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Fernando Pinilla: Si el gobierno nos tranca grafitearemos las paredes

Fernando Pinilla, caricaturista, humorista, escritor | Foto: Raúl Romero/El Nacional

Fernando Pinilla, caricaturista, humorista, escritor | Foto: Raúl Romero/El Nacional

"Recién publiqué un muñeco desnudo desmoronándose, con un bozal y la leyenda: 'Tranquilo, nos estamos reorganizando"

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¿A qué le supo el Premio Pedro León Zapata 2014 que le otorgó El Nacional como el mejor caricaturista de la prensa?
—Agridulce… A la semana siguiente recibí variadas amenazas de muerte.
¿Quién lo protege?
—Dios. No queda otra en este país.
¿Es Venezuela una caricatura de lo que fue?
—Sigue siendo una mansión espectacular, con su música y su poesía, pero con filtraciones, la pintura desconchada, corrosión en su estructura y el piso agrietado.
¿Una caricatura para los desnacionalizados?
—Cada quien es libre; aplaudo a los que se quedan.
¿Otra para un presidente-obrero?
—Con un casco de construcción, botas plásticas y el traje más fino, acuñado de joyas y dólares.
¿Imagina un presidente-caricaturista?
—No, aunque pintaría buenas soluciones.
¿Ha hecho llorar?
—He enfriado el guarapo, como cuando parafraseé durante la tragedia de Amuay que “el show debe continuar”.
¿Una caricatura para la MUD?
—Recién publiqué un muñeco desnudo desmoronándose, con un bozal y la leyenda: “Tranquilo, nos estamos reorganizando”. Quieren vender una unidad que no termina de pegar.
¿El umbral entre el humor y la burla?
—A veces es muy delgado. Se puede confundir.
¿Le confunde el humor revolucionario?
—Pobre, muy pobre… No refleja la realidad del pueblo.
¿Y el de la oposición?
—Al menos el de nosotros los caricaturistas es agudo, punzante y realista.
¿El límite de sus caricaturas?
—En Venezuela, la censura; pero, como dice Zapata, hay que crear caminos alternos.
¿Se ha autocensurado?
—Por momentos, pero a veces me rebelo.
¿Afecta la Ley Resorte las caricaturas?
—Hoy la podemos burlar con las redes sociales.
¿La ha burlado?
—A veces, cuando sé que el periódico me rebotará algún dibujo y va a jugar ping pong con él (carcajadas).  
“Seudoescritor” confeso, ¿ejercería el periodismo?
—Tendría que estudiar muchísimo, sobre todo por ese deseo absurdo del gobierno de desprofesionalizarlo.
¿Qué lo malhumora?
—Leer noticias de una Venezuela ficticia, como que somos una potencia deportiva porque Pastor Maldonado ganó una carrera.
Escritor de cuentos infantiles, ¿qué tal Cheverito?
—La síntesis de una mentira exaltada en populismo… ¿Cómo hacer turismo en un país donde es peligroso hacerlo?
¿Haría la contraparte?
—(Risas) La llamaría “Pobrecito”: el turista con sueldo mínimo que no puede pagar 2.900 bolívares por una noche en un hotel Venetur, en Maracaibo.
¿Le ha salido una morisqueta en vez de gracia?
—Una vez que caricaturicé a un político de oposición, pero le sentó muy mal, y luego a mí también.
—¿La morisqueta nacional?
—Las milicias. Sueñan con guerras sin tener idea de lo que son… ¡Dios nos libre!
¿El colmo de un caricaturista?
—¡Wow! No reírse de sí mismo y de sus caricaturas.
¿Un fondo musical para las suyas?
—Jazz.
¿Una guasa oficial que le hace reír?
—El pajarito.
¿Brinca el plumífero la talanquera?
—O lo seguirá engañando con mensajes codificados.
¿Lo más caricaturizable del venezolano?
—El rancho en la cabeza.
¿La caricatura trágica?
—Los vuelos que desviaron hacia el Mundial. Siempre habrá una excusa para que todo siga igual.
¿Dice uno de sus grafismos más que mil palabras?
—Como cuando el mismo comandante eterno celebró públicamente la caricatura que le hice sobre el personaje pelón del Banco Federal, en 2010.
¿Valen más sus caricaturas de lo que le pagan por ellas?
—Creo que sí, modestia aparte.
¿Un superhéroe?
—Batman.
¿Verbigracia?
—Ojalá lo tuviéramos. Para mí que lo mataron y no nos enteramos.
Fuera de la revolución, ¿otra fuente de inspiración?
—Obviamente, la oposición. Graterolacho me decía que uno tiene que ser como el camaleón: un ratico con el gobierno y otro con la oposición.
¿Por qué el oficialismo se molesta cuando lo parodian?
—Porque el humor refleja las realidades sin pelos en los dedos.
¿Por qué, en cambio, los personeros del puntofijismo reían?
—Porque se sabían imperfectos.
¿A quién le gustaría satirizar, pero no puede?
—A alguien que no puedo ni nombrar.
En fin, ¿a mayor tragedia más humor?
—Creo que sí… y nos estamos acostumbrando.
¿Predicen el futuro los humoristas?
—A veces tenemos ese don.
¿Su vaticinio?
—Veo cuchillo en el PSUV y una ruptura.
¿Imagina un paro de caricaturistas?
—Deberíamos. Ya han amenazado también a Rayma, a Edo; insultan a Weil... ¡Ya es hora!
¿Un destino?
—El éxito, y la gente entrando en razón. Si no, la debacle.
¿Una referencia?
—Leoncio Martínez. No lo pudieron censurar, a pesar de que no existían las redes sociales.
¿Qué pasaría en Venezuela si el Estado-gobierno interviniese Internet?
—Grafitearemos las paredes. Si nos trancan buscaremos formas. El humor siempre llegará. Imagínate decirle al venezolano ¡no te rías!