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Anatomía de una carencia

Enfrentamientos entre la oposición venezolana y la Guardia Nacional | AFP / EFE / REUTERS

Enfrentamientos entre la oposición venezolana y la Guardia Nacional | AFP / EFE / REUTERS

La generación de jóvenes venezolanos entre 15 y 29 años de edad entró a la adultez con pocas opciones de desarrollo. De los 7.379.438 jóvenes que hay en Venezuela 1.667.470 ni trabajan ni estudian y 773.421 no están buscando emplearse ni emprender y eso los convierte en un grupo vulnerable de exclusión social. La mayoría son muchachas

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Ángel Castillo es flaco y usa unos pantalones de flaco. Tiene ese aspecto frontera entre el desaliño y la necesidad de un ciclo de lavadora. Era media mañana y él estaba llegando de Apure con su amigo César Rodríguez después de siete horas de trayecto en autobús. Su primera y única parada en Caracas fue el campamento del PNUD. Habían venido a sumarse a las protestas, pero estaban llegando y había tiempo por delante.

Con mucho esmero se subieron en una escalera para pegar una cartulina en una pared que decía en marcador "Apure presente". Había otras que pasaban lista a más estados del país. Ese tipo de protesta ya no existe y las vidas de Castillo y Rodríguez no son ­y tal vez no serán- como eran antes.

Castillo tiene 23 años de edad y Rodríguez 18. El primero se graduó de Técnico Superior Universitario y espera sacar la licenciatura en la Unefa, y el segundo estudia Ingeniería Civil en una aldea universitaria. Ambos se beneficiaron de instituciones públicas del Estado en las que la orientación socialista es uno de sus objetivos; ambos se han educado en la era chavista. Y ahí estaban.

"En Apure todo el negocio de turismo lo tiene el gobierno, puro enchufado. Yo hice mi labor social y no me dieron el certificado porque soy de la oposición, tengo fotos en mi Facebook con Capriles y me tienen pillado. Han graduado tres cohortes en la Unefa de turismo y casi nadie tiene trabajo", dice Castillo. "Tengo muchos amigos graduados que llevan cinco años esperando un cargo para trabajar. Vivo en Tierra Honduras, un barrio en el que mayoría es chavista; pocos trabajan porque están esperando a que el gobierno les dé una migaja. Aunque ya hay varios indecisos que están viendo la inseguridad y la escasez", dice Rodríguez.

Pero ninguno de esos planes están vigentes: Castillo y Rodríguez fueron detenidos junto con 241 compañeros en el desalojo de los campamentos la madrugada del 8 de mayo. Los dos tienen régimen de presentación cada 15 días en un tribunal caraqueño y su situación económica no les permite viajar desde Apure. Ahora ni trabajan ni estudian. "No sabemos cuánto tiempo dudará el régimen de presentaciones, de seis a ocho meses es lo que se dice. Me están ayudando unos amigos con el hospedaje y quiero ver si comienzo un curso de inglés", cuenta Castillo desde su nueva realidad sin asideros, en la que también está varado Rodríguez.

Así, sin trabajar ni estudiar, viven 1.667.470 muchachos entre 15 y 29 años de edad, lo que representa 23% de los 7.379.438 de jóvenes que hay en Venezuela. De ese grupo, 54% (773.421) ni siquiera está buscando emplearse o iniciar un emprendimiento propio. Del segmento que ni estudia ni trabaja las mujeres representan 71%.

"La proporción de jóvenes cuyos vínculos sociales se han roto por la vía de la educación y del empleo ha tenido un leve incremento en términos relativos. La Encuesta de Hogares por muestreo del INE del año 2012 reporta un 20% de jóvenes entre 15 y 29 años de edad desvinculados, que son 1.538.266 personas. El problema no es precisamente que hayan aumentado en proporción o volumen, el problema es que se mantenga una parte de la población juvenil en esa situación", señala Genny Zúñiga, profesora de la Universidad Católica Andrés Bello e investigadora de la Encuesta Nacional de la Juventud 2013 que se realizó a 4.022 jóvenes entre 15 y 29 años de edad en varias partes del país.

Laura Méndez tiene 23 años de edad y acaba de graduarse de Comunicación Social. Por ahora no encuentra el resquicio para entrar al mercado laboral. "Las empresas no están contratando gente nueva. Las pocas que buscan, ofrecen pasantías para estudiantes o requieren personas con experiencia de por lo menos 3 años o con especializaciones en un campo determinado. Eso me deja a mí en un campo invisible. Sin embargo, esto no quiere decir que me quede estancada, el trabajo freelance paga bien. Aunque nunca dejará la experiencia laboral de una empresa, funciona bastante bien para sustituir el sueldo". 

