• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

Sergio Monsalve

Las cinco mejores del Festival de Cine Francés

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Las listas son instrumentos de poder, cuando caen en malas manos y se toman como letra muerta. Pueden confundir al lector menos avispado, orientarlo de forma tendenciosa, manipularlo, inculcarle una falsa jerarquía.

A propósito del primer centenario del séptimo arte, las fabricaron con escaso rigor en función de intereses nacionalistas, excluyentes y hasta corporativos, para favorecer a las películas de tal o cual país, de tal o cual industria.

Se supo del caso de un estudio de Hollywood cuyo presidente pagó por coserse un traje a la medida de los grandes clásicos de su archivo. Después, con ellos armó un ciclo de reestrenos de 25 títulos y los programó alrededor del mundo, sin perder la oportunidad de volverlos a explotar en formato DVD, a través de ediciones conmemorativas de lujo.

Por ende, desconfiamos de los rankings deshonestos, de los pretendidamente objetivos, de los supuestamente diseñados en laboratorios de especialistas, encuestólogos, entendidos, sabios, académicos.

En cambio, sí aprobamos los top ten del periodismo claro y transparente, del ciudadano de a pie, del espontáneo de las redes sociales. En fin, de quien asume la completa subjetividad y relatividad del juego.

También valoramos los esfuerzos de los críticos a contracorriente, empeñados en defender las movidas periféricas, censuradas e invisibilizadas por las pantallas monopólicas, unidimensionales.

Así, entre unos y otros, compartimos nuestro humilde cuadro de honor del Festival de Cine Francés 2015. Cinco perlitas de conocimiento, abstracción y síntesis (parcial) del buen estado de la independencia y del mainstream de origen galo. Nuestras favoritas de la selección. Los invitamos a discutirlas, a refutarlas, a engrosarlas, a armar sus propias quinielas.

 

1) La familia Bélier. ¿Por qué tan arriba, si es una película taquillera y comercial? ¡Sacrilegio! “Córtenle la cabeza”, exige la viuda de la nouvelle vague, demanda el fanático de Godard. Precisamente, nos seduce la aparente ligereza de una comedia de enredos, carente de solemnidades y pretensiones, más allá del hecho de contar la divertida y conmovedora historia de un grupo de sordomudos, con una hija excepcional. Le perdonamos sus golpes bajos, sus cuestiones populistas, sus estereotipos sobre la discapacidad. Al final, los chistes funcionan, la protagonista se roba el corazón de la audiencia gracias a su voz, a su voluntad, a su carisma y a su happy ending. El desenlace roba lágrimas en medio de una celebración de la libertad, la ruptura de moldes y la reconciliación de las diferencias. Inolvidable el profesor de música, a pesar de tratarse de un personaje de manual. Una posible respuesta a la idea marcial de la pedagogía de Whiplash. Fuera de las comparaciones al uso, dos cintas redondas en su estilo.

 

2)  Quai d'Orsay. El atómico regreso de un autor en toda regla, Bertrand Tavernier. La sátira despiadada del menú. El filme devela el teatro del absurdo de la Cancillería del país del Arco del Triunfo y La Marsellesa. El protagonista de la farsa es el Alexandre Taillard de Vorms, caricaturesco ministro de Relaciones Exteriores. ¿Querían veneno político en la curaduría del ciclo? Aquí lo tienen a mansalva. Un verdadero ejemplo de apertura y tolerancia, considerando la participación de la embajada en la organización del evento. No deja títere con cabeza y describe un asunto, una tendencia global: la progresiva degradación de la carrera diplomática, producto del culto a la personalidad, la burocracia y la exacerbación de las prácticas demagógicas. Implacable, subversiva y explosiva como una tapa de Charlie Hebdo.

 

3) Yves Saint Laurent. La consideran una hermana pequeña e ingenua de la biografía del mismo diseñador, filmada por el niño terrible, Bertrand Bonello. Tampoco la estiman y colocan por encima del estupendo documental Yves Saint Laurent - Pierre Bergé, L'Amour Fou.  No obstante, al margen de las diferencias, cada una de las tres desarrolla y despliega un encanto particular. La versión del director Jalil Lespert destaca por la lograda interpretación de Pierre Niney, escoltado por Guillaume Gallienne en el papel de su mecenas, pareja, socio y amigo. Conocemos las luces y sombras del ícono de la moda; las fuentes de inspiración del genio. Sus relaciones tortuosas, su ascenso meteórico a la fama, su melancólico eclipse. Mágicos los rodajes de los desfiles. Imborrable el último plano. El trono del rey queda vacío. Con nostalgia, se le rinde tributo, a la espera de un digno sustituto.

 

4) Las nubes de María. Olivier Assayas, el realizador posmoderno de Carlos, en pleno. Universo fantasmal y metalingüístico. Cine dentro del cine. Teatro dentro del teatro. Duelo generacional de divas. Juliette Binoche encarna los dilemas profesionales y existenciales de una actriz madura. Exigente, rigurosa, demasiado humana, vulnerable, corrida en mil plazas, cuestionadora del sistema de estrellas, marcada por un pasado nebuloso, complicado de disipar. La acompaña su fiel asistente, siempre a la sombra de la señora de las tablas. Aunque usted no lo crea, la chica de Twilight, Kristen Stewart, le ofrece un interesante complemento al reparto. Ambas se entienden, luego chocan y se separan. El encuentro con la montaña, con el espacio abierto, parece redimirlas. Pero el epílogo, en interiores, arroja una sombra de duda y de incertidumbre pesimista. La obra cierra a lo Sunset Boulevard, a lo Crepúsculo de los dioses. 20 puntos.

 

5) Érase una vez el bosque. Nos quejamos por la falta de documentales en la grilla. Los amantes de la no ficción fuimos complacidos por la incorporación del nuevo trabajo de investigación, creado por el responsable de La marcha de los pingüinos, ganadora del premio de la Academia en su categoría. Una agradecida rareza de corte experimental. La conduce el botánico Francis Hallé, reconocida autoridad en la materia. Montado en la copa de un árbol, nos introduce por las selvas de Perú y África. Descubrimos el nacimiento, el crecimiento, la estabilidad, el ecosistema y el desplome de un árbol. Únicamente lastrada por unos prescindibles efectos especiales en 3D y por su bucólico enfoque del tema, al borde del tono naif de los proyectos ambientales de Disney. El llamado “lavado verde” de imagen. Werner Herzog la descosería de cabo a rabo. La rescata su legítima reivindicación del mensaje de clausura. Debemos retornar a las raíces y aprender a respetar los recursos naturales del planeta Tierra. Sus ramas vegetales nos observan con su imponente majestuosidad, con su silencio aleccionador.