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Holanda, entre la nostalgia por Beatriz y el entusiasmo por Máxima

El príncipe Guillermo Alejandro y la princesa Máxima de Holanda/EFE

El príncipe Guillermo Alejandro y la princesa Máxima de Holanda/EFE

En las calles crece la expectativa por el traspaso del trono después del anuncio de abdicación que hiciera la reina. La princesa de origen argentino habló, por primera vez, de su futuro papel

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“Será un inmenso honor poder suceder a mi suegra”, dijo la princesa Máxima, en sus primeras declaraciones sobre la abdicación de la reina Beatriz de Holanda, tal vez forzando un poco la realidad.

En verdad, la futura reina de los holandeses no sucederá a Beatriz, que es jefa del Estado, sino que será soberana únicamente por alianza. El monarca y jefe de Estado será su marido, Guillermo Alejandro.

Pero el nivel de aceptación que tiene Máxima entre sus futuros súbditos es muy elevado. “Es tan encantadora que le perdonamos todo. Yo no soy muy monárquico, pero creo que Máxima le ha dado un nuevo brío a la casa real”, reconoció Ritter van der Horst, empleado de banco que trotaba junto a uno de los célebres canales de la ciudad. “La gran incógnita es cómo hará nuestro futuro rey para ser mejor o igual que su madre”, reflexionó. Esa es la gran interrogante que agita a la opinión pública.

Después de 33 años de reinado, Beatriz anunció el lunes pasado que abdicará el 30 de abril a favor de su hijo Guillermo Alejandro. Dejará tras de sí “un gigantesco caudal de respeto y admiración”, considera Cora Sloterdijk, una jubilada de 65 años de edad. “Perdemos una reina que ha trabajado como pocos en la historia de la Casa de Orange”, se lamenta.

En momentos en que Europa está sumida en la crisis y sus consecuencias se hacen sentir en todos los sectores de la sociedad, el esfuerzo realizado por los responsables políticos es observado con lupa por los holandeses. Esa parece ser una de las razones por las cuales Máxima decidió intensificar sus actividades oficiales hasta el momento de asumir las nuevas funciones.

La princesa destacó esta semana como asesora del secretario general de las Naciones Unidas en materia de microcréditos, un asunto en el que es una reconocida experta.

La opinión pública, en todo caso, parece por un lado encantada del ahínco demostrado por la futura reina. Por otra parte, los holandeses no ocultan su entusiasmo por volver a tener un rey después de 123 años de tronos femeninos. El príncipe Guillermo será, en efecto, el primer rey desde que su ancestro Guillermo III murió en el trono, en 1890.

De acuerdo con una encuesta publicada esta semana por el periódico De Telegraaf, 52% de los holandeses está a favor de ese cambio de género contra 19% que preferiría lo contrario. “¡Fantástico! Tendremos un rey”, escribió un lector a la página on line del diario.

Y como los holandeses adoran la fiesta, en el país entero ya se prepara el enorme festejo anunciado para el 30 de abril por el primer ministro Mark Rutte, desde La Haya, sede del gobierno. “Será una fiesta a la altura de nuestras emociones”, aseguró. Aunque –rigor presupuestario obliga– tendrá que ser “obligatoriamente sobria”.

La municipalidad de Amsterdam no quiso quedarse atrás y afirmó que la capital oficial del país y sus habitantes harán del 30 de abril una jornada inolvidable.

 

Banderas argentinas. Desde el lunes pasado, los teléfonos de la municipalidad reciben centenares de llamadas de muchas partes del país de gente que pretende organizar todo tipo de acontecimientos o, simplemente, proponer sus servicios como voluntario para ese día, asegura el vocero de la ciudad, Bartho Boer.

En todo caso, los hoteles de la ciudad más importante del país están siendo literalmente asaltados por gente que quiere reservar para esa fecha. En el centro, la mayoría de los establecimientos están copados.

Y como esos acontecimientos históricos a los cuales todo el mundo pretende asistir suelen ser, además, una excelente fuente de ingresos, bares, restaurantes, comercios e incluso esos cafés donde se tolera la venta de marihuana se preparan para el gran día.

“Desde el lunes la clientela se ha multiplicado”, reconoce satisfecho Geert van Pietris, gerente del restaurante del Swisshotel, sobre la gran plaza Gam, cuya carta propone, en español, carne argentina.

“Todos quieren celebrar los orígenes de nuestra futura reina”, explica Van Pietris.

Eso permite comprender, además, las minúsculas banderas argentinas que aparecen pegadas en prácticamente todas las vidrieras de Amsterdam.

La gente comenzó también a visitar más asiduamente los sitios que servirán de escenario para las celebraciones. El principal de ellos es la Nueva Iglesia de Amsterdam, donde se casaron Máxima y Guillermo Alejandro, pues allí se realizará el acto de coronación.

Al término de la ceremonia, los holandeses se referirán a la actual soberana no ya como “reina Beatriz”, sino como “princesa de Orange-Nassau”. Máxima Zorreguieta, por su parte, habrá dejado de ser la “princesa de Holanda” para convertirse en “reina Máxima”.

“Tiene las cualidades que hacen grandes a las princesas”

 “Nadie lo sabe. Nunca se sabe. Un nuevo rey es siempre como un futuro bebé: se lo espera durante nueve meses, se piensa que será de una forma o de otra, pero la confirmación jamás llega antes del nacimiento”, opina la historiadora Reinildis van Ditzhuysen, una de las mejores especialistas de la casa real de Holanda.

Van Ditzhuysen, en todo caso, tiene pocas dudas: “Ambos están perfectamente preparados. Máxima tiene un caudal de simpatía entre los holandeses, apenas superado por su suegra. Ahora todo depende de ellos. En nuestra época, la aceptación de la monarquía depende absolutamente de quien la ejerce. Sólo basta mirar lo que sucede en Gran Bretaña. Cuando los hijos de la reina Isabel se casaban, se divorciaban y lavaban sus trapos sucios en público, los británicos comenzaron a denostar la institución. Ahora, todo ha vuelto a su sitio”, precisó.

Para esa reconocida especialista de la Casa de Orange, el único punto oscuro de su brillante trayectoria fue el escándalo paralelo a su boda, en 2002, cuando el Parlamento de Holanda prohibió que el padre de Máxima asistiera a la ceremonia por el papel que cumplió durante la última dictadura militar. Una vez superado ese traspié, con extraordinaria personalidad, Máxima arrasó todo a su paso.

“La princesa no tiene sangre azul, es verdad, pero tiene todas las cualidades que hacen a las grandes princesas: una sonrisa fascinante, belleza, espontaneidad, encanto, compasión, entusiasmo comunicativo”, opina.