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Giordani precipitó al chavismo

Jorge Giordani, ex ministro de Planificación | Foto Archivo El Nacional

Jorge Giordani, ex ministro de Planificación | Foto Archivo El Nacional

La carta de despedida del ex ministro de Planificación Jorge Giordani ha colocado al chavismo ante una coyuntura inminente: decidir si el legado de Hugo Chávez avanza sobre el camino trajinado de los controles o el de la apertura moderada, lo que incluye medidas de ajuste, siempre evadidas por el gobierno por impopulares. La próxima medición de poder del chavismo frente a las fuerzas políticas de oposición son las elecciones parlamentarias de 2015, y el presidente Maduro y el PSUV deben evitar llegar allí con más plomo en el ala

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Medio año. Eso queda para que finalice 2014 y comience la química política de 2015, cuando están pautadas las elecciones parlamentarias. Después del Dakazo y las elecciones de alcaldes y concejales, Nicolás Maduro finalizó el año de su victoria presidencial mejorando su popularidad y aumentando el caudal de votos del chavismo en relación con el 14 de abril de 2013. Pero en febrero la activación de La Salida y la respuesta represiva del gobierno a las protestas de la oposición pusieron al Ejecutivo en una situación delicada ante la opinión pública local e internacional, y la mayoría de las encuestadoras independientes dieron cuenta de la pérdida de apoyo al presidente y de la mala percepción de país que tenían los venezolanos. A la par, los índices de inflación y de desabastecimiento llegaban a niveles históricos.
Pasada la ola más alta de las protestas de calle, esta semana se anunció una noticia que es, además, un mensaje: la salida del gobierno de Jorge Giordani. El exministro, que acumuló 13 años en la cartera de Planificación y entre 2010 y 2013 lideró también la de Finanzas, se despidió con una carta crítica al gobierno de Maduro, en la que ventiló lo que a su modo de ver es una crisis de liderazgo dentro del gobierno. El mensaje sacudió las bases chavistas por alertar que esta gestión se aleja del proyecto socialista de Hugo Chávez que el ministro –quien también fue su tutor mientras el fallecido presidente estaba - dice haber diseñado a cuatro manos.
La necesidad de adoptar medidas que alivien la crisis económica y prevengan el desplome del proyecto revolucionario es ineludible para el gobierno, de acuerdo con analistas consultados. El despido de Giordani es una primera señal de que se acercan los cambios. Al gobierno le resta evaluar el timing y ponerles fecha. ¿Después del Mundial de Fútbol y del Congreso del PSUV? ¿Antes de las vacaciones escolares? La urgencia de corrección de los desajustes económicos es tan palpable como las dudas planteadas sobre si Maduro tiene margen de maniobra para adoptar acciones que puedan ser consideradas impopulares tanto por sus adversarios como por sus seguidores. Estos no solo padecerían los efectos de tomar una medicina amarga, sino que advertirían las contradicciones  con el modelo de controles y de primacía estatal del socialismo chavista.

Apuro. Voces de la oposición señalan que el momento de los cambios no puede soslayarse más. Y dentro del chavismo hay incluso quienes señalan que el proceso político bolivariano podría peligrar de no actuar. Uno de ellos es Felipe Pérez, quien ocupó el mismo cargo de Giordani en el Ministerio de Planificación entre 2002 y 2003. Hace unas semanas, a propósito de una carta también crítica firmada por Temir Porras, ex presidente del Bandes y Fonden, Pérez señaló en un documento de discusión al que se tuvo acceso El Nacional: “Aquí lo que está en la picota es el proceso bolivariano, y el bienestar de millones de gentes”. Pérez fue más contundente: “El ritmo de deterioro es, en mi opinión, muy superior al ritmo de avance de estas medidas, que son demasiado tímidas. El fantasma del desempleo, por todo esto, empieza a hacer presencia importante. Esto sería la gota que colmaría el vaso para una conmoción social generalizada”.
Los señalamientos de Giordani, unas semanas después, reavivaron aún más la discusión. “Sabemos lo erróneo de las políticas previas a Maduro y las actuales: la política fiscal procíclica, y la insostenibilidad; el desastre cambiario; la política monetaria adaptativa e incoherente con el régimen cambiario. Sabemos que ese esquema estaba haciendo aguas (…) La solución no es la repartición del agua, ni tampoco dar más poder a la persona que diseñó ese dique hecho de palo”, señaló. Su percepción es que la salida de Giordani “mejora un poco el clima al interior del gobierno, pues se quita un obstáculo a posibles cambios más acelerados en la dirección correcta”.
El momento exacto para la toma de medidas se desconoce. Analistas consultados coinciden en que las decisiones deben tomarse de inmediato. Alejandro Cáribas, ex presidente de la Superintendencia de Bancos (1999-2002) y analista financiero, cree que el gobierno debe actuar en “el corto plazo porque no hay forma de revertir la escasez ni la inflación”. De hecho, señala, ya el gabinete económico ha venido implementando medidas, como el aumento de precios en productos básicos, en las tarifas asociadas a la electricidad y la creación de otras paridades cambiarias como el Sicad.
Maduro y los demás integrantes del gabinete son conscientes de que no disponen de otras opciones si no quieren arriesgarse a perder el poder. Así lo considera John Magdaleno, director de la consultora Polity. El quid del asunto no es tanto qué hacer, sino la manera. “Ya no debaten sobre si deben tomar acciones o no, sino sobre cómo harán para amortiguar el impacto de los ajustes por venir. Discuten sobre ritmos y plazos de ejecución. Están obligados”.
La noticia de Giordani es interpretada por Magdaleno como una señal clara en ese sentido, aunque el experto en opinión pública reconoce que hay una gran pregunta de fondo: ¿Hasta dónde llegará la flexibilización gubernamental?

