• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

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Sergio Monsalve

Todo por la corona (de espinas)

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El Miss Chocozuela fue la máxima parodia de nuestros concursos de belleza, hasta que el gobierno censuró a RCTV y lo sacó fuera del aire.

En la historia del cine contemporáneo, varias películas le dedicaron un desmontaje al tema bajo el patrón de la comedia de enredo y el melodrama de denuncia, como el caso de Pequeña Miss Sunshine, Mis Bala, La Guerre des Miss, Miss América, Muérete, bonita y Miss Congeniality. El grueso de la lista puede advertir la presencia de un incipiente subgénero audiovisual.

Sin ir demasiado lejos, la industria nacional también tuvo sus aproximaciones a la tendencia a través de dos títulos: Puras joyitas y El tinte de la fama, abocados a exponer las luces y sombras de los ideales vernáculos de ascenso, gloria y búsqueda de reconocimiento, a costa del menor esfuerzo.

Tampoco debemos pasar por alto el precedente regionalista de Joligud, un filme de culto sobre las esperanzas frustradas de una chica zuliana con aspiraciones de convertirse en una estrella de la meca. Pero el sueño deviene en pesadilla y el contexto de El Saladillo sufre las peores consecuencias. Fue como la modesta versión nacional de Bienvenido Mister Marshall.

En el mismo sentido, acusamos recibo del estreno de 3 Bellezas, dirigida por el bloguero, periodista y cineasta Carlos Caridad Montero, de origen marabino, ganador del Festival Manuel Trujillo Durán y con un largo recorrido por los principales certámenes del mundo.

Irrumpe en el campo del cortometraje, gracias al éxito local e internacional de Tarde de machos, cuya impactante fotografía en blanco y negro le reporta la estima y la consideración de la crítica.

Posteriormente, acomete la creación del trabajo de no ficción Maracaibo con vista al lago, un acucioso y digno retrato de los contrastes de la ciudad de la gaita, el puente, el calor y los patacones.

Después viene el turno de su segmento para el díptico Bloques, patrocinado por la Villa. Ahí lo notamos menos suelto, menos espontáneo y atado a los vaivenes de un proyecto de encargo, a la postre cuestionado por los entendidos.  

Tras un período de ausencia de las pantallas, el autor regresa a las salas del país para quitarse una espinita de encima y recuperar la esencia de su obra, signada por un enfoque tragicómico de la realidad.

3 Bellezas supone una lectura humorística y oscura de un típico cuento de hadas y princesas, a lo Disney.

A su favor, cuenta con el encomiable manejo del lente y de la cámara por parte de Alexandra Henao, quien le brinda a la puesta en escena el aura de una irónica postal retro, subvertida por la naturaleza sarcástica del guión.

De forma consciente, todo se ve y se palpa como lo afirma uno de los personajes de la cinta: como una flor de plástico (porque nunca mueren o se pudren).

Aún así, la obra se ocupa por develar el artificio del reinado de las apariencias, de los simulacros estéticos de las cirugías, la selección darwinista de las candidatas a reinas, las operaciones quirúrgicas del valle de la silicona.  

Mérito del libreto el hecho de desdibujar y satirizar el templo de la vanidad y la banalidad del mal, fundado por zares de dudoso gusto y una involuntaria concepción eugenésica del cuerpo humano (bofe o lomito).

Es la patria confundida por la imagen y nublada por la máscara de la juventud por siempre. Empezamos, entonces, a discriminar y a uniformar al colectivo, alrededor de íconos, modelos y promesas del look, el fashion, la publicidad, el fitness. La república como una extensión del ombligo de Diosa Canales.

Una de las virtudes de la pieza radica en la soberbia actuación de Diana Peñalver en el papel de Perla Camacho, la madre dominante y protectora de una familia disfuncional. Ella pretende instrumentalizar a sus hijas para cumplir sus fantasías, sus utopías fallidas.

Desde niñas les enseña los rigores y los sacrificios de la servidumbre voluntaria. Las somete a dietas estrictas, las vigila y las mueve como las marionetas de un pequeño teatro del horror.

Cierta moralina se desprende del argumento, del conflicto central. Algunas situaciones y textos lucen un poco impostados. La economía del plano facilita y dinamiza el desarrollo narrativo, aunque a veces peca de unidimensional, frontal, televisivo y teatral.

A pesar de la óptica de la farsa, los secundarios rayan en el límite de la caricatura. La gala del final requería de mayor vistosidad escenográfica.

Sea como sea, la negrura del conjunto despide la función con una nota lúgubre y absurda. Preferimos el tono de la picaresca, en lugar del mensaje infiltrado para condenar a la competencia de egos al calvario de la mutilación.

En síntesis, celebramos la iniciativa de 3 Bellezas para incentivar un debate necesario e ineludible.

La corrupción de las almas, la deshumanización de una nación, obsesionada por el mito del bienestar físico. Una de nuestras tapaderas, de nuestras pantallas de lo kitsch. Ramillete de la cursilería interpretado por la canción “Llevo tu luz y tu aroma en mi piel, y el cuatro en el corazón”. Himno entonado por la demagogia oficial y desacralizado por Caridad en 3 Bellezas.