• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

De la magia de la luz al fundido a negro

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Siete títulos componen la grilla de la edición 2015 del Festival de Cine Independiente de Estados Unidos. Las películas llegan tarde a la cartelera. Se consiguen en el mercado negro, engrosan la programación de las cableras, hacen las delicias de los descargadores de contenido pirata por Internet. Un problema difícil de contener y resolver. Escapa de las manos de los curadores de la muestra.

Con todo, el ciclo permite disfrutar de largometrajes de plena vigencia en su formato original. Verlos en pantalla grande justifica la persistencia del evento. Además, el balance es positivo, dada la calidad de la mayoría de los filmes: seis consistentes, apenas uno irregular. Otros temas y asuntos se derivan del estreno del conjunto de las piezas. A continuación, reseñamos las principales tendencias de la selección oficial.

 Absorción industrial del modelo alternativo

Lleva tiempo discutiéndose en el seno de las academias, los gremios especializados y las redes sociales. Por cuestiones de supervivencia, los autores de la periferia deben pactar con las estrellas de la meca, para garantizar la rentabilidad económica de sus proyectos. De igual modo, adoptan diversos estándares deglutidos por la fábrica de lo mainstream. Ello condiciona las formas y los argumentos de las obras. Así vuelven a imponerse los paradigmas del artie, del instituto Sundance, del revisionismo posmoderno, del neoclasicismo cool, de la contemporaneidad hipster, del qualité y de la escuela Miramax. En suma, una oferta dispuesta a complacer el gusto de los comisarios de los certámenes internacionales y de los promotores de las entregas de premios.    

Notables ausencias

 Lo anterior define un criterio de distinción, atractivo para una cierta demanda cautiva, desasistida por el mercado. En consecuencia, las propuestas emergentes y radicales son la excepción a la regla del festival. Ocurre lo mismo, año tras año. El manto de las figuras oscarizadas eclipsa y opaca al inabarcable universo de la producción experimental en Norteamérica. Quedan por fuera emblemas de la generación de relevo y firmas consagradas como las de Frederick Wiseman, James Benning, Larry Clark, Adam Wingard, David Robert Mitchell, Abel Ferrara y Ana Lily Amirpour. Tampoco tenemos noticias del increíble estado actual del género documental.

Cultura retro

Entrando de lleno en la lista de los incluidos, detectamos una constante, la del regreso al pasado, desde diferentes enfoques. Síndrome de la estética vintage y de la búsqueda de encontrar una causa, una respuesta a las incertidumbres e inquietudes del presente.

Magia a la luz de la luna recrea con suspicacia y un fino distanciamiento el ambiente de los locos años veinte. Desarrolla el plot de una aparente comedia romántica ligera e intrascendente. Sin embargo, detrás de su mirada nostálgica, se esconde el desvelamiento del artilugio audiovisual, entre los espíritus ambiguos del más allá y los pensamientos racionales de una mentalidad cartesiana. Divertido homenaje al juego de espejos del séptimo arte.

Tim Burton se adelanta hasta la era de la posguerra en Big Eyes, con el fin de exponer una mentira de corte similar y reivindicar a una pintora subestimada por las élites. Retrata la complicidad de una sociedad patriarcal con la dominación masculina. Eleva una bandera a favor de los derechos de la mujer. Reconfirma su obsesión por identificarse con los perdedores de la historia. En pocas palabras, la cinta es un colorido, pop y conscientemente kitsch derivado de la estupenda Ed Wood. El encadenamiento de los períodos no se detiene.

Vicio propio hilvana una absurda trama coral, de raigambre detectivesca, ubicada en la década de los setenta. Con ella, Paul Thomas Anderson plasma el declive de la utopía hippie de la paz, el sexo, la droga y el amor. Entona el réquiem por un sueño, desvanecido por el inminente ascenso de los valores conservadores. Los personajes asisten a la parodia bizarra de un curioso funeral, donde se entierran las esperanzas de cambio de una simbólica pandilla disfuncional. En la estela de Boogie Nights, el protagonista es el testigo accidental del incierto devenir de un no futuro, evaporado en una nube de melancolía y vacío existencial. Anticipo de nuestra confusión y resignación, compensada con el consumo de narcóticos (ahora legales). Stoner Movie de una sofisticada depuración (en la onda de The Big Lebowski).