Paquete en ciernes. La agenda que vendrá, asoma Magdaleno, incluirá reforma fiscal –ya anunciada–; otros aumentos de precios y un tema de alto octanaje: el incremento de la gasolina, subsidio por el cual el Estado cancela equis millardos mensuales a la población. Y estará montada sobre ajustes ya tomados desde el inicio del año: la constitución del Sicad II –que abrió una válvula al control cambiario–; la fijación de nuevos precios de productos –algunos de los cuales han sido convenidos directamente con empresarios y no publicado en Gaceta Oficial; y la flexibilización de algunos trámites relativos al certificado de no producción, la seguridad social y la ley del trabajo. El país está en tiempo de descuento. “El anuncio de hace tres semanas del relanzamiento de las misiones, que son programas sociales, da una pista de que las medidas están por ser adoptadas”.
El hombre que liderará esos cambios será Rafael Ramírez, quien ocupa el cargo de vicepresidente del área económica desde octubre de 2013, además de ejercer la presidencia de Pdvsa y liderar el ministerio de Energía y Petróleo, opina Anabella Abadí, economista y consultora de entorno. Ramírez tiene una lista bajo su manga, adicional a las ya tomadas: reducción de importaciones a un nivel óptimo, eliminación del financiamiento a Pdvsa y al Estado vía emisión monetaria, más ajustes de precios, y unificación de fondos parafiscales con las reservas internacionales. “Todas las medidas apoyadas por Ramírez parecieran estar dirigida a incentivar la inversión extranjera en Venezuela”, dice Abadí, dado que no hay los niveles de divisas requeridos y el endeudamiento externo es una fuente muy cara a la que el país tiene pocas puertas abiertas. "En 2013 la economía venezolana creció apenas 1,3%, notablemente inferior que la meta de 6% prevista en la Ley de Presupuesto, muy por debajo del crecimiento de 5,6% registrado en 2012 y1,6% por debajo del promedio anual de 2,9% de los últimos 15 años", señala Abadí.
Surgen varias dudas. ¿Implementará Maduro esta estrategia de viraje pragmático? ¿Tiene el piso político para hacerlo? La salida de Giordani y el gran poder que ostenta Ramírez no implican que el presidente le compre el paquete económico en ciernes. “La razón es que, por una parte, los ajustes fiscales y cambiarios conllevan altos costos políticos, lo que se torna peligroso en un contexto en el que ha caído paulatinamente la aprobación de la gestión de Maduro”, indica. Aún más: la receta de Ramírez apunta a alcanzar equilibrios macroeconómicos en el mediano y largo plazo, mientras que el sucesor de Chávez pareciera reenfocarse en planes de sobrevivencia en el corto plazo.
Magdaleno piensa que el presidente todavía dispone de un piso político que lo sostiene, aunque está lejos de ser el ideal, lo que le resta opciones: “Las últimas encuestas señalan que tiene una aprobación de entre 35% y 45%. Eso es importante, pero puede afirmarse que está en un borde. Es menor del apoyo que tenía Hugo Chávez”. Allí el dilema en el chavismo.

