertical, a través de un documental realizado por UCV024 en 1986.

Casi 30 años después sigue siendo una militante del parto humanizado. Es psicóloga social, investigadora de la Fundación Juan Vives Suría de la Defensoría del Pueblo y corredactora del proyecto de ley que se discute en la Asamblea Nacional para que las mujeres reivindiquen su derecho de decidir cómo quieren parir.

El referido derecho está establecido en el artículo 12 del proyecto y comprende trece aspectos: 1) la participación de la mujer durante el embarazo, trabajo de parto, parto, nacimiento y puerperio; 2) estar acompañada de una persona de su elección, preferiblemente el padre del bebé;

3) escoger su vestimenta y la del recién nacido; 4) ser sometidas a exámenes o intervenciones para fines de investigación; 5) la posición que quiera adoptar para parir; 6) la aplicación de técnicas no indispensables de aceleración del parto y el uso de oxitocinas y analgésicos; 7) la administración de enema antes del parto; 8) el rasurado del vello pubiano;

9) la alimentación del recién nacido; 10 y 11) su presencia y aprobación durante los exámenes neonatales; 12) no separarse del recién nacido, y 13) decidir sobre el destino de la placenta y los residuos del parto.

Gómez también fue fundadora del Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva y corredactora del protocolo para asegurar la efectividad de la acción del Estado en la promoción y protección de este tipo de derechos. La Norma Oficial para la Atención Integral en Salud Sexual y Reproductiva data de 2003 y fue reeditada en 2013 con apoyo de la Oficina Sanitaria Panamericana de la Organización Mundial de la Salud, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Unicef, y el Fondo de Población de Naciones Unidas, Unfpa.

En el documento se reconoce que durante diez años de vigencia de la norma no se ha logrado la meta de proporcionar una "atención integral oportuna, universal, equitativa y humanizada al embarazo, parto y puerperio". Y se admiten las "deficiencias en la calidad de la atención al embarazo, parto y puerperio".

El protocolo (de 290 páginas y en teoría vigente desde hace doce años) no permite que el gobierno evada sus responsabilidades como garante de los derechos sociales a la salud y la vida. Además, con mucha más especificidad que el proyecto de ley en discusión, define los procedimientos para garantizar el parto humanizado.

La atención integral comprende el control preconcepcional y prenatal, parto y puerperio, así como la asistencia del recién nacido. Debe ser dispensada con calidad y calidez, con la participación de obstetras, perinatólogos, neonatólogos, enfermeras, parteras, psicólogos, educadores del parto, maternidad y paternidad, y especialistas de las ciencias sociales. Debe incorporar las necesidades sociales, culturales, emocionales de las mujeres, las familias, los niños y las niñas.

En cuanto al control prenatal, el personal médico queda obligado a suministrar información sobre los signos y síntomas de alarma, el trabajo de parto, autocuidado y técnicas de relajación.

El protocolo es enfático sobre la no medicalización del parto normal: no debe acelerarse con la rotura artificial de membranas, anestésicos, oxitócicos y prostaglandinas. Sin embargo, se establece que las emergencias obstétricas requieren atención prioritaria.

La norma oficial no descuida ni el más mínimo detalle. Por ejemplo, insta a evitar la posición de litotomía o ginecológica clásica; es decir, acostada de espalda y con las piernas flexionadas, elevadas y abiertas. En lugar de ello, ofrece tres posiciones "para su libre elección": semisentada, sentada y cuclillas.

Similares especificaciones se hacen en el documento en cuanto a todo lo que se necesita para prestar una adecuada asistencia al recién nacido. El equipo mínimo para la atención del parto debe incluir 29 insumos y 16 medicamentos, desde la cama hasta el enema evacuador descartable.

En el proyecto de ley promovido por la Defensoría del Pueblo no hay suficientes garantías sobre la infraestructura, el personal y la dotación de insumos. De manera genérica se reitera la responsabilidad del Poder Ejecutivo en "asegurar que los servicios de salud públicos y privados garanticen el acondicionamiento idóneo del espacio para la atención del trabajo de parto, parto, nacimiento y puerperio".

