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Hugo Chávez Frías se consagró como un caudillo popular. En la era mediática, fue un político mediático como no habíamos conocido otro antes. Estaba bien dotado para estos ejercicios, conocía el folklore, la poseía y la música popular, el contrapunteo, cantaba, bailaba joropo, tenía una memoria prodigiosa. Leía y frecuentaba los libros y se enorgullecía manoseándolos. Quiso cambiar el mundo y también cambiar la historia. Sobre todo quiso cambiar la historia. Reescribirla de manera que el rompecabezas pudiera armarse para la gloria de la revolución bolivariana y de sus objetivos de prolongada dominación de la sociedad venezolana. (…)Ver a Hugo Chávez Frías como una figura histórica nos permitirá la perspectiva necesaria para una comprensión de su papel en la historia venezolana, sin despojarlo inútilmente de las controversias y de las divisiones que han prevalecido a lo largo de los veinte años de su protagonismo como personaje de primer orden. Su legado perdurará porque tuvo el privilegio de convertirse en el gran profeta del pueblo. Nadie podrá negarle el singular coraje con el cual resistió el mal y procuró vencerlo hasta el último respiro.

“Hugo Chávez”

10 de marzo de 2013



El Parlamento, en este caso la Asamblea Nacional, es el espejo de la democracia o del régimen que impere en un país en un momento dado. Pero si es el propio presidente del Poder Legislativo el que se ufana de ser buen boxeador y de no tener miedo, y de batirse a golpes en los jardines del Capitolio, por mal, muy mal camino vamos, y todos los temores se justifican. Son estos temores de tragedias irreparables los que nos mueven al lanzar esta advertencia. En los parlamentos trabajan los cerebros, no los puños ni los puñales. De modo que es urgente una rectificación, la creación de un ambiente de seguridad y respeto, de confianza y tolerancia. Por eso hablamos del 24 de enero de 1848, cuando las milicias del general José Tadeo Monagas asaltaron el Congreso Nacional y asesinaron a los diputados José Antonio Salas y Juan García Argote y apuñalearon de gravedad al gran hacendista Santos Michelena, muerto poco después refugiado en una legación extranjera. Fue una de las páginas más oscuras de la historia venezolana.

“El 24 de enero de 1848”

 25 de enero de 2013



Al amanecer 2013, debemos partir de un hecho cierto: ha terminado el siglo del petróleo que contaba con un mercado al alcance de la mano. Para Venezuela esto plantea un gran desafío. El petróleo del Medio Oriente abastecerá a China e India con ventajas visibles. Con tan grandes reservas, Venezuela produce ahora menos que hace sesenta años, según las cifras de Lieuwen (de 1954). 2013 requerirá de una política de responsabilidad ciudadana que afronte las deudas del Estado, las deudas de Pdvsa, la inflación, el desorden de las importaciones que conspiran contra la nación y, en una palabra, el pernicioso proyecto de que podemos sobrevivir como una sociedad subsidiada. O sea, como un pobre país. 1813, 1913, 2013.

“Vueltas alrededor del año 13”

 30 de diciembre de 2012