• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

El valor de los medios independientes

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La historia del periodismo en el cine imprime leyendas doradas y oscuras. Desde diversos períodos y continentes, la mediática fue objeto de discusión y reivindicación por parte de una lista inabarcable de títulos.

Ciudadano Kane supone el tubazo imbatible del género en la vertiente de revisión crítica del cuarto poder. Detrás de ella, le siguen caliches, periódicos de ayer y un grupo considerable de denuncias del mismo tenor, sobre las taras del sensacionalismo, el amarillismo, el palangrismo, la necrofilia paparazzi, la falta de ética.

De la tendencia pesimista cabe rescatar el impacto social y estético de al menos diez largometrajes: El gran carnaval (la noticia como espectáculo circense), Tinta roja (el infierno de la prensa vampírica), El precio de la verdad (dedicada al tema de la publicación de historias falsas), Network (el manejo tendencioso de un canal informativo), Agarrando pueblo (la explotación de la miseria del otro), To Die For (la ausencia de escrúpulos para alcanzar la cima de la fama), Nightcrawler (el ascenso de una generación de cazadores de la desgracia ajena), The Passenger (la alienación de un corresponsal extranjero), Mercaderes de la duda (el encubrimiento de denuncias por conflictos de interés) y Mad City (el delirio de la búsqueda de primicias).

De igual modo y para equilibrar la balanza, las películas en defensa del prestigio del oficio son legión. Reconocidas por propios y extraños, procedemos a citarlas. Todos los hombres del presidente (la apología del efecto Watergate), Los gritos del silencio (el develamiento de un genocidio), Good Night and Good Luck (la lucha por la libertad de expresión en tiempos de cacería de brujas), Frost versus Nixon (cómo desenmascarar a un ex presidente a través de una entrevista), The Insider (la lucha de David contra Goliat del gremio), Salvador (la heroica misión de un reportero de guerra), Gonzo (documental en homenaje al polémico Hunter S. Thompson), The End of the Tour (la humanización de un joven redactor de la revista Rolling Stone), Verónica Guerin (la cruzada personal por destapar a una mafia) y Matar al mensajero (la valentía de abrir una caja negra de un gobierno corrupto).

En la misma línea editorial se inscribe la sobria y lograda En primera plana, consentida de la temporada de premios y un filme de visionado urgente. Lo dirige con pulso, tacto, nervio y agudeza el outsider Thomas McCarthy, respetuoso narrador omnisciente de relatos mínimos y sutiles épicas de redención de seres anónimos, ignorados por el entorno. Le gusta cruzar las vidas de almas solitarias y emprendedoras, por quienes siente una total empatía. Una virtud cuando abunda tanto personaje canalla, caricaturesco y unidimensional en la pantalla. No es el caso, naturalmente, de los entrañables, maduros, sensibles, infatigables y acuciosos protagonistas de su nueva cinta, abocada a desentrañar la descomunal red de pedofilia, amparada por el mutismo cómplice de la Iglesia Católica en Boston.

Una epidemia de proporciones globales, analizada en el contexto de un estado de Norteamérica, por los autores de la pieza audiovisual.

De un aliento clásico, el argumento se plasma en una puesta escena de planos tradicionales, al límite de una dinámica obra de teatro.

Fuera de su planteamiento convencional de cámara, la virtud de En primera plana reside en saber abordar un asunto delicado, sin ceder al chantaje de la censura. Se apoya en un sólido reparto coral. Un guion redondo sostiene su andamiaje dramático.

¿Alguna objeción? El veredicto de los jurados exigentes le reclaman su proyección, políticamente correcta, del cuento formateado de los hombres y mujeres nobles, quienes, como un dream team de Los vengadores, expurgan las manzanas podridas de la fábula moral y te reconcilian con el mito del sueño americano. Las quejas y observaciones de rigor.

Por nuestro lado, cumplimos con recomendarla, a la luz de dos fenómenos problemáticos de la contemporaneidad. Primero, recordar la importancia de la investigación a fondo, en el marco de un mundo como el de hoy, saturado de chismes, memes, rumores y comunicación basura (amplificada por los contagios virales de la web).

Segundo y a manera de conclusión, servir de ejemplo para un país, como Venezuela, presto a menospreciar el papel de los profesionales del gremio (acosados por los torquemadas y burócratas de la revolución chavista).