• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

Ante el cierre de fronteras

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Las promesas de la globalización no se cumplieron. En teoría, el comercio, la inversión y el intercambio de bienes fluyen entre las diferentes naciones (salvo las excepciones de las economías quebradas y aisladas como las de Venezuela).

Paralelamente, el orden mundial levanta barreras, linderos y muros para impedir el libre tránsito de los seres humanos. Así vivimos en la llamada, por Umberto Eco, pesadilla de la fragmentación y balcanización del territorio.

De África parten hombres hacinados en barcos improvisados con rumbo a Europa. Muchos mueren en el trayecto. Si corren con suerte, llegan a su destino. Pero la crisis y las políticas del populismo radical los condenan a un futuro incierto de clandestinidad, trata de blancas, pobreza, discriminación y deportación.

De tal modo, implosionan los fenómenos xenofóbicos de partidos de derecha y figuras conservadoras como Le Pen y Donald Trump, cuyos discursos envuelven una calculada retórica nacionalista.

Sin ir demasiado lejos, el supuesto presidente progresista, Nicolás Maduro, aplica la misma receta en la actualidad al decretar el cierre de la frontera con Colombia. Un vulgar pote de humo para reforzar el patriotismo interno, buscar chivos expiatorios en el vecino país, justificar la desastrosa gestión de gobierno, intentar subir en las encuestas.

Ergo, en la izquierda venezolana también anida el germen maligno de la reacción. Todo ello viene a cuento por el estreno de la magnífica película La jaula de oro, la perla de la selección oficial del Festival de Cine Latinoamericano. Ganadora de innumerables premios, laureles y reconocimientos. Aclamada por la crítica. De imprescindible visionado. La obra maestra de Diego Quemada Diez resume la urgencia, la vigencia, la contundencia y el impacto de la nueva ola de origen azteca, plena de diversidad temática, estética y conceptual.

Dentro del grupo, la pieza se adapta a la corriente del minimalismo verista, seco, sórdido y próximo al lenguaje de la no ficción, del falso documental con actores no profesionales. Es el caso de títulos emblemáticos de la generación de relevo como HeliParque Vía y Después de Lucía, alabados por los comisarios y curadores de los principales certámenes. Cuestionados por su morbo exacerbado, etnocéntrico y cómplice de la explotación de la miseria ajena. Dividen la opinión. Despiertan polémica. Encienden el debate. No pasan inadvertidos. Punto a su favor.

La jaula de oro destaca por encima del promedio de la tendencia, por diferentes razones. Cuenta, con ritmo y precisión, el drama de tres jóvenes guatemaltecos, quienes emprenden una odisea a pie y en tren, a fin de cruzar la franja limítrofe de Estados Unidos.

Durante el camino descubrirán múltiples obstáculos, adversidades, amenazas y peligros (secuestradores, mafias, narcos, policías de lado y lado, francotiradores).

El guión describe la ingenua desesperación de los chicos, a través de una mirada contemplativa, poética, respetuosa y presta a la dignificación de los personajes, víctimas de unas condiciones hostiles y de unas ilusiones inalcanzables (evaporadas mediante el desarrollo del metraje).

Expone secuencias duras (asesinatos fríos, extorsiones, raptos) y a la vez entrañables (gestos de solidaridad, ánimo de superación, bondad espontánea, afecto, sacrificio ante el dolor de los demás compañeros de ruta).

La fotografía brinda momentos de respiro y admiración del paisaje. La cámara registra la tragedia de los espacios y los tiempos muertos. El viaje transforma a los protagonistas y a los espectadores. Mérito del realizador.

La celebración de una fiesta humilde garantiza un sano instante de distensión y alegría. De resto, las concesiones son suprimidas por el naturalismo árido e implacable del relato (salvaje). La civilización es una quimera, como el sueño americano.

Desenlace abierto, lleno de abstracción, lirismo, pesimismo, madurez y lucidez. A la lista de 2015.