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Chulalo superstar

El sacerdote de Barquisimeto Jesús Pérez Palencia usa métodos poco tradicionales para atraer feligreses. Sus misas son multitudinarias y en ellas se escuchan testimonios de transformación. La Iglesia Católica venezolana está de acuerdo con llevar un mensaje más cercano a la población, pero rechaza que las ceremonias se conviertan en un show. Mientras, cada vez son menos los que acuden a los oficios religiosos en el resto del país

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“Miren cómo da vueltas mi R2-D2, es muy divertido”, dice el padre Chulalo mientras maneja con un control remoto el robot de juguete y su mirada pícara lo sigue por todo el cuarto. El lugar parece haber sido decorado por un adolescente y no por un sacerdote de 46 años de edad, licenciado cum laude en Teología, sordo del oído izquierdo, que primero fue carmelita y luego diocesano, que profesa principios de la renovación carismática, que tuvo cáncer de testículos y fue internado en un psiquiátrico por cuatro meses.

Las sotanas no destacan en el clóset de la habitación del padre Chulalo: por el contrario, abundan los jeans. En los estantes de madera hay un cuatro, un disfraz de Batman, una colección de miniaturas de Star Wars, revistas de manga y de Marvel; CD de películas piratas, dibujos de superhéroes hechos por él, recortes de escenas de las películas Casablanca y Titanic, además de la caja del robot R2-D2 con el que ahora juega.

Jesús Genaro Pérez Palencia, conocido como Chulalo (Chu por Jesús y lalo por Genaro), es desde el año 2002 el sacerdote de la iglesia Nuestra Señora de Fátima, en la urbanización Barici de Barquisimeto. Lo que ocurre en ese lugar los jueves y los domingos ha llamado la atención tanto de la feligresía larense como del arzobispado de la región: el padre lidera multitudinarias y animadas liturgias que reúnen a casi 1.000 personas durante más de 4 horas, en las que se hallan testimonios de profundas transformaciones.

El método de evangelización de Chulalo es diferente y eso atrae a cada vez más feligreses, pero cada una de sus misas es un musical digno de Broadway, alejado del recogimiento de la comunión. La sacristía de su iglesia, por ejemplo, cuenta con un moderno sistema de luces y de sonido que es manejado por técnicos que aplican sus conocimientos durante las misas de sanación de los jueves en la noche. En ellas, un público cautivo recibe a su rockstar. La eucaristía suele comenzar con alguna canción cadenciosa, como “Al son del rey” de Juan Luis Guerra, interpretada por la banda Maranatha, mientras los reflectores de luces blancas apuntan a un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús.

“Mis misas son diferentes en la forma, pero con el mismo contenido. Lo que hago es un enamoramiento. Dramatizo, canto desde rap hasta ranchera. La gente se lleva el mensaje completo. Lo importante es picar con el aguijón de la fe”, se justifica.

En el discurso inaugural de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Santo Domingo en 1992, el papa Juan Pablo II –siempre abierto a atraer a los más jóvenes a la Iglesia Católica– hizo una especial petición: “Necesitamos una nueva evangelización, nueva en sus métodos, nueva en su ardor y nueva en su expresión”.

Son muchos los sacerdotes que hoy aprovechan la música, las artes escénicas, Internet y las redes sociales para captar a una feligresía que se aleja de los altares. Cifras de la Conferencia Episcopal Venezolana revelan que sólo 15% de los católicos va a misa y que actualmente hay 800 seminaristas, en comparación con los 1.000 aspirantes a sacerdote que había hace 5 años. Chulalo, entonces, parece haber interpretado las palabras del beato Juan Pablo II con una ardorosa libertad y se vale de todos los recursos posibles para masificar el mensaje de los evangelios: interpreta canciones de Julio Jaramillo para atraer a los abuelos, emplea las redes sociales para buscar a los jóvenes y adultos (tiene aproximadamente 12.000 seguidores en Twitter y más de 5.000 amigos en Facebook) y se disfraza de Batman, su superhéroe favorito, para llamar la atención de los niños.

Vigilado. El padre Chulalo besa el altar y los reflectores lo iluminan; hace la señal de la cruz y saluda a la asamblea. Prosigue con las diferentes etapas de la misa hasta que llega el momento de la homilía y pide el tono a su banda para cantar “Ódiame”, un tema de Julio Jaramillo con el que parece enganchar a la gente. Declama, toca la guitarra, se sienta en el piso y los aplausos son una constante. Cuando tiene la atención de todos los feligreses, comienza a hablar de la misericordia de Dios. 

Al arzobispo de Barquisimeto, Antonio López Castillo, le preocupan estas improvisaciones: “No podemos atraer a la gente con show, pues el único que convierte es Cristo”. Sin embargo, no duda de las buenas intenciones de Chulalo. “Él es un sacerdote bueno, pero si hay alguna orientación que yo vea que no es conveniente sencillamente se lo digo”.

La opinión de López, respetuoso de las liturgias tradicionales, sigue siendo más conservadora que la de su predecesor, monseñor Tulio Chirivella, quien siempre apoyó el estilo del padre Chulalo y fue quien lo llevó a Barquisimeto.

Consciente de la preocupación del episcopado de Lara, el padre Chulalo señala: “Prefiero que las misas sean un show a que sean un funeral o que duerman conciencias”.

