• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

Al instante

El cementerio de DC Comics

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El primer blockbuster del año llega en un momento álgido de la geopolítica internacional, conmocionada por los ataques a diferentes puntos neurálgicos del planeta.

Batman vs Superman engloba los temores, las fobias, los dilemas éticos, los conflictos estéticos, las aflicciones y las esperanzas del mundo posterior al 11 de septiembre.

La película empieza con una recreación de la caída de las dos torres y adopta un tono distópico, desde su extraordinaria sección de créditos.

Vista la ecuménica recepción negativa de la cinta, no perderemos el tiempo redundando sobre lo mismo, las fallas estructurales y conceptuales del filme (un villano sobreactuado, un caos argumentativo generalizado, unos brochazos gruesos, unas salpicaduras de sentimentalismo barato, una enorme porción de solemnidad calcada de Nolan, un desarrollo previsible, un innecesario parlamento explicativo, un monstruo de plantilla de CGI, un desafortunado diseño gráfico de Aquaman, un romanticismo de cartón piedra, una profunda melancolía ortopédica, etc).

Preferimos destacar los aciertos de la nueva película de Zack Snyder en el marco de la delicada agenda contemporánea.

Varios tópicos analizados por la trilogía de El caballero oscuro vuelven a ser plasmados y revisados por el imperfecto largometraje del director de 300: el crepúsculo de los dioses de la cultura pop, el declive moral de los guardianes de la galaxia, el exceso en la administración de un poder absoluto, el doble rasero de los encargados de impartir justicia, la tensión bipolar, el nihilismo, la crisis, el existencialismo, la degradación del complejo militar industrial y la muerte de un cierto espíritu mesiánico.

Curioso, además, porque el estreno del tanque coincide con el recrudecimiento de las luchas intestinas entre el Partido Demócrata y el Republicano, para escoger al sucesor de Barack Obama.

En un año de fuertes debates de campaña, el acontecimiento audiovisual de la temporada cabalga sobre las ideas y conceptos de la contienda electoral. El guion esboza el paralelismo y lo expone de manera subrepticia.

Dos ídolos rotos se enfrentan, cada uno apoyado por una sólida base de fanáticos, movidos por los hilos de viejos resentimientos, heridas mal curadas y la cizaña de una red de conspiraciones esquizofrénicas, impulsadas por un joven emperador de la corrupción corporativa. Clásico Mad Doctor en fase de caricatura geek de un niño prodigio de la tecnocracia posmoderna, de la red social. Los tres ejes del libreto.

El superhombre de masas atraviesa por un sintomático estado de depresión, afectado por la culpa, el descrédito, la condena colectiva y el prejuicio ante cualquiera de sus actos.

La historia describe su vuelo de Ícaro, hasta tocar fondo. Es el viaje del héroe, pero en modo zombie. La kriptonita lo debilita, lo arruina y lo sepulta. Quiere hacer el bien, sin importar el precio de la hazaña. Cobra caro por la imprudencia de sus faenas de salvataje. Destruye edificios y siembra un reguero de daños colaterales. Encarna las paradojas de la lucha contra el terrorismo.

Otro tanto le sucede al álter ego de Bruce Wayne. También le resulta incómoda su posición de vigilante nocturno. Sufre diferentes traumas y carga la capa con hastío. Se considera un criminal y procede como tal, al margen de la ley. Tortura y viola derechos en la consecución de sus objetivos. Lo atormentan pesadillas recurrentes (trasladadas a la pantalla de forma desigual).

Desea redimirse, eliminando al causante de parte de su desdicha, mister Clark Klent, alias Ka-El. Ahí se cifran las expectativas del argumento.

En el medio de los colosos, el instigador de la batalla. Un Lex Luthor pasado de rosca, urgido de un mejor intérprete. Única figura prescindible del casting. Aun así, el personaje cumple con el propósito de terminar de anclar el conflicto de la trama. Despliega los rieles del choque de trenes. Utiliza a Ciudad Gótica y a Metrópolis como la arena de su circo de gladiadores. Planea dividir para reinar.

El desenlace ofrece un discurso ambivalente, rayando en lo condescendiente. Reconcilia a los aparentes rivales en pos de alcanzar la misión común, derrotar al auténtico enemigo, secundado por un engendro estereotipado. Irrumpe la Mujer Maravilla. El cuadro se completa en la estrategia de DC Comics por competir en la liga de Los Vengadores de la Marvel.

Uno de los héroes se sacrifica por la preservación del sueño americano. Aunque no tardará en resucitar.

El sacrilegio de liquidar al apolíneo defensor de la paz se suspende a último minuto. Pues de ello depende la estabilidad de la franquicia.

Los militantes de Donald Trump y Hillary Clinton acusan recibo del mensaje de autocrítica y complacencia populista.

El infierno agita a los demonios del presente. El paraíso del futuro radica en la unión. ¿El espejismo demagógico de costumbre? ¿Los típicos problemas agudos despachados con preceptos de manual?

Saque usted la conclusión.

Mención aparte para los destellos de genialidad en los apartados técnicos de la música, la edición y la fotografía.

Los efectos especiales, los textos declamados y las acciones cliché merecen pulgares abajo.

A pesar de las quejas de los comentaristas de oficio, la taquilla responde y reporta beneficios.

El público reclama y exige la catarsis frente a la ausencia de sentido, de orientación, de norte, de destino.

El mercado capitaliza la angustia.

La ley del Hollywood amplificado.