• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

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Las claves de El despertar de la fuerza

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Varias imágenes definen el andamiaje semiótico de Episodio VII. Por razones de espacio no podemos citarlas y analizarlas todas. En consecuencia, nos abocaremos a comentar algunas de las más sintomáticas y alegóricas.

La primera secuencia describe la invasión destructiva de una aldea, situada en el desierto. Al ver el horror de la masacre, un stormtrooper decide desertar y a la postre unirse a la resistencia. Es de origen afrodescendiente.

Desde el prólogo, la película vuelve a introducir una carga política de contrabando, herencia de la casa.

Ante nuestros ojos desfila una síntesis del cine pacifista post once de septiembre, como secuela de las campañas bélicas de Bush y Obama en el medio oriente. El mensaje se expone de manera sutil y discreta. Parte de la declaración de principios del director de la pieza, J.J. Abrahams, respetuoso de su audiencia y consciente del estado actual de las cosas.

La segunda escena también despierta innumerables fuerzas metafóricas. Una joven deambula en medio de un paisaje ruinoso y xerófilo. Simbología western tributaria del legado fordiano, revisitado por George Lucas a lo largo de su saga.

Las hermosas panorámicas aluden a la estética distópica, retrofuturista y postapocalíptica de la trilogía fundacional. Así aflora la sensibilidad neoclásica del realizador, entre el homenaje nostálgico, la marca del reciclaje posmoderno y el guiño deconstructivo.

En paralelo, la protagonista sobrevive rescatando chatarra y canjeándola por alimento en un mercado negro. Precisamente, ella y el soldado en fuga escapan juntos del terreno baldío, azotado por los forajidos del trueque y las amenazas de los fantasmas del lado oscuro, al echar a andar un trasto viejo, una nave encallada y abandonada.

Entonces el Halcón Milenario resucita como el ave fénix y el público celebra la gesta con una ovación cerrada.

La acción parece simple y carente de atributos. Pero contiene y resume las claves del trabajo de reconstrucción del autor del emblemático artefacto audiovisual, ensamblado como reboot, spin off yremake al mismo tiempo. De ahí las quejas, justificadas o no, de ciertos críticos del desencanto épico.

De forma inútil, le piden peras al olmo.

Suficiente con retomar dignamente el hilo de un discurso averiado y oxidado, bajo la presión de los fanáticos, de los inversionistas y de los productores de Disney. ¿Qué esperaban, una salida Tarantinesca, un ejercicio riesgoso y desesperado condenado a la inmolación? Se equivocaron de sala. Desconocen la historia de la franquicia y olvidan la esencia del creador de la cinta, un alumno aventajado y discípulo de los Jedis de la meca, a quienes admira, reinventa, replica y zarandea a su modo irónico, como buen hijo de la cultura pop con complejo de Edipo.

Lúdico y parricida, el filme juega a gastarle bromas a sus fuentes de inspiración, mientras les clava una estocada mortal a los íconos de la serie.

Cómplices de la estrategia de subversión gradual, las figuras de la vieja escuela regresan en un plan relajado y distendido, prestos a la chanza y al humor autoparódico, dadas las condiciones de su aura mitológica. Asumen el papel de guías y mentores de la odisea espacial, con madurez y picardía. La experiencia les permite enseñarle el trasfondo de la rebeldía a la generación de relevo, encabezada por un multiétnico reparto de jóvenes estrellas.

Finn y Rey hacen una pareja ideal. Oscar Isaac dota de credibilidad a su rol de líder de la resistencia.

Por las filas del Dark Side, ocurre un problema de descompensación. El villano es perfecto, Kylo Ren, un meritorio sucesor de Darth Vader. Lamentablemente, lo rodean criaturas prescindibles de un pobre CGI y estirados lugartenientes de caricatura. Grasa sobrante del elenco y el guión. El libreto remeda y calca argumentos explotados por las anteriores entregas. Las batallas cumbres, los duelos con sables laser, los plots, las situaciones familiares, los derroteros predecibles del final. Son los puntos endebles de la estructura de la función.

En descargo del resultado, el epílogo silencioso augura una continuación a la altura de las virtudes y aciertos de El despertar de la fuerza.

El Imperio ahora lleva por nombre Primera Orden y asoma una relectura neonazi de los regímenes totalitarios contemporáneos. La insurrección general de Solo y Leia nos invita a combatirlos.

Temas para profundizar y valorar en los próximos capítulos tanto de Star Wars como de nuestrodevenir inmediato.