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Garcilaso Pumar: “Los libros son un producto de primerísima necesidad”

Garcilaso Pumar, librero y editor | Foto Williams Marrero / Archivo

Garcilaso Pumar, librero y editor | Foto Williams Marrero / Archivo

El librero y editor sostiene que si en Venezuela se aplicara una ley resorte a los libreros habría una brutalización absoluta. "Por ahora no estamos embrutecidos; hay una lucha entre una clase que se intelectualizó y otra que se ha ido barbarizando", dijo

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—¿Se extingue el librero en Venezuela?
—Se reduce, como todo lo profesional en Venezuela, pero resiste a duras penas.

—¿Quién podrá defender al lector?
—¡Wow!.. El aparato inmunológico no está produciendo suficientes defensas en este momento.

—¿La enfermedad del libro venezolano?
—Estreñimiento.

—¿El laxante?
—Que nos quitaran los controles.

—¿Cómo funcionan sin dólares?
—Haciendo magia.

—¿Los han solicitado?
—Ni siquiera nos interesa las no sé qué cuántas subastas existentes.

—¿Promocionan libros de la revolución?
—Vendemos todas las obras de la Distribuidora Nacional del Libro al precio que ellos ponen, que va desde 1 hasta 120 bolívares.

—¿Satisfecho con esta sinergia de precios justos?
—La biodiversidad es indispensable para mí.

—¿Propondría la “misión librero”?
—¡No!.. Nos degradaría demasiado.

—¿Una necesidad editorial?
—¡Wow!.. La crítica.

—¿Entre Colombia y Venezuela, editorialmente?
—En un momento fue Venezuela. Ahora perdemos por forfait ante cualquier país de la región.

—¿Hay déficit de bibliotecas?
—¡Absoluta! Las que existen dejaron de estar abastecidas.

—¿Desplaza la tecnología a la lectura?
—Para nada: la ha repotenciado. El mejor ejemplo es Wikipedia.

—¿Cómo enfrentan la crisis de papel?
—Seguimos haciendo magia. El problema es que no hay continuidad de los insumos para hacer papel.

—¿Lee el connacional?
—Mucho más de lo que se cree. 

—¿Somos lo que leemos?
—Sin duda, casi que somos lo que tenemos para leer en el baño.

—¿Por qué se lee en el baño?
—¿Será por la soledad?

—¿Lo más común en su librería Lugar Común?
—Los lectores.

—¿Un lugar común con el proceso?
—Ninguno.

—¿Con la oposición?
—El principal: estar en contra del régimen.

—Y las colas en su local, ¿hacen lugar común con las del automercado?
—A veces. Los libros son un producto de primerísima necesidad.

—¿Un autor que se regocija con el caso Venezuela?
—Parece que es Alberto Barrera.

—¿Un libro que cambió su vida?
—Y creo que la del universo: La crítica de la razón pura, de Manuel Kant.

—¿Los textos empolvados?
—Los “clavos” o “huesos” de nuestra librería son algunas malas literaturas.

—¿El colmo de un librero?
—(Risas) Venderse los libros a sí mismo… Eso lo hacemos aquí.

—¿Editor o librero?
—Primero fui editor y luego librero. Ahora soy primero librero y luego editor.

—¿Cómo sobrevive un librero en este país?
—Vendiendo libros. Somos parte de la industria del entretenimiento, que está cambiando. Por tanto, tenemos que cambiar nuestra manera de ser librero.

—¿Es la librería una macroempresa?
—Una empresa titánica, que es distinto.

—¿La ganancia de un librero?
—La felicidad del lector que asesora. Tener el libro que busca.

—¿Se trata al lector como a un consumidor?
—¡Claro!.. Lo es y no tiene nada de malo. El libro es un bien cultural de consumo y de inversión.

—¿El libro dañino?
—El libro obligatorio.

—¿El enriquecedor?
—El que se disfruta.

—¿Una nostalgia editorial?
—¡Muchas! Extraño momentos gloriosos de Monte Ávila. Ahora las editoriales del Estado dejaron de estar al servicio de los lectores.

—¿Qué lee?
—Muchas cosas; actualmente, la obras selectas de Mariano Picón Salas.

—¿Para esta coyuntura?
—Dos libros: El Estado mágico de Fernando Coronil y Venezuela, política y petróleo de Rómulo Betancourt, una obra que habla de un proyecto de país.

—¿Una lectura para el gobierno?
—(Risas) Le recomendaría que comience a leer, con eso ya ganaríamos algo.

—¿Y para la MUD?
—El Aro y la trama de Alejandro Moreno, para comprender el entramado de lo popular venezolano. La MUD ha olvidado un problema fundamental: la seducción.

—¿La capital del libro en la región?
—Buenos Aires.

—¿Un librero referencia?
—Arturo Garbizu.

—¿Requiere el librero una sólida formación?
—Claro, pero no estoy seguro de que sea una formación ortodoxa; más bien debe desarrollar una sensibilidad particular.

—¿Ha tirado manuscritos al cesto?
—Muchos. Son pocos los que se han convertido en libro.

—¿La producción literaria nacional después de 1998?
—¡Miércoles!.. Hay que preguntarle al crítico Carlos Sandoval, quien ha estudiado este período.

—¿Y antes de 1998?
—Como la Vinotinto, con buenos momentos, pero sin llegar a estabilizarse.

—¿Vale un libro lo que pesa en conocimiento?
—“Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”.

—¿Libreros en socialismo?
—Si te refieres al país, esto no es socialismo.

—¿Hay libreros de izquierda y derecha?
—Solo sé que las malas son las librerías “únicas”. Hay un lugar común entre los buenos libreros y los buenos políticos: nunca se quedan sin  respuesta.

—¿Es el país cuento o novela?
—A veces me parece un aforismo.

—¿Poesía u oda?
—¡Upa!

—¿El futuro del libro?
—Oscuro.

—¿Volverán los dólares?
—Volverán, espero que sin control.

—¿Qué pasaría en Venezuela si se aplicase una ley resorte a los libreros?
—La brutalización absoluta. Por ahora no estamos embrutecidos; hay una lucha entre una clase que se intelectualizó y otra que se ha ido barbarizando.