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Shashi Tharoor

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Shashi Tharoor

Revolución burguesa en India

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En 2009, cuando participé en las últimas elecciones parlamentarias indias, mi situación era un tanto atípica: no era un político profesional. En cambio, todos los demás candidatos de mi jurisdicción –de hecho, la mayoría de los aspirantes en todo el país– habían dedicado la totalidad de sus vidas a la política, muchos, desde sus tiempos de estudiantes.

No nací en una familia política; no tenía un escaño ni un feudo para heredar; e ingresé a la competencia sin un «padrino» político. Ni siquiera había vivido en la India durante décadas, ya que pasé mi vida adulta en el extranjero, trabajando para las Naciones Unidas. Sin embargo, me las arreglé para arrebatarle una banca al opositor Partido Comunista de la India, que había ganado las 2 elecciones anteriores en mi jurisdicción, con un margen sustancial de 100.000 votos.

Esta victoria representó una pequeña grieta en la bien custodiada fortaleza de la política india, desde hacía mucho tiempo reservada a un grupo pequeño y, en gran medida, hereditario. Las únicas excepciones habían sido estrellas de la pantalla grande, cuyo atractivo popular se basaba más en la fama que en su linaje político. Los profesionales que habían desarrollado carreras y reputaciones en otros campos sencillamente no encontraban resquicio.

Pero es posible que finalmente esto esté cambiando. En la elección general actual hay más candidatos sin trayectoria política que en cualquier otra votación anterior. Por ejemplo, Nandan Nilekani, cofundador del gigante tecnológico Infosys, se presenta por el Partido del Congreso en Bangalore, la capital informática de la India, contra quien ejerce el cargo desde hace cinco períodos en representación del Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party, BJP).

En Bombay, el reciente Partido Aam Aadmi (del Hombre Común) ha nominado a Meera Sanyal, quien estuvo a cargo de las operaciones del Banco Real de Escocia en India. Y en Chennai, el Congreso ha postulado al ingeniero electrónico S. V. Ramani.

Esto implica un cambio fundamental respecto de las generaciones anteriores, cuando los políticos solían provenir de la cima o el fondo de la sociedad india, a menos, por supuesto, de que se tratara de los líderes nacionalistas que habían logrado la independencia del país y formaban parte de su clase política original (y cuyos herederos han continuado su legado). Podían ser marajás o zamindars (terratenientes), con poder feudal sobre los votantes de sus distritos, y tiempo y dinero para dedicar a la política. También podrían ser miembros semialfabetizados de la clase marginada, que veían en la política su única forma de avance y podían resultar atractivos para otros en su situación. Para todos los demás el camino al éxito pasaba por estudiar duro, aprobar los exámenes y desarrollar sus carreras con base en el mérito.

Ese enfoque puede ser comprensible en una sociedad altamente competitiva donde la clase media asalariada no tomaría los riesgos implicados por la carrera política; pero socavó la calidad de la política india. De hecho, excluyó a los profesionales educados que suelen ser un pilar del gobierno democrático en otros lugares, y aportan los valores y las convicciones de la clase media a la política.

En Europa, por ejemplo, los profesionales de clase media constituyen el grueso de los activistas, los votantes y los candidatos a los puestos políticos. En la India, por el contrario, sus homólogos están demasiado ocupados en su trabajo para llegar a fin de mes como para tener tiempo para el activismo. Carecen del dinero que existe en la cima de la estratificada sociedad india y tienen poco acceso a los votos de las clases menos favorecidas. Por ello, los profesionales de clase media se han abstenido en gran medida del proceso político.

Ese patrón permitió a los políticos indios volverse cada vez más populistas con candidatos que apelan al menor denominador común para captar votos. Dado esto, no sorprende el creciente desencanto de la clase media con la democracia india. Algunos incluso han hablado de una «secesión de las élites» de la política india.

Por ello, la participación de los candidatos de clase media en esta elección es tan significativa. Si el antiguo patrón se está revirtiendo, el cambio es casi ciertamente resultado de la transformación económica de la India, que ha permitido a millones de personas unirse a la clase media y aportar consigo una nueva energía y dinamismo. Los esforzados profesionales ya no están dispuestos a mantenerse al margen mientras la clase política toma decisiones fundamentales. Igualmente relevante es que la clase media educada de la India será, en un futuro no tan distante, lo suficientemente grande como para incidir en las elecciones.

Ciertamente, el Parlamento de la India ya incluye a muchos jóvenes profesionales educados que previamente no hubieran participado en la política, personas con buenos títulos, una visión clara para el país, experiencia internacional, ideas brillantes y capacidad para articularlas. Pero son todos hijos de políticos. Si bien la tendencia dinástica en la política india puede estar cediendo, dista de haberse quebrado: este año, el BJP ha nominado al tecnócrata Jayant Sinha para el puesto que deja su padre, el ex ministro de Finanzas, Yashwant Sinha.

Sin embargo, a pesar de su ventaja hereditaria esta nueva generación de políticos educados, articulados y progresistas está elevando los estándares de la política india, un cambio que la creciente participación de profesionales bien educados hará avanzar aún más. Si la tendencia actual continúa, los votantes de clase media de la India tendrán más representantes con quienes identificarse, en vez de verse obligados a brindar su lealtad a políticos a los que continuamente deben proporcionar excusas. Esa será la salvación de la democracia india.


*Secretario de Estado de Desarrollo de Recursos Humanos de la India.


Copyright: Project Syndicate, 2014.