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Fabricio Ojeda: un reloj y una muerte incómoda

Ojeda, cuya osamenta fue exhumada ayer, fue hallado muerto en una celda del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Armada /Ernesto Morgado/El Nacional

Ojeda fue hallado muerto en una celda del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Armada /Ernesto Morgado/El Nacional

El líder de la Junta Patriótica murió en una celda del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Armada hace 42 años. El jueves fue exhumado su cadáver para investigar si fue un suicidio o un asesinato

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“Somos los primeros en lamentar lo ocurrido”, dijo el general Ramón Florencio Gómez, ministro de la Defensa; “Era lo menos previsible, lo que menos se creía”, declaró el ministro del Interior, Luis Vera; “Fabricio anunció que en su celda del SIFA haría algo trascendente”, expresaron Mario Matute y Tulio Dugarte, compañeros de detención; “Fabricio Ojeda había gestionado entregarse a través de un alto dirigente de URD en Lara”, informó una fuente que pidió el anonimato; “A 12 guerrilleros que operaban con el fallecido Ojeda los tiene cercados el Ejército en las montañas de Trujillo”, afirmaron voceros oficiales.

Fabricio Ojeda fue hallado ahorcado el martes 21 de junio de 1966 en su celda del cuarto piso del Cuartel de la Guardia Presidencial, donde funcionaba una dependencia del Servicio de Inteligencia de la Fuerza Armada. El soldado que iba a llevarle el desayuno, poco después de las 8:00 am, fue el primero en verlo. Ojeda, Matute y Dugarte habían sido capturados tres días antes en Playa Grande, después de intensa actividad guerrillera en los Andes.

Tropiezos de titulares, colisión de versiones, declaraciones que rebotan por un túnel sin luz al final: la vida pública y la muerte del dirigente político, periodista, educador, ex diputado y ex guerrillero Fabricio Ojeda, que nació en el estado Trujillo en 1929, son un inventario de luchas, glorias y paradojas. Lo que nadie duda es su aporte fundamental en la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958.

En la madrugada de ese día el país escuchó una breve transmisión a través de Radio Caracas: “Les habla Fabricio Ojeda, presidente de la Junta Patriótica”. El que fuera reportero político de El Nacional, hasta la fecha casi un desconocido, se reveló como uno de los líderes de la lucha clandestina que condujo al derrocamiento del régimen militar. Tenía 28 años de edad y ya era considerado por la prensa como un héroe nacional.

Camisa negra de rayas rojas y pantalón gris; un reloj con cadena de acero en la muñeca izquierda que marcaba correctamente la hora. Una habitación con dos ventanas, una de las cuales daba al Palacio de Miraflores. Así describen la apariencia y el lugar donde fue encontrado Ojeda, aunque el cuerpo no pudo ser visto por periodistas ni por los familiares. Las fotografías muestran el surco característico de una ahorcadura.

El jueves fue exhumado su cuerpo en el Cementerio General del Sur, en Caracas. El procedimiento, ordenado por el Tribunal 4° de Control del Área Metropolitana, intenta determinar si fue un suicidio, como apunta la versión oficial, o un asesinato, como presumen algunos miembros de su familia 46 años después de la muerte.

La junta, la elección. Entre 1957 y 1958 Ojeda integró la Junta Patriótica junto con Silvestre Ortiz Bucarán, de Acción Democrática; Guillermo García Ponce, del Partido Comunista de Venezuela, y Enrique Aristiguieta Gramcko, de Copei. “Fabricio cubría sus diarias jornadas como redactor de El Nacional y de noche se le veía atender extrañas llamadas telefónicas que pautaban horas y lugares de reunión en clave. Las actividades de la Junta Patriótica se intensificaron el 1° de enero de 1958, con motivo del fracasado golpe militar iniciado por las Fuerzas Aéreas en Maracay. Fabricio seguía en su puesto, pero se observaba un descenso notable en la producción de informaciones. No más de dos personas conocían de las actividades clandestinas que practicaba afuera”, recuerda Julián Montes de Oca en una nota publicada en El Nacional el día siguiente de la muerte de Ojeda.

Al inicio del texto, Montes de Oca hace una precisión de valor especial y emotivo: “Escribo este reportaje a cinco pasos apenas del escritorio que durante varios años ocupó Fabricio Ojeda en sus largas jornadas como reportero. Allí estuvo con nosotros en el incesante trabajar por la noticia, hasta el 20 de enero de 1958, cuando todos los trabajadores del diario abandonamos nuestros puestos para anticiparnos 24 horas a la huelga general que culminaría el 23 de Enero con la caída del régimen de Pérez Jiménez”.

En diciembre de ese año, postulado por el partido URD, Ojeda ganó la diputación al Congreso Nacional por el Distrito Federal. En enero del año siguiente llegó a Caracas Fidel Castro, líder de la revolución que acababa de derrocar a Fulgencio Batista en Cuba. De la visita surgió una invitación para que Ojeda visitara la isla. El viaje se llevó a cabo a finales de 1959 y duró cuatro meses. A su regreso, todavía en Maiquetía, manifestó su admiración por la causa de Castro. El 20 de abril de 1960 –un día después del retorno– declaró que URD no podía ser corresponsable de actitudes ajenas e indiferentes a los intereses del pueblo. Pidió que el partido se renovara y que se saliera de la tripartita del Gobierno, constituida también por AD y Copei a partir del Pacto de Puntofijo. En Cuba, Ojeda había cruzado una esquina de la que más nunca daría marcha atrás.

La renuncia. Con una carta. Así renunció a la Cámara de Diputados. Renunció a su investidura parlamentaria para luchar con las armas en las guerrillas de las montañas. En octubre de 1962 fue detenido en una carretera de Acarigua y sentenciado a 18 años de cárcel por rebelión. En septiembre de 1963 se fugó de la cárcel y regresó a la guerrilla hasta que fue capturado en junio de 1966.
Camisa negra de rayas rojas y pantalón gris y un reloj con cadena de acero en la muñeca izquierda que marcaba correctamente la hora de una muerte sobre la que todavía hay preguntas.