Sin un estudio de impacto económico que asegure la factibilidad de la nueva ley, el proyecto concluye con una promesa: "Los centros de salud deben adecuar su organización y funcionamiento a lo establecido en la presente ley, dentro de los seis meses siguientes a su publicación en la Gaceta Oficial. Así mismo, deben formar y capacitar a su personal para asegurar el respeto y garantía de los derechos establecidos en la presente ley".

Gómez es de las que piensan que la mujer "no necesita nada para parir", por lo que no le preocupan tanto las deficiencias en los centros de salud. La experta tiene claro que esa autosuficiencia de la parturienta solo es posible cuando no hay riesgo alguno, lo cual únicamente se podría verificar mediante un estricto control prenatal. Pero la misma norma oficial indica que ³el control tardío se estimó en 75% de las mujeres de menor nivel educativo y en 24% de los nacimientos de adolescentes².

Considera que las mayores dificultades tienen que ver con el personal: "Los cambios requieren capacitación. En algunos se podrán lograr en seis meses, en otros no".

Ser doula, un servicio incomprendido

Elvis Canino es un hombre de 42 años de edad tan inmerso en el mundo de las mujeres que asegura haber experimentado la sensación etérea de poseer un útero. Cautivado por el oficio de su esposa, hace tres años dejó su empleo en el área de sistemas electrónicos de seguridad para convertirse en un facilitador del parto, en una doula. Canino es el único hombre formado profesionalmente como doula que existe en Venezuela.

—¿Qué es una doula?

—No es una partera ni un sustituto del profesional de la obstetricia. Es un soporte adicional de la madre y su pareja durante el embarazo, el trabajo de parto, el nacimiento y el puerperio. Instruye a los padres sobre lo que sucede a nivel fisiológico y psicológico. Promueve un riguroso control prenatal y ofrece la mayor información posible sobre las opciones para parir. Invita a profundizar la intimidad de la pareja y sus vínculos con el niño por nacer. Durante el trabajo de parto la doula trabaja sobre la idea de que el dolor se siente, sí, pero no necesariamente se sufre. Estamos entrenados para afrontar cualquier emergencia y nos aseguramos de que todo lo que se haya de necesitar esté al alcance de la mano. Cuando nace el bebé procuramos que llegue lo antes posible al pecho de la madre y se produzca el milagro de la lactancia materna. Si fuera necesario, podemos ayudar a cortar el cordón umbilical y a que la madre expulse la placenta. El trabajo de la doula continúa en la cuarentena. Seguimos al lado de los padres para despejar cualquier duda e insistir en la idea de que el apego prolongado padres-hijo es una garantía de desarrollo saludable.

—"Nosotras las doulas", dice usted.

—Y no es fácil, porque yo tengo una programación como hombre, con género masculino. Es parte de lo que he tenido que aprender y desaprender.

—¿Ha aprendido a afrontar la muerte?

—Siempre, un nacimiento tiene implicada la energía de la muerte. A una mujer que ha perdido a su hijo al momento de parir, le podría contar que sé lo que se siente porque mi esposa y yo también perdimos un bebé.

—¿Puede vivir de su oficio como doula?

—En Venezuela la demanda no es inmensa. El servicio de una doula de Auroramadre en un parto cuesta 3.000 bolívares.

—¿Cómo saber si una doula es verdaderamente profesional?

—Las doulas de Auroramadre están registradas en la Red Latinoamericana de Doulas. La red nos certifica y eso es un gran aval.

—¿Por qué ha sido difícil que las doulas sean admitidas en los centros de salud venezolanos?

—En general, el trabajo de las doulas todavía es incomprendido y las mayores resistencias provienen de los que han convertido el nacimiento en un acto médico y, en el peor de los casos, en un negocio.