• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

Sergio Monsalve

Nikkei versus Unbroken

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Desde la fundación de los estudios, los hombres ejercen el dominio sobre la industria. Durante mucho tiempo, la discriminación y el sexismo afectaron el desempeño de la mujer en el mercado laboral del cine. Por años, las reservaron a los cotos cerrados de la edición y el montaje. El poder masculino las instrumentalizó como objetos de deseo, al convertirlas en parte fundamental del star system. Eran cebos, presas, carne de cañón.

Conforme evolucionaron los derechos de la condición femenina, el papel de ellas empezó a obtener mayor preponderancia, prestigio y reconocimiento. Aunque todavía existe disparidad.

Por decir algo, solo una dama ostenta el mérito de haber obtenido el premio de la Academia a la Mejor Dirección. Nos referimos al caso de  Kathryn Bigelow por la estupenda Hurt Locker, película irónicamente protagonizada por un hombre cuya  imagen responde a la construcción del arquetipo del antihéroe.

Por tanto, la Academia pareciera consagrar el llamado síndrome Trinity: el mito de la superchica, de la amazona, capaz de vencer al macho alfa en su propio terreno. Pasamos, entonces, de la perfecta ama de casa a la dominatrix (Bajos instintos) o a la cabecilla de la revuelta de Los juegos del hambre. Un cambio de máscara, como diría Joseph Campbell, para ocultar la misma esencia.

El asunto se presta al debate. Y ni hablar de las diferencias abismales entre los arreglos salariales, dependiendo de si eres Tom Cruise o una actriz de relleno.

En medio de tales circunstancias, llega a la cartelera Unbroken, dirigida correctamente por Angeline Jolie, echando mano de un guión de encargo de los hermanos Coen, sin mayor personalidad.

El filme, basado en hechos reales, describe la historia de Louis Zamperini, veterano de la Segunda Guerra Mundial, confinado a sufrir un calvario en un campo de concentración japonés.

La primera hora de la cinta deslumbra por su acabado técnico y conceptual. Conocemos el origen humilde del protagonista, hasta alcanzar la fama y la gloria como figura del atletismo. La realizadora incluye, de soslayo, dos referencias cinéfilas: Carros de fuego y Olimpia de Leni  Riefenstahl. A través de panorámicas y planos generales, Unbroken esboza el peligroso ascenso del nazismo en el Estado alemán.

Luego, marcada por el conflicto bélico, la pieza concibe una lograda viñeta abstracta, cuando los personajes caen al agua y deben sobrevivir durante 45 días en alta mar. Silente y contemplativo, el fragmento nos trae de vuelta los mejores momentos de All is Lost y Life of Pi.

A partir del segundo y tercer acto, el largometraje desarrolla una trama previsible, patriotera, mesiánica y de escasa originalidad. El mártir enfrenta a su némesis, a su tirano. El soldado noble recibe la tortura del villano nipón (unidimensional). Regresamos a los predios manidos y trillados de La Pasión de Mel Gibson. El guión recicla los peores esquemas binarios de una obra reciente, The Railway Man.

Encima, el libreto calca la reprimida tensión homoerótica de la estimada Feliz Navidad, Mr. Lawrence, acometida por Nagisha Oshima. La obvia moraleja expone el espíritu inquebrantable e invencible de Louis Zamperini. El epílogo aboga por el perdón y la reunificación de las naciones enemistadas. Pero nunca descubrimos un atisbo de humanidad en los caracteres del bando opuesto. Es uno de los puntos ciegos de Unbroken.

A propósito, Clint Eastwood sí exhibió las dos caras de la moneda en el díptico Banderas de nuestros padres - Cartas de Iwo Jima. 

Con menos recursos y más sensibilidad feminista, Kaori Flores le responde al maniqueísmo de Unbroken con su entrañable película de no ficción, Nikkei, dedicada a desentrañar las raíces culturales y sociales de su árbol genealógico, de su familia Yonekura, salida de un puerto de Japón con destino a Perú, para posteriormente radicarse en San Antonio del Táchira. 

No apta para mentes cuadradas y conservadoras, la ópera prima de la joven directora se inscribe dentro de una tendencia mundial, incomprendida por cierta crítica y a la postre aceptada como una forma válida de reconstruir pequeñas historias íntimas, de gran calado universal.

Además, se trata de un movimiento encabezado por chicas, quienes buscan ejecutar proyectos de catarsis en primera persona. Las tildan de egocéntricas, arrogantes y demasiado ombliguistas, por fabricarse trajes a la medida, biografías autoindulgentes. Pero en realidad el género merece una atención, una comprensión diferente, acorde a las experiencias e inquietudes de las generaciones de relevo.

Así, hemos de rescatar algunas joyas del grupo: la pionera Los rubios de Albertina Carri, la vanguardista Elena de Petra Costa y la hermana mainstream del conjunto, Stories We Tell, nominada al premio de la Academia.

A la zaga de ellas, Nikkei supone una de las agradecidas rarezas de la cartelera de 2015. Combina humor, tragedia, drama, ensayo, poesía y prosa, con honestidad y soltura.

Kaori emprende una odisea, de Tokio a Perú y de Lima a Venezuela, con el objetivo de recomponer las fichas de su rompecabezas, y en paralelo, indagar el verdadero trasfondo de su linaje mutante, posmoderno.

En efecto, la estética de Nikkei sublima la voluntad híbrida de su mensaje ético al fusionar texturas, formatos, sabores, planos y técnicas divergentes de la escuela alternativa. De ahí su posibilidad de emparentarla con una tradición documental de reflexión antropológica, a la manera de Tokio-Ga (homenaje de Wenders a Ozu) y Sin sol de Chris Marker.

Como plus, los encuadres, las entrevistas, los segmentos animados, las voces en off y los acordes musicales terminan por configurar un collage audiovisual de dimensión lírica, próximo al lenguaje del videoarte. 

Superando las barreras del idioma y de la intolerancia, Nikkei es un diario, un álbum de fotos caseras, un haiku, una expedición, un retorno al origen. Ejemplo de cine austero de calidad.

Cachetazo a los despilfarradores de dinero ajeno, de los subsidios, de los presupuestos inflados, condenados al olvido de una gaveta.

El exilio, la inmigración y sus paradojas. Temas de completa vigencia.

En suma, Kaori, con un equipo de absolutos desconocidos, le propina un baile, una goleada al dream team de Angelina Jolie.

De cuando las termitas les ganan la partida a los elefantes.

De las ramas a las hojas, un tallo de libertad se erige en la pantalla criolla.