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Sergio Ramírez

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Sergio Ramírez

Teología del Gran Canal

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Ahora quizás resulte que la idea mesiánica del Gran Canal de Nicaragua tenga un origen teológico. Y no una teología cualquiera, sino la teología de la liberación. Durante una reciente reunión del Consejo de Partidos Políticos de América Latina (Coppal), celebrada en Managua, el comandante Daniel Ortega reveló que no le fue fácil convencerse de las bondades del canal interoceánico cuya construcción y propiedad entregó por medio de un tratado de cien años de duración al empresario chino Huan-Ying, hasta que lo persuadió de lo contrario el célebre teólogo brasileño Leonardo Boff.

El propio Ortega lo contó de esta manera: “La prueba de fuego la pasé con Leonardo Boff… hace dos años andaba aquí Leonardo, ya estaba lo del canal, y hablé con Leonardo que es un defensor de la naturaleza. Yo venía preparado para que me dijera que la construcción del canal era una barbaridad, eso esperaba”. Pero fue todo lo contrario.

El teólogo, creador y promotor de la Carta de la Tierra, le habría hablado de las bondades de megaproyectos desarrollados en Brasil, hidroeléctricas y obras a cielo abierto en la selva: “Y me decía que sí, que existían los cuestionamientos, pero que ellos acompañaron los proyectos y que el impacto que habían tenido había dado vida a los bosques”.

Entre los ejemplos que Boff le puso estaba la represa de Iguazú en el río Paraná, entre Brasil y Paraguay, iniciado para el tiempo de las dictaduras militares en ambos países, una de las siete maravillas del mundo moderno.“Eso fue un gran alivio para mí”, comentó Ortega. Un alivio trascendental, pues hasta antes de su providencial reunión con Boff, la construcción del canal le parecía una monstruosidad. En mayo del año 2007 había declarado ante una asamblea de ecologistas: “No habrá oro en el mundo que nos haga ceder en esto, porque el Gran Lago es la mayor reserva de agua de Centroamérica y no la vamos a poner en riesgo con un megaproyecto como un canal interoceánico”.

Todo el mundo sabe quién es Leonardo Boff, uno de los fundadores de la Teología de la Liberación, y el prestigio que tiene en la izquierda mundial. Enjuiciado por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, fue condenado a la suspensión “a divinis”, y luego abandonó la orden franciscana. Hace poco ha relatado él mismo aquel encuentro con Ortega, decisivo para el destino de Nicaragua, si es que los chinos llevan adelante la construcción de su Gran Canal:

“No tengo secretos. Hace dos años, en una conversación informal en la casa de la excanciller Miguel d’Escoto, el presidente Ortega dijo que Estados Unidos está presionando a todos los países y a las empresas para que no hagan inversiones en el país. Y Nicaragua se está ahogando en deudas. La solución definitiva sería construir un canal que le daría al pueblo nicaragüense un mínimo de subsistencia y desarrollo”.

Boff es un hombre respetado por la seriedad de sus opiniones, y tiene personas a su alrededor que filtran para él las informaciones en que sustenta sus criterios; de modo que debería saber que no es cierto que Estados Unidos mantenga ningún bloqueo económico ni financiero sobre Nicaragua, y que las relaciones de cooperación económica entre ambos países, incluidas las inversiones, son normales, como pueden atestiguarlo los propios representantes de la empresa privada nicaragüense que celebran las política de absoluto libre mercado de Ortega.

Tampoco es cierto que Nicaragua se esté ahogando en deudas. El Banco Central se precia de que el país es un excelente pagador de sus créditos públicos y privados, y de la solidez de sus reservas monetarias. Nicaragua no se halla en ninguna lista negra de deudores internacionales, y el gobierno de Ortega cuenta con el aval entusiasta del Fondo Monetario Internacional para sus operaciones de crédito.

Y hay más. De acuerdo con el Índice de Libertad Económica en el Mundo, que tiene que ver con la inversión extranjera, Nicaragua, que ocupaba el vergonzante lugar 111, ha escalado en los últimos años 75 posiciones, y se coloca en el primer rango de países donde el Estado interfiere menos con regulaciones del mercado y el flujo de capitales. Es decir, un ejemplar gobierno neoliberal.

Y sigue Boff explicando sus consejos a Ortega: “Le dije que debemos combinar los dos polos, el humano y la naturaleza, ya que ambos se pertenecen. Y que hoy en día existen tecnologías que pueden evitar daños irreparables. Aconsejé que fuera a visitar la presa más grande del mundo, la de Itaipú en Foz do Iguaçu, pues allí se lleva a cabo una experiencia exitosa de equilibrio entre el hombre y la naturaleza… fue todo lo que dije”.

Pero aún dice algo más: “China es uno de los pocos países que se resiste y se enfrenta a Estados Unidos .Todas las demás empresas fueron bloqueadas”. Y ya no sabemos si esta última frase es suya propia, o la copia de Ortega. De cualquier modo, para un hombre tan bien enterado debería resultar obvio que eso también es falso. China y Estados Unidos no están enfrentados alrededor del cacareado Gran Canal por Nicaragua.

Ni tampoco Estados Unidos ha prevenido a sus empresarios de no invertir en este hipotético proyecto, a lo mejor porque la Casa Blanca lo sigue considerando fantasioso. La prueba de que no existe tal hostilidad está en que cuando Wang Ying lo presentó con toda pompa en Managua en 2013, se hizo rodear de representantes de poderosas empresas norteamericanas cuyos servicios había contratado, una de ellas los cabilderos McLarty &Associates, dueños de una clientela que incluye a Wallmart y la General Electric.

Y Boff debería saber también que entre los grandes expertos al servicio de McLarty figura John Dimitri Negroponte, quien desde su cargo de embajador de Reagan en Honduras dirigió en los años ochenta las operaciones militares de la CIA contra Nicaragua. 

Quizás estamos asistiendo al nacimiento de una nueva teología.