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Expedición a las entrañas del Caribe

La bióloga marina Patricia Miloslavich  / Francesca Commissari

La bióloga marina Patricia Miloslavich / Francesca Commissari

El barco de exploración Nautilus recorrió las aguas del golfo de México, Puerto Rico, las islas Caimán y Las Antillas menores entre junio y noviembre. Comandados por Robert Ballard, el científico que encontró el Titanic, transmitieron por Internet sus hallazgos. La bióloga venezolana Patricia Miloslavic cuenta cómo avistó el único volcán activo sumergido en esta zona y compartió la experiencia con sus estudiantes de la USB 

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El viernes 15 de noviembre a las 2:00 am, la bióloga venezolana Patricia Miloslavich se retorcía de sueño reclinada en la silla que le fue asignada en el cuarto de control del barco de exploración oceanográfico Nautilus, que recorrió las aguas del golfo de México, Puerto Rico, las islas Caimán y Las Antillas menores entre junio y noviembre de este año. A esa hora ya había liquidado el inventario de chucherías disponibles para mantenerse despierta frente a los monitores que mostraban recuadros de arena desdibujados por las aguas más profundas del mar Caribe.

Miloslavich, única pasajera de Suramérica a bordo, decidió sacudirse el tedio y se paró a conversar con otros investigadores que miraban las imágenes captadas por las cámaras instaladas en los robots Hércules y Argus, dos mastodontes de 2,5 y 1,8 toneladas, respectivamente, también conocidos como Vehículos de Operación Remota, conectados entre sí y al barco por un cable de fibra óptica que hizo posible a los científicos de la organización Ocean Exploration no solo rastrear novedades biológicas, geológicas y arqueológicas, sino transmitirlas en vivo y directo a la comunidad científica y a curiosos de todo el mundo a través de su portal www.nautiluslive.org.

Armados con brazos mecánicos y dispositivos de almacenamiento de muestras líquidas y sólidas, aquella madrugada Hércules y Argus espiaban las laderas del Kick em Jenny, el único volcán sumergido activo del mar Caribe, ubicado al noroeste de Granada y a 100 kilómetros de las costas venezolanas. Desde su oficina en el Departamento de Estudios Ambientales de la División de Ciencias Biológicas de la Universidad Simón Bolívar, Miloslavich se sobresalta cuando recuerda el descubrimiento: “Estábamos hablando de cualquier cosa cuando de repente vi unas manchas negras en los monitores que me parecieron piedras. Pedimos a los técnicos audiovisuales que acercaran más las cámaras al fondo del mar hasta que vimos que se trataba de unos mejillones gigantes que no se sabía que existían en esta zona del Caribe”.

De pronto, la mesa de Miloslavich se llena de bolsas de plástico que guardan conchas de los mejillones y tubos que contienen muestras de agua, arena y piedras del Kick em Jenny, cuyo cráter se encuentra a 190 metros de profundidad y su base a 1.300 metros. Aunque la actividad de este volcán es monitoreada por la Universidad de West Indies, en Trinidad y Tobago, para prevenir el riesgo de tsunami, han pasado 10 años desde que los científicos tomaron muestras de este rincón del planeta. Esta vez se asombraron al hallar fuentes hidrotermales desde las que emanan gases y calor por debajo del suelo, en donde viven especies como una comunidad de camarones que no se avistó allí hace una década.

En 1939 se documentó una erupción violenta en el Kick em Jenny que levantó una columna de cenizas de más de 300 metros sobre la superficie del mar. Desde entonces han ocurrido 12 episodios similares, uno cada 10 años, aproximadamente. Dado que el último tuvo lugar en 2001, los expertos presumen que podría avecinarse una nueva erupción. Miloslavich precisó que podría afectar a las islas cercanas al volcán y descartó que represente una amenaza para los estados del norte de Venezuela.

Explorar para educar. Durante las 3 semanas que Miloslavich viajó a bordo del barco, entre el 29 de octubre y el 16 de noviembre, le correspondió dirigir 3 de las 9 presentaciones al día que eran transmitidas a museos, universidades y escuelas de todo el mundo. La del 7 de noviembre, a las 11:30 am, se proyectó durante 30 minutos en la sala de conferencias del Pabellón de Biología de la USB. Aunque ninguno de sus alumnos se atrevió a participar en los foros de discusión para exponer sus dudas en inglés, Miloslavich confiesa que se sintió complacida por haber logrado que una universidad venezolana se beneficiara de esta iniciativa. “Participar en una expedición como esta permite aprender de navegación, geología, biología y convivencia humana. Eso tenemos que compartirlo con nuestros estudiantes”.

En el año 2008 el oceanógrafo Robert Ballard, famoso por haber comandado la expedición que encontró los restos del Titanic, fundó el Programa de Exploración Nautilus con el objetivo de hurgar en los océanos y compartir los descubrimientos por Internet. Para ello, anualmente convocan a expertos de todo el mundo en calidad de educadores,  listos para responder a cualquier pregunta que reciban de los usuarios por chat, al tiempo que explican las particularidades de los ecosistemas y especies que las cámaras de los robots captan a medida que avanza el recorrido.

En el caso de esta expedición, cada científico debía permanecer atento a los monitores durante 2 turnos diarios de 4 horas cada uno. A Miloslavich, por ejemplo, le correspondía llevar la minuta de la exploración desde las 12:00 del mediodía hasta las 4:00 pm y luego desde las 12:00 de la medianoche hasta las 4:00 am.

Cada día de operaciones del Nautilus cuesta 40.000 dólares, la mitad de ese monto es financiado por la agencia federal estadounidense Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), y el resto es cubierto por instituciones educativas y donantes privados que promueven la divulgación de la información recabada con propósitos formativos y pedagógicos.

Aunque universidades públicas como la USB no disponen de presupuesto para financiar la intervención de sus profesores en iniciativas similares, la experticia de los investigadores puede convertirlos en candidatos a participar en expediciones como esta. Miloslavich, por ejemplo, fue convocada a integrar el equipo de educadores del Nautilus tras coordinar el Censo de Vida Marina en el Mar Caribe, un proyecto que estudió la biodiversidad marina en siete regiones del mundo desde 2000 hasta 2010.

El año pasado la compañía Ocean Exploration recorrió las aguas del mar Mediterráneo y en 2014 se proponen volver al Caribe para surcar nuevos rincones en el golfo de México, volver al Kick em Jenny y visitar las aguas de Colombia y Belice.