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Aurelio Concheso: “El bachaquerismo podría llegar al paroxismo”

Aurelio Concheso | Foto Manuel Sardá

Aurelio Concheso | Foto Manuel Sardá

El director de Transparencia Venezuela asegura que el socialismo del siglo XXI no tiene posibilidades

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—Director de Transparencia Venezuela, ¿algo cristalino?
—Muy poco, lamentablemente. Casi todo es oscuridad. Sobre todo las cuentas públicas.

—¿Una luz?
—La tendencia mundial de tener gobiernos cada vez más transparentes. Si Venezuela no hace eso, no vendrán las inversiones.

—¿Algo similar a su reciente libro El diplomático?
—Aquí la esperanza es que no suceda durante 55 años lo que sucedió en Cuba.

—¿Qué falta para llegar a La Habana?
—La pasamos hace rato, pero en una dirección distinta: la de la ineptitud y la aplicación de políticas inviables que nada tienen que ver con la ideología marxista.

—¿Lee a Marx?
—Hace mucho tiempo; fue como tomarse un purgante.

—¿Cuando salió de Cuba?
—En 1960, a los 21 años.

—Como en la canción, ¿dejó su vida?
—Más bien traje a mi amor: mi esposa.

—¿Se autocensura en su programa radial La otra vía?
—¡Para nada! Nos concentramos en el problema económico del ciudadano. Personas del régimen nos vitorean y estimulan a seguir diciendo lo que decimos.

—¿La revolución ideal?
—La que vivimos hoy, relacionada con la información y la economía postindustrial.

—¿La revolución comercial?
—La que refleja que en Estados Unidos el mayor comercializador no es Walmart, sino una empresa que no tiene ni una tienda: Amazon.

—¿De dónde son los bachaqueros?
—De las políticas económicas mal aplicadas.

—¿El repelente?
—Una moneda con un solo tipo de cambio constante y precios liberados, para que haya competencia en el mercado formal.

—¿Se ha sentado a comer con los obreros, como lo ordenó el comandante?
—Por supuesto, y negociábamos con entusiasmo su participación en las empresas que dirigí.

—¿Especulan y acaparan?
—Es el cuento de todos los regímenes populistas. Al final el pueblo se da cuenta de que es el gobierno el que especula y genera una inflación insoportable. Nunca he visto un comerciante especulando cuando hay estabilidad monetaria.

—¿Es justa la Ley de Precios Justos?
—Es justamente lo que falta para arruinar el país.

—Presidente de la Comisión Laboral de Fedecámaras, ¿un salario justo?
—El que pactan libremente las empresas con sus trabajadores. Lo suficientemente alto como para acceder a los bienes esenciales, pero no tan alto como para ahogar la economía.

—¿Aumentaría la gasolina?
—Con medidas compensatorias para los más necesitados. Mientras, pagamos más en propina que en el monto de lo surtido.

—¿Ha empobrecido?
—Como todos. Los egresados con un PhD de la USB ganan el equivalente a 100 dólares mensuales. Se los están llevando a Ecuador, donde les pagan 5.000 dólares. En 2 años el ingreso per cápita venezolano bajó del segundo al duodécimo lugar en la región.

—¿Un emprendimiento de la revolución?
—Haber ampliado la cobertura de las pensiones.

—¿La cuota del gremio comercial en la crisis?
—No plantear con más contundencia las verdades económicas.

—¿Una penitencia?
—(Carcajadas) Que nombren a un representante del gremio como director del Sundee, para desmantelarlo.

—¿Qué tal la fe nacional por Fedecámaras?
—Las encuestas ratifican la fe hacia los empresarios, la Iglesia y los medios.

—¿Hace falta una ideología para progresar?
—Tiene su lugar, pero es peligrosa cuando se aplica al mundo económico y social; se termina  siendo prisionero de una ideología.

—¿Ha aprendido el empresariado?
—Dos cosas: que debe participar más proactivamente en la formulación de políticas y tomar como activo más importante la comunicación con sus trabajadores. Polar lo ha hecho hasta la saciedad.

—¿Ha comprado en mercados bolivarianos?
—Compro donde los precios están liberados, como en las diplotiendas de la Cuba comunista.

—¿Encaja el nuevo empresario en la idea del “hombre nuevo”?
—Bueno, las muestras del hombre nuevo revolucionario no son precisamente las que una persona de bien quisiera hacer.

—¿Qué es de la vida de Emprevén?
—Han estado muy calladitos últimamente.

—¿Es buen negocio la propiedad comunal?
—Si tiene las garantías de la propiedad privada, como la tienen las cooperativas, sí.

—¿Dejarán fría a la Polar?
—No se atreven a expropiarla porque colapsaría totalmente la elaboración de productos alimenticios. Y eso los saben sus trabajadores. ¿Tendría algún futuro la Polar en manos de los mismos que destruyeron Agropatria?

—¿Qué expropiaría al proceso?
—Nada, le pediría que devolviera todo lo que se apropió indebidamente. Ojalá que alguien quiera recibirlo para recuperarlo.

—¿La primera medida de un nuevo Parlamento?
—Ley de amnistía a los dirigentes injustamente presos.

—Ingeniero mecánico graduado en Massachusetts, ¿una estructura para la transición?
—Acercamiento entre todas las fuerzas para implementar un programa económico coherente y moderno,  el mismo que propugnan Aporrea y los economistas austríacos de derecha y que disfrutan Perú, Chile, Colombia, Ecuador, Brasil, todos los países de la región, hasta Bolivia… Y diálogo para evitar una guerra civil.

—¿Tiene fe en la FANB?
—Esperamos. Hará falta.

—Si “vivimos el epílogo del chavismo”, ¿el próximo prólogo?
—El de una nación que ha entendido que el populismo llevado a su máxima expresión, en eso que se llama socialismo del siglo XXI, no tiene posibilidades.

—Desaparecen los huevos, ¿qué se comerá?
—Ya el gobernador de Bolívar recomendó “piedras fritas”.

—¿Qué pasaría en Venezuela si el Estado-gobierno absorbiese la actividad comercial?
—Lo vivió Cuba desde 1978 hasta 1992, cuando cayó la URSS. Ahora Cuba busca inversiones en aspectos que servirían a los ricos del mundo: campos de golf, viviendas de 1 millón de dólares. Aquí, el contrabando, el mercado negro y el bachaquerismo llegarían al paroxismo, como sucedió en la Alemania de la posguerra.