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Carlos Fraga: “Los poderes no escuchan, apenas oyen para defenderse”

Carlos Fraga | Archivo

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El periodista y conferencista asegura que se ha castigado el humor porque "saben que es importante"

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—¿En qué onda anda Venezuela?
—Hace tiempo entró en pausa.

—¿Tiene madera para arrancar?
—La tiene. Hacen falta artesanos que posibiliten el instrumento.

—¿Qué tal una charla de crecimiento colectivo?
—A través del humor, luego de mucho dolor.

—¿Se ha castigado al humor?
—Claro, porque saben que es importante.

—A ocho años del cierre y el robo de sus equipos, ¿volverá RCTV?
—Volverá distinta y renovada. Las cosas vuelven, pero distintas.

—¿Recordar es vivir?
—Claro, es honrar el pasado con las cosas importantes que pasaron.

—En política, ¿hay amores que matan?
—Definitivamente; hay ideologías y fanatismos que matan en nombre del amor.

—¿Un consejo a las parejas?
—Tratar de encontrar el eros, como si se tratase de conseguir la harina pan.

—Profesor de Literatura, ¿es culta la población venezolana?
—No tanto, es muy joven y veloz, por lo que no se permite el espacio para profundizar.

—¿Está sumisa, encadenada a la crisis?
—Está asombrada de su capacidad de pueblo.

—¿Tiene el gobierno que se merece?
—Más que el gobierno, tenemos los gobernantes que nos permiten la transición a otro estado de conciencia y madurez.

—¿Un pesar como periodista?
—Las pocas ventanas y las muchas sensaciones de enmudecimiento. Me enorgullezco de la creatividad y la valentía vistas.

—¿Una autocrítica?
—No hay que creer que podemos ser dueños de la verdad. Hay que dejar un espacio a la duda.

—En la radio, ¿el pez muere por la boca?
—Sin duda; estos tiempos  duros, represivos y tiránicos nos lo enseñan.

—¿Se autocensura?
—No. Respiro antes de hablar. Si tienes un micrófono, cuídalo.

—¿Psicólogo autodidacta?
—No, terapeuta autodidacta.

—¿Se ha acostado en el diván?
—Tres cuartas partes de mi vida. Y ahora más.

—¿Un pecadillo?
—Adicto a la TV.

—¿Una molestia?
—El atropello.

—¿Un defecto?
—La impaciencia.

—¿Una alegría?
—Cada despertar.

—¿Una tristeza?
—La inmadurez emocional de todos en este momento.

—¿Una impotencia?
—No poder llegar a más gente con lo poco que puedo comunicar.

—¿Puede ser el país más feliz del mundo el  que a su vez es el tercero más violento?
—En parte, porque tenemos todos los recursos, pero nos falta la actitud para transformar las cosas, que es la base de la felicidad.

—¿Por eso fracasó el Ministerio de la Felicidad?
—(Carcajadas) Porque la felicidad no está fuera, sino dentro. Nosotros fuimos educados para ser buenos, no felices. Lo máximo que puede tener la felicidad es un inspirador.

—¿Verbigracia?
—Un músico como Simón Díaz.

—¿Transformaría a un delincuente?
—Sí. Una manzana podrida siempre guarda la semilla de donde nace un manzano.

—¿Nacerá un manzano en el gobierno?
—Y ojalá tenga grandes y deliciosos frutos.

—¿Dará frutos la oposición?
—La oposición es ese silencio necesario que esperamos que algún día despierte.

—¿Cuándo un orador es un charlatán?
—Cuando su objetivo no es tocar el corazón de quien lo escucha. Tanto en el gobierno como en la oposición todos buscan convencer y pocos logran conmover.

—¿Quién está libre de pecado en este país?
—Nadie, el pecado te permite acercarte al otro.

—¿Qué espíritu flota en el ambiente?
—Un espíritu en evolución silente.

—¿Qué tiene de astrólogo?
—25 años de estudio y una permanente curiosidad por descubrir la relación entre el cielo y la tierra.

—¿Predice los acontecimientos?
—No me interesa. Predecir es como lavarse la boca después de un apasionado beso.

—¿Qué tiene de santo?
—La esperanza.

—¿Su lado tremendo?
—¡Es enooorme! (risas).

—¿Incursionaría en política?
—No me interesa. Amo la libertad y la política siempre engendra intereses.

—¿Un libro que cambió su vida?
—El cuarteto de Alejandría, tetralogía de Lawrence George Durrell.

—¿Le falta aprender al soberano?
—Siempre falta todo. Cuando creemos que falta menos llega la muerte.

—¿Qué tal una charla a los poderes públicos?
—Los poderes no escuchan, apenas oyen para defenderse.

—¿Necesita anteojos el poder central?
—Para la presbicia. Para que vean mucho mejor de cerca.

—¿Un consejo a los emigrantes?
—Que no se olviden de lo sagrado que dejaron aquí.

—¿A los presos políticos?
—Paciencia y valor.

—Para que el camino no se haga tan largo y tortuoso…
—Que nos sintamos en un túnel y no en una cueva.

—¿Ve luz al final del túnel?
—Por su esencia natural la tiene. La cueva no.

—¿Se despertaron lados oscuros en el nuevo siglo?
—Sin duda, oscuros y necesarios para reconocernos y ser dueños de esa oscuridad.

—¿El destino de una población idólatra?
—Desilusionarse permanentemente.

—¿Imagina un guía espiritual de presidente?
—No. Aún no. Venezuela necesita permanentemente de un padre redentor.

—¿Su salida para la conciliación?
—Sentarse a dialogar y, para ello, aceptar, exponer y negociar.

—¿El futuro del país?
—Aunque el futuro no existe, es importante tener esperanzas. No hay otra, hermano.

—¿Qué pasaría en Venezuela si los dirigentes escucharan con cierta frecuencia sus conferencias sobre crecimiento?
—Entenderían que la vida no se hizo para triunfarla, sino para vivirla. Por tanto, las prioridades serían otras.