El padre de Barquisimeto no es el único que cree en misas diferentes. Monseñor Roberto Sipols, vicario general de la Arquidiócesis de Valencia, hace una comparación apropiada para estas fechas. “El ingrediente principal de todas las hallacas es la harina de maíz. Es decir, una misa siempre será una misa; ahora, la cuestión está en la sazón del guiso, los ingredientes, la entrega que uno le ponga. Una nueva generación de sacerdotes, a la que pertenecemos Chulalo y yo, se ha dado cuenta del poder de la predicación. Hay una resistencia de los más tradicionales que, sin embargo, me parece sana pues a la hallaca no se le puede quitar la harina de maíz. Es bueno que se aprieten las tuercas, pues evita que las misas se conviertan en algo meramente emotivo”.

El quiebre. Después de la comunión viene el momento más esperado por la mayoría: la sanación, una oración guiada en voz alta por el religioso en la que pide por la salud de los presentes.

Los reflectores de luces blancas apuntan al sagrario. El padre se postra ante él y otras luces, ahora rojas, comienzan a enfocar al Santísimo Sacramento expuesto por el sacerdote, cuya voz cambia a un tono más profundo. Chulalo danza con la imagen por toda la iglesia mientras toca a las personas. Desde las esquinas, laicos comprometidos comienzan a imponer las manos.

Este acto, que dura dos horas, no está incluido en una misa tradicional católica y es una señal de alarma. “Toda misa es sanadora desde que comienza hasta que termina. El sacerdote debe obedecer a la liturgia católica y al magisterio de la Iglesia”, afirma el arzobispo López, para quien la sanación debe hacerse al finalizar la ceremonia.

De manera más drástica, el arzobispo de Caracas, Jorge Urosa Savino, señala que no pueden instaurarse ritos paralelos ni montar shows mediáticos. “Tenemos que ajustarnos a lo que dicen las rúbricas de la celebración. No puede haber anarquía en la misa. La modernización de la Iglesia no tiene que ver con que alguien invente algo extraño que sea ajeno a la eucaristía; debe estar más enfocada en la familia y la espiritualidad”.

“Para mí funciona”. Los asistentes a las misas de Chulalo aseguran que son “una experiencia religiosa”. “Las emociones están a flor de piel. Es una esperanza”, dice Nathally Castejón, enferma de cáncer de seno.

No es la única. Son varios los que alegan haberse curado de algún mal luego de asistir a las misas de Chulalo, además de haber transformado su fe. Josué Rodríguez, bioanalista cubano que vino al país para trabajar en la Misión Barrio Adentro, asegura que se convirtió en católico después de escuchar la prédica de Chulalo.

Daniel Cassani cuenta que sufrió de cáncer de lengua y que las misas lo ayudaron a salir de su profunda depresión. El propio cura tuvo problemas de salud. “Fueron momentos muy duros producto del estrés. Estas experiencias me permiten ser un mejor sacerdote”, reflexiona.

Son muchos los testimonios que avalan el esfuerzo de Chulalo mientras él retorna el Santísimo a la sacristía y ofrece la despedida. De fondo se escucha el merengue “Las avispas” de Juan Luis Guerra.

Al final se cuentan 954 sillas ocupadas, 4 horas de liturgia, 31 canciones interpretadas por Maranatha y el padre Chulalo, y cientos de abrazos.

Batimisa. “Batman es el único superhéroe que no tiene poderes sobrenaturales; es un ser humano con rollos existenciales, una persona que se vale de su inteligencia y amigos para hacer cosas. Los sacerdotes somos como los superhéroes: está depositado en nosotros el poder de salvar vidas en todos los ámbitos. Tenemos una fuerza divina que no pertenece a nosotros, el centro de todo es Jesucristo”, señala el padre Chulalo.

Urosa Savino subraya que los sacerdotes no necesitan imitar a héroes de ficción, pues los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan son suficiente ejemplo de vida para los fieles. El cura de Barquisimeto aclara que nunca se ha disfrazado durante el momento de la comunión. “Le he dicho que durante la eucaristía no puede disfrazarse; es algo muy delicado. Entiendo que desee jugar con los niños, pero hasta ahí. Hay personas que aceptan eso, pero otros no”, indica el arzobispo López.

Sobre este tema, el vicario de Valencia señala que un sacerdote no debe disfrazarse completamente y que para esas labores existen los laicos comprometidos, aunque tampoco descarta los recursos como el buen humor para llevar el mensaje de Dios. El propio Sipols forma parte del grupo del Doctor Yaso y se ha puesto su nariz roja para alegrar a niños enfermos en el Hospital Oncológico de Valencia.

Un estudio del Concilio Plenario de Venezuela de 2003 revela que 82% de los venezolanos se denominaba católico. De acuerdo con una investigación que hizo el Grupo de Investigación Social en 2011, esa cifra bajó a 71%.

“La eucaristía es el culto de toda la Iglesia; se ha de celebrar con gran alegría y sencillez, pero también tan digna y reverentemente como sea posible”, dijo el papa Benedicto XVI el pasado mes de junio, en la clausura del 50 Congreso Eucarístico Internacional realizado en Dublín.

El padre Chulalo –que grabó un disco de gaitas para la Navidad– tiene su propia teoría sobre la manera de atraer con la palabra católica: “El problema son los líderes, donde hay un líder bueno, ahí está la Iglesia. Mis misas están inspiradas en un Dios misericordioso, no creo en un Dios castigador que premia al bueno y castiga al malo. Una misa de sanación significa que si estás mal, sales bien; y si estás bien, sales mejor”.