El panorama general es así: 31% de los jóvenes se encuentra estudiando, 35% trabajando, 11% hace ambas actividades de forma simultánea, 23% ni estudia, ni trabaja y, por lo tanto, está en una probable situación de riesgo de exclusión social. La principal razón de los varones entre 15 y 19 años de edad para dejar de estudiar es que sienten que ya aprendieron todo lo necesario (27%) o porque tiene que trabajar (19%); y la de las muchachas es el embarazo precoz (19%). Los datos de la UCAB revelan cómo se ha complejizado en el país el tránsito entre la infancia y la asentada adultez.

Pobres. Si el joven es pobre, ese tránsito es todavía más agotador. Después de que el gobierno venezolano lograra reducir la pobreza con la mejora de los ingresos de los hogares, la inflación de 2013 disminuyó el poder adquisitivo y el porcentaje de personas que viven en pobreza al cierre de ese año fue de 32,1%, lo que representa 6,7% más que el del año anterior. Este retroceso frena, sobre todo, las oportunidades de los más frágiles.

De acuerdo con datos del boletín de octubre 2013 del Observatorio Social de la Juventud Venezolana, los jóvenes en pobreza mayores de 22 años de edad tienen una tasa de actividad de 49,3%, pero los que tienen la misma edad y son de clase media están activos en 71,2%. "El mercado laboral venezolano es complejo porque la mayoría de las empresas piden estudios universitarios y eso precariza el mercado y excluye a muchachos que no logran llegar a la universidad pero quieren incorporarse al mercado", dice Julio Fermín, miembro del observatorio.

La encuesta de la UCAB revela que los que viven en pobreza y solo trabajan tienen un promedio de 7,4 años de estudio, y los que provienen de estratos socioeconómicos de mayor ingreso duplican los años de escolaridad de los primeros (13,8 años). Otro dato es que en el grupo más pobre de la población, 35% de los muchachos no trabaja ni estudia, mientras que esta situación se da en 11% de los muchachos provenientes de hogares del estrato más alto de la población. "En promedio, el trabajador venezolano tiene 8 años de escolaridad", dice Fermín.

¿Para qué sirvo?. Ángel Villegas va a cumplir 15 años de edad en noviembre. En unos meses comenzará a formar parte del 28% de jóvenes que hay en el país y todavía le cuesta leer una línea completa sin extraviarse. A pesar de que sus notas de 6to grado fueron deficientes, en la escuela le estiraron las calificaciones y ahora está terminando 7mo grado. Pero sus cuadernos están en blanco. En unos meses podría pasar a formar parte de los excluidos si no encuentra refuerzo. 1 de cada 5 adolescentes (528.264 venezolanos entre 15 y 19 años de edad) no está incorporado al sistema educativo y tampoco al mercado laboral, de acuerdo con la UCAB; 45% de este grupo son varones como Ángel.

Pero, aunque le cuesta leer y retener lo leído, hace hermosas maquetas y dibujos. "Tenemos carencias de tipo acumulativo. Hace mucho tiempo que no hay oportunidades claras, de esas que empiezas a cultivar desde que eres niño y te permiten medir tus potencialidades. Lo ideal es que las escuelas fueran centros para detectar los talentos. Con un sistema nacional de oportunidades así como hay, por ejemplo, un Sistema Nacional de Orquestas, los estudiantes podrían saber para qué son buenos. Si tienes una familia carente y asistes a una escuela que no entiende tus habilidades, vas a creer que no sirves para nada", señala la psicóloga María Elena Garassini, presidenta de la Sociedad Venezolana de Psicología Positiva.

"Los jóvenes han accedido a mecanismos de inclusión digital, como las canaimitas; educativos, como las misiones o las aldeas universitarias, pero falta una guía nacional.¿Qué hacer con esos muchachos que se graduaron? ¿Para qué mercado se formaron? ¿Quién los acompaña? ¿Qué visión de país tiene la clase empresarial? En el Plan de la Patria hay algunos datos y creo que de esta consulta de la calidad educativa que hace el Ministerio de Educación pueden salir cosas interesantes", señala Fermín. Zuñiga también despega la mirada del problema: "Se trata de una generación que creció en un país en franca descomposición social. Existen grupos que han sido mucho más expuestos a ella y por lo tanto, aunque resulte dura la afirmación, son parte de dicha descomposición social. Sin embargo, estos procesos muchas veces resultan en el elemento que impulsa a las sociedades, de manera que si bien una parte de la juventud venezolana es víctima del deterioro social, también pueden ser los protagonistas de un cambio radical del futuro del país".