Los ochenta refuerzan la perspectiva del colapso del american dream a través del tejido oscuro de Foxcatcher, crónica fría y despiadada sobre el ocaso de los íconos nacionalistas de la época republicana del rearme moral. Biografía demoledora del excéntrico millonario John du Pont, cuyo derrumbe profesional, deportivo y personal ejemplifica una metáfora de resonancias colectivas. Justa ganadora del laurel a la Mejor Dirección en Cannes por su brutal disección de un ideal patriótico y megalómano, a lo Ciudadano Kane, condenado al fracaso. Jamás da tregua y culmina en un desenlace amargo, decididamente pesimista. La temporada de cacería cierra con un saldo de víctimas humildes y potentadas de un experimento fallido. 

La tragedia se prolonga en los noventa con Devil’s Knot,  trabajo desangelado y errático de Atom Egoyan. Uno de los peores de su carrera. En su descargo, también se apega a la línea culposa y desilusionada de sus predecesoras. Lastrada por una visión plana y telefílmica, relata las secuelas del misterioso asesinato de tres niños en una comunidad de Memphis a manos de unos supuestos chicos góticos, devotos de los rituales satánicos de moda para aquel entonces. Desatan una cacería de brujas alrededor de los jóvenes y las investigaciones comienzan a despertar dudas en la audiencia. Por casualidad, coincide con el lanzamiento veraniego de Dark Places. Ambas comparten malestares, turbiedades y trastornos psicológicos. En la comparación, la segunda gana por paliza.

Karmas y paraísos perdidos del milenio

Orígenes tuerce un poco la ruta descrita, al cambiar de género, registro y contexto. Ya entramos en el siglo XXI. No obstante, las tribulaciones perduran. Aquí el empaque refinado deslumbra a los fanáticos de la poética publicitaria de nuestros días, mientras logra reinterpretar con éxito algunas claves trilladas del espectro fantástico. La hora inicial cumple con atrapar y enganchar la atención del respetable. La limpia y antiséptica factura se presta a debate. Demasiado cuidada, chic y fashion.  Tanto como su casting de niños y niñas lindas. Conforme avanzan los minutos, el empaque se desmorona, a merced de una lectura new age de la reencarnación. En nuestra opinión, es un calculado ejercicio de especulación científica, con pretensiones de tesis doctoral. Típico gato por liebre del glam bohemio 5.0. Defensores no le faltan. La crítica la alaba. Ustedes disfrútenla y extraigan sus propias conclusiones.

En un sentido inverso, recomendamos el plato fuerte del banquete, Polvo de estrellas, nuestra favorita del menú, no apta para estómagos sensibles. Es la versión de Sunset Boulevard, de El crepúsculo de los dioses, según la óptica surrealista, terrorífica, mutante y desoladora de David Cronenberg.

Sátira cruel, áspera, incómoda y políticamente incorrecta del mundo endogámico de la fama, convertido en una pequeña sucursal del infierno en la Tierra. Egos desatados, ídolos rotos, aspiraciones truncadas, pesadillas quemadas, deshumanización, competencia salvaje, fetichismo, materialismo histérico, depresión, desespero, esnobismo, relaciones incestuosas, caída al abismo. Un anticuento de hadas. Un revulsivo. Un irredimible círculo vicioso. Un ajuste de cuentas con el sistema de las celebridades. La constatación del hilo conductor del festival.

De ayer a hoy, somos el fundamental objeto de estudio del cine. Entonces, siete películas operan como el mapa cronológico de Boyhood, a una escala superior. De la civilización a la barbarie. Del hechizo al desencanto. De la belleza a la monstruosidad. De la iluminación al fundido a negro.