• Caracas (Venezuela)

Sergio Monsalve

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Sergio Monsalve

En busca del arca perdida

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En Take Shelter un hombre sufre pesadillas apocalípticas. La película es metáfora de las paranoias contemporáneas.

El protagonista vive sumido en la alienación. Construye un refugio para albergar a su familia. Pero la tormenta solo acontece en la cabeza del personaje principal. El filme supone una lectura heterodoxa de los relatos clásicos. 

Inundado por la fobia del cataclismo y el fin del mundo, Hollywood produce la cinta 2012, una sátira de alto presupuesto sobre el colapso ecológico del planeta Tierra. En ella, nadie se salva de recibir un buen golpe de timón. El humor la redime.

Muy por el contrario, llega a la cartelera la pieza más reciente de Darren Aronofsky, Noé, sumida en el espiral del lenguaje solemne y kistch.

El realizador sucumbe a las tentaciones de la industria, al dejarse llevar por la corriente de la cultura mainstream. 

La masa de agua devora la personalidad del autor, diluida entre las capas del guión melodramático, los efectos especiales y las imágenes del reparto de estrellas.

El libreto aborda la historia de una forma literal y maniquea, aunque se pretende iconoclasta.

La trama justifica la purga de los pecadores. La civilización debe renacer con Russell Crowe, Jennifer Connelly, Emma Watson y compañía.

La escala de grises tiende a naufragar hacia el desenlace, cuando tiene lugar una curiosa pelea de vaqueros o de piratas en alta mar (al estilo de El luchador).

Las lágrimas y los gritos lindan con el folletín de las tragedias decimonónicas.

Aun así, la vena del director sale a flote en la construcción de un discurso paralelo al desarrollo cronológico de las acciones. Cada flashback animado supone una ganancia intelectual y estética para el espectador.

De acuerdo con el mensaje subyacente, la violencia determina la corrupción del alma humana desde el enfrentamiento de Caín y Abel. Entonces la pantalla despliega una denuncia de la intolerancia en formato 3D. Ahí se sacude la consciencia de los instigadores de las guerras de ayer y de hoy.

De igual modo, el pasaje de la creación del universo es puro colirio audiovisual. Sin embargo, levanta ronchas en los corrillos académicos y científicos (por no hablar de la defensa de la tesis del pueblo elegido).

Darren Aronofsky siempre despierta polémicas. De Réquiem por un sueño a La fuente, lo acusan de moralista y políticamente correcto. Los críticos prefieren sus trabajos de menor presupuesto como Pi.

Cisne negro sería su consagración en los corrillos independientes de la academia (artie).

Noé le permite incursionar con éxito económico en el campo de los pioneros del género épico, a la zaga de Cecil B. DeMille.

No obstante, su costado pesimista corre riesgo de ceder espacio ante las demandas del mercado de consumo. 

Verbigracia, aquí vuelve a complacer los designios de los creadores de consenso.

Plasma el esperado final feliz, bajo una determinada orientación religiosa. Augura un futuro promisorio, después de la crisis. Coquetea con el lado blando de los cuentos infantiles, diseñados por los ordenadores de Disney. 

Ilustra viñetas como estampas digitales de corte esotérico. Le hace un guiño a los fanáticos de Harry Potter, Percy Jackson y Crepúsculo. Hermione es el centro del deseo. Gladiador sigue siendo el héroe mesiánico de las especies en extinción. El villano parece sacado de un fotograma de Conan, el Bárbaro.

Fuera de ello, conviene tomársela con calma.

La capacidad de resumen no es atributo de las propuestas grandilocuentes de la temporada.