• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

De vuelta a la Unión Soviética

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No hay crimen en el paraíso. Se repetían como loros, bajo el método conductista, los jerarcas de la Unión Soviética.Pero la realidad del bloque comunista era diferente.

Antes y después de Lenin, las purgas internas y genocidios silenciosos fueron establecidos como prácticas habituales de la política de Estado. Así lo demuestra, con lujo de detalles, la película Child 44, un filme sobre la doble moral de la clase dirigente y el tejido social de la utopía fallida de los herederos de Stalin.

Lo dirige Daniel Espinosa, inspirado en la novela de Tom Tob Smith. Los actores Tom Hardy, Noomi Rapace y Gary Oldman interpretan los roles principales. Cada uno secunda y respalda la notable ejecución, de cine de época, del realizador.

En los foros de Internet discuten el contenido del guión. A veces por adoptar un enfoque demasiado occidental, binario y subrayado. En otras por desarrollar un discurso dogmático de tesis (subsidiario de la estética de la cold war).

Cualquiera sea el caso, recomendamos el visionado de la cinta. Ustedes sacarán sus propias conclusiones.

Según nuestra óptica, el largometraje cobra una inusitada vigencia en la república bolivariana gobernada por el PSUV.

Solo cambian los personajes y el contexto, pero el trasfondo es el mismo. En socialismo, los asesinatos selectivos de niños y adultos se ocultan, se censuran o achacan a la influencia perversa de los “enemigos extranjeros”.

Los burócratas de Child 44 se aniquilan entre ellos, mientras encubren la matanza de docenas de chicos a manos de un psicópata de la calaña del infanticida de M, la obra maestra de Fritz Lang.

Incapaces de reconocer sus contradicciones, los oficiales rojos liquidan a la manzana podrida y la consideran una “víctima” (devenida en victimario) del contagio de la ideología nazi.

Hoy en la patria de las fantasías consparanoicas de Nicolás Maduro, la mal llamada “revolución” le echa la culpa al “imperio”, a los paracos, a los medios, a la oposición y a los colombianos de la violencia desatada alrededor del país.

Siempre buscan a un chivo expiatorio para desviar la atención. Una siniestra técnica de propaganda develada y denunciada en Child 44, autopsia de las hipocresías, mentiras y mascaradas de la izquierda, cuando llega al poder.

Obligados a vivir en un régimen de informaciones manipuladas, los protagonistas sufren el acoso y la traición de sus mentados camaradas al intentar descubrir la raíz de una verdad incómoda. Los persiguen, los espían, los despojan de sus derechos humanos, los someten al escarnio público, los destierran.

La pareja estelar recibe un tratamiento digno y generoso en su escala de matices. Al principio de la historia disfrutan de las mieles del éxito por su condición de héroes de la Segunda Guerra Mundial. Luego caen en desgracia, producto de las luchas intestinas y las cacerías de brujas inventadas para acallar el menor foco de disidencia. Antes participaron de la sangrienta inquisición y su maquinaria de exterminio. En el paradójico segundo acto, la ola de la intolerancia los alcanza y los arrastra. Aunque les cuelga el rabo de paja, al final el libreto los redime en un desenlace ambiguo. Los papeles de relleno no corren con tanta suerte. Todos rayan en el estereotipo.

Cero objeciones con respecto a la edición, la fotografía expresionista, la mezcla de sonido, la composición musical y la ambientación de los decorados.

Trabajo de alta factura, formato académico, aliento clásico y diseño qualité, Child 44 dista de ser una pieza excelsa y lograda. Le resta peso su resolución de melodrama altruista.

Sin embargo, dadas las circunstancias actuales, la reivindicamos por tocar asuntos espinosos y proyectar una imagen indirecta de la Venezuela del siglo XXI.