En busca de popularidad. Frente a la coyuntura económica y visualizando las elecciones parlamentarias de finales de 2015, el chavismo se ha propuesto el objetivo de fortalecer la imagen de Maduro, que se deterioró luego de las manifestaciones políticas. “Las protestas tuvieron un alto costo político y social para el gobierno y estrecharon los márgenes de maniobra del presidente, a quien le resta solo un semestre para tomar medidas antes de entrar en un año electoral”, dice Magdaleno.
Por eso ahora, en las calles se multiplican las vallas con el eslogan “Maduro es pueblo” y el propio discurso del mandatario ha empezado a variar para hacerse más atractivo: desde el 27 de mayo ha hablado de misiones en 13 de los 15 días que ha aparecido en televisión. Las únicas dos veces que no lo hizo fue cuando viajó a Bolivia la semana pasada. En ese mismo período, la economía, que era su tema favorito al final de su primer año de gobierno, pasó a segundo plano y solo fue abordado en ocho apariciones. “Los planes de esa naturaleza se acompañan de programas sociales para mitigar el impacto. Hay que esperar para saber qué innovaciones supondrá el relanzamiento de las misiones, pero considero que constituyen una pista de lo que vendrá”, dice Magdaleno.
“Ya no habla de inseguridad ni de represión. Se limita a asistir a inauguraciones o graduaciones, y a abordar temas que tienen que ver con lo social. Miguel Rodríguez Torres (ministro del Interior) quedó como vocero en los temas de seguridad y lo económico se lo reparten entre varias figuras, siendo Rafael Ramírez la principal”, advierte Félix Seijas, director de la encuestadora Delphos.
Junio fue bautizado como el “mes de misiones” y Maduro anunció que se crearían 1.459 bases de misiones en las 255 parroquias del país donde se concentra la pobreza extrema. Prometió que estarían listas en 90 días y que él mismo las inspeccionaría, lo que lo llevó a incluir el tema en la agenda de la nueva fase del gobierno de calle, que comenzó el viernes pasado. La estrategia parece una reedición de la que condujo Chávez con éxito antes del referendo revocatorio de 2004: recuperar la popularidad incrementando al máximo la exposición pública de los programas sociales.
Además, en esta ocasión Maduro se beneficiará de algunas distinciones que tratarán de apuntalarlo como líder del proceso. Se espera que lo nombren presidente del PSUV durante el III Congreso del partido, que se realizarán entre el 26 y el 29 de julio. Otras toldas del Polo, como UPV, planean nombrarlo presidente honorario. “Hay que relanzar su liderazgo interno para contrarrestar los rumores de una ruptura dentro del chavismo”, señala Seijas. En su carta, Giordani criticó la fortaleza de Maduro al decir que en la Presidencia hay un “vacío de poder”.
Fernando Soto, miembro de la directiva nacional del PSUV, indicó que los temas económicos aludidos por el exministro “serán debatidos en el Congreso del PSUV. “Son temas que vivieron otros países que también pasaron por procesos de lucha revolucionaria, como Vietnam y Cuba”.  Sin embargo, algunos dirigentes creen que el tema será bloqueado. “Se quiera o no, ya se inició un debate silencioso sobre el tema y esperamos que la dirigencia sepa conducirlo adecuadamente”, afirmó Rubén Mendoza, miembro del secretariado nacional de los círculos bolivarianos y jefe de un eje del PSUV en El Valle.
Pero una inmediata mejora de su imagen no será suficiente. Deberá complementarla con algunas acciones que satisfagan a la base chavista radical que duda de si se está siguiendo el camino de Chávez. Un dirigente del PSUV, que reservó su nombre para evitar represalias, alerta que “el pueblo se le vendrá encima” si pretende que el partido siga siendo una “entelequia burocrática”.
“Hay muchos movimientos y organizaciones debatiendo. Son como un río tranquilo y lento que por ahora acompaña a Maduro, pero dejará de acompañarlo si se aleja de la estrategia de construcción del socialismo que planteó Chávez. Nunca se consideraría un apoyo a la oposición, pero puede haber una radicalización del proceso para buscar una revolución dentro de la revolución y pedir un cambio en la actual dirección, que se identifica demasiado con la pequeña burguesía”, sentencia.
Afirma que el primer paso que Maduro debe dar para evitar eso es abrir un debate verdadero de asuntos como los planteados por Giordani. “Este tema no comenzó ahora. Inició con las opiniones de Mario Silva, Nicmer Evans y Toby Valderrama. Se debe perder el miedo a la crítica”, agrega el dirigente.

El chavismo no puede darse el lujo de llegar dividido a las elecciones parlamentarias de 2015. En 2010, PPT se presentó como una tercera vía y le arrebató la opción de conseguir una mayoría absoluta en la Asamblea. Si se diera una ruptura más grande, la oposición podría ser la beneficiada por un sistema electoral que premia a los más votados con sobrerrepresentación.
 
Con información de David González y Laura Helena